Desaparece el muro en forma de proa de los jardines de Piquio tras dos años de obras que han costado el doble de lo presupuestado
Los Jardines de Piquío de Santander se han inaugurado este viernes, tras casi dos años de obras de renovación y una inversión de 2,3 millones de euros, el doble de la cantidad prevista inicialmente. “Una obra de la que me siento orgullosa”, ha subrayado la alcaldesa de Santander, Gema Igual. Tras el sobrecoste, la paralización de las obras durante el verano pasado, el último retraso para abrirlo al público ha sido que las flores de los parterres llegaron más tarde de lo previsto desde Holanda. Además, a pesar de que la reforma se inició en noviembre de 2024, todavía faltan de instalar seis bancos.
La reapertura de este espacio icónico entre las playas del Sardinero ha provocado alguna polémica. Lo que en principio iba a ser una simple restauración y limpieza ha ido un paso más allá con la retirada del muro cerámico en forma de proa que desde los años 80 formaba parte de la iconografía de este jardin. El Ayuntamiento de Santander justifica la retirada de la obra del escultor torrelaveguense Víctor González en el hecho de que la reforma recupera el diseño original de 1925. Según el arquitecto municipal “desvirtuaba esa idea de trasatlántico”.
En cualquier caso, y respecto a la desaparición del muro cerámico Gema Igual ha dicho que se ha hecho una recreación en 3D “por si se quiere recuperar en el futuro”, lo que da a entender que se ha destruido la pieza original, aunque ésto no ha sido precisado.
Las redes sociales han reaccionado poniendo en circulación una fotografía de los años 80 en donde los jardines, notablemente más frondosos y arbolados, ofrecen un aspecto muy diferente del actual, donde prima el cemento, y que cuestiona la recuperación del aspecto que antaño presentaban. Tampoco es igual el color azul del suelo que aunque no era el original del proyecto fue elegido hace unos meses por votación popular. También hay cierta polémica sobre el resultado final. Vox dice que no es el mismo azul que decidieron los ciudadanos, que tiene un tono más grisáceo.
En paralelo, no siquiera tienen exactamente el mismo aspecto las barandillas, que han tenido que reforzarse con una malla de seguridad después de que el Ayuntamiento haya pedido, sin éxito, al Gobierno de Cantabria que las declare Bien de Interés Cultural para evitar que pudiesen ser modificadas.
“Está igual, pero nuevo y muchísimo más bonito”, ha destacado la alcaldesa, Gema Igual, que ha subrayado que se trata de un día “muy importante” tras poner fin a unas obras que eran “necesarias”, dado que el pavimento y los bancos se encontraban donde en “mal estado” y con motivo del “deterioro” de las barandillas y la jardinería por el paso del tiempo.
Así, a medida que avanzaron las obras, hubo que adoptar “nuevas soluciones técnicas” ante circunstancias que se conocieron al levantar el pavimento. Ha detallado que al comenzar los trabajos se comprobó que las raíces de los árboles ocupaban una superficie “mucho mayor” de la prevista, por lo que hubo que cambiar el pavimento de hormigón, que hubiese supuesto “un riesgo” para el patrimonio vegetal, por el asfalto fundido, que requiere de una menor excavación, evita compactaciones agresivas, protege las raíces y favorece la respiración del terreno.
También el picudo rojo afectó a dos palmeras, de las que una se retiró y la otra se pudo salvar.
Además, se han restaurado muchos elementos artísticos, como la bola del mundo, la mesa zodiacal, la pérgola o la fuente Lavapiés.
Asimismo, se han instalado farolas, como en el proyecto original; y nuevos servicios de alcantarillado, de saneamiento, drenaje, riego y mobiliario urbano; se ha procedido a la restauración artesanal de más de 8.000 cantos rodados, se han eliminado especies invasoras y se ha retirado el kiosco de la entrada.
De momento, durante dos semanas todavía alguna zona permanecerá acotada hasta finalizar completamente la reforma.
El arquitecto que ha supervisado la obra ha sido el nieto de Ramiro Saiz Martínez, quien diseño los Jardines de Piquío en 1925, para que fuese “acorde y fiel” al proyecto.