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El feudo electoral del PP en Santander se revuelve contra la gestión municipal: “Somos un incordio”

Obras en la Primera playa de El Sardinero, en enero de 2026.

Elsa Cabria

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“Lo de las barandillas me parece una cosa… El Sardinero es la imagen de la ciudad, ¿cuántas personas pueden llegar a pasear desde el hotel El Chiqui hasta la curva de La Magdalena en verano? Se apoyan para mirar el mar y ponen las manos y se les pueden llenar de óxido”. Álvaro Blasco describe las barandillas que recorren la zona más señorial de Santander, sentado en una terraza cercana de la calle Joaquín Costa, donde le saludan sin parar.

Es abogado, dueño de un bufete con sede en Madrid y Santander y vecino de El Sardinero, aunque vive entre ambas ciudades. Blasco lleva dos pulseras: una que pone Sardinero encima de otra con la bandera española. Es vicepresidente de una plataforma que se constituyó a mediados de 2025. Una organización que, a priori, parecía improbable en Santander: la Asociación Ciudadana en Defensa de El Sardinero (ACDS).

El nacimiento de la asociación podía resultar insólito porque está en el bastión más acaudalado y feudo electoral del Partido Popular, El Sardinero, emblema turístico y zona residencial, donde la renta media por familia oscila entre los 83.000 y 115.000 euros brutos anuales y la suma del voto a la derecha, entre PP y VOX, supera supera el 80%. Pero es que no es la única agrupación nueva en la zona: en el mismo año, aunque fue constituida un poco antes, surgió la Asociación de Vecinos de El Sardinero.

Parte de la junta directiva de la Asociación en Defensa de El Sardinero: de izquierda a derecha, Antonio Bello, secretario; Verónica Revilla, presidenta; Pablo Coto, vocal; Álvaro Blasco, vicepresidente.

La ACDS y la Asociación de Vecinos de El Sardinero, en realidad, defienden las mismas cosas: la accesibilidad, la iluminación, los drenajes, los edificios históricos, el arbolado o las barandillas históricas que recorren el paseo de la playa, por decir varios ejemplos, pero una es una plataforma abierta a toda la ciudad y la otra es exclusivamente vecinal.

Por su lado, la ACDS nace de lo que consideran “el abandono y la dejadez” de El Sardinero. ¿Desde cuándo perciben ese abandono? “Desde hace siete, ocho, nueve años”. Ese tiempo coincide con el tiempo que lleva al frente del Consistorio la alcaldesa, Gema Igual (PP), que cumplirá próximamente diez años en el cargo. Blasco asiente ante la apreciación.

“Debemos ser molestos”

Blasco defiende que en su agrupación están representados todos los partidos políticos —su presidenta, Verónica Revilla, fue en las listas a la Alcaldía por el PRC—. Subrayan que puede asociarse gente de otros barrios o que viva en otras ciudades o países. “Porque El Sardinero es de todos, pero en el momento en que no se nos permite asistir a consejos de distritos, por no ser asociación vecinal, eso significa que debemos ser molestos”.

El Sardinero cuenta con su propio Plan Especial de protección del patrimonio. En origen, en el siglo XIX, fue el gran proyecto del comerciante Juan Pombo Conejo, el primer Pombo de la saga en Cantabria, apoyado por dos de sus hijos y varios empresarios locales. Entre mediados del siglo XIX e inicios del XX, levantaron en un enorme terreno virgen y deshabitado, una zona de hoteles y fondas, con tranvía. Ahí, en la península de La Magdalena, se construyó un palacio real. Fue destino muy puntual de Isabel II y de Alfonso XII y más habitual en los veranos de Alfonso XIII y de la nobleza.

La construcción de hoteles y mansiones reconfiguró una zona que, en el imaginario colectivo, hoy va desde el hotel Chiqui en un extremo hasta el inicio del paseo Reina Victoria y, para esta asociación, también sube hasta el Alto de Miranda. Ha sido y es de las zonas más cuidadas de la capital, si no la que más, en una ciudad que siempre ha votado PP en inmensa la mayoría de sus barrios.

En las calles de El Sardinero, el voto al PP en las últimas elecciones fue aplastante. Así ha sido siempre. Por eso, y por ser una zona residencial nada dada a la protesta, el surgimiento de la ACDS resulta mucho más que anecdótico. En su primera nota de prensa, en julio de 2025, escribieron: “El Sardinero dice basta: Exigimos soluciones reales y participación vecinal”.

Las obras de los históricos jardines de Piquío, que dividen las playas Primera y Segunda de El Sardinero, fueron —según Blasco— el detonante de que surgiera la asociación. El año pasado, el Ayuntamiento convocó una consulta popular para decidir si el suelo de los jardines va a ser negro o azul. Votaron 864 personas. Ganó el azul. Pero las obras siguen pendientes de acabarse después de sucesivos retrasos y paralizaciones.

La calidad de vida de El Sardinero

Además de Piquío, la ACDS ha criticado la decisión de demoler el hotel París, construido en 1903, las inundaciones por la falta de drenaje o la obra de la plaza de Italia —cuyo nombre rinde homenaje a los militares fascistas italianos que apoyaron a Franco—. Dicen en su asociación que defienden los valores de El Sardinero, entonces surge la duda de a qué valores se refieren y responde Blasco: “Los valores, sobre todo, son la calidad de vida de los vecinos, que cada vez es peor: cada vez tenemos menos higiene, más ratas, más inundaciones, se caen los árboles y la iluminación es deficitaria”.

Obras inconclusas en los Jardines de Piquío, en Santander, en enero de 2026.

“¿Ves ese clochard?”. El que pregunta, señalando a una persona sin hogar en los bajos de la Primera Playa, es Pablo Coto, catedratico de Economía, asturiano de nacimiento, vecino de El Sardinero desde 1992, y vocal de la asociación. “Clochard, ósea homeless, suele haber alguno en los bajos de la playa”. Advierte además de que hay personas que suben al Burguer King, en el Casino, sin camiseta durante los veranos. Mientras, se apresura a agacharse a mostrar unos restos de basura que hay en los bajos que dan acceso a la playa y pide fijar la vista en unos cables al descubierto. “Esto no pasaría si estuviéramos en Marbella o en Florencia o en Bari... Todo es un desastre”, opina Coto.

Imagen de los bajos de El Sardinero, en enero de 2026.

A El Sardinero, en la asociación, lo llaman barrio. ¿Barrio? “Barrio, barrio”, responde Blasco. Por ser la zona que es, dice que su asociación “es un problema” para la alcaldesa Gema Igual “Somos un incordio, otra cosa es que nos haga caso”, dice antes de subrayar que no han pedido reunión con ella, pero sí han estado con el resto de grupos políticos, empezando por Izquierda Unida, y con la concejala de Barrios del PP, con la que mantienen comunicación fluida.

“No somos bien recibidos”

“No somos bien recibidos, ya lo sentimos en nuestra primera reunión con la concejala (de Barrios), que se mostraba molesta, por lanzarnos en notas de prensa reivindicando cuestiones sin hablar con ella primero”, cuenta Coto. Entre Blasco y Coto calculan que son más de un centenar de socios y que la vecindad les pide que arreglen El Sardinero. A la pregunta de si estas recientes críticas vecinales se pueden traducir en una futura pérdida de votos para el PP, Blasco dice que “en cierta medida” sí percibe “cierto cansancio”, a lo que Coto agrega: “Yo más (cansancio) de Gema (Igual), de hecho tenemos gente del PP en la asociación y no la va a votar si se vuelve a presentar”.

La Asociación de Vecinos, sin embargo, mantiene un tono más neutro y dice, por correo, que su papel es “trasladar las necesidades y sugerencias de los vecinos al Ayuntamiento”. Como es lógico, ha tenido reuniones con la alcaldesa, Gema Igual (PP), y también con la responsable de Barrios. Pero la agrupación, que tiene sede en el centro cívico del Mercado de Miranda, rechaza hablar con elDiario.es: “La junta directiva tomó la decisión de no dar entrevistas fuera del contexto de las Asociaciones de Vecinos, para no dar lugar a polémicas innecesarias”.

En el último año, en Santander, han surgido varios colectivos críticos con la gestión de la alcaldesa. “Ha tenido dos legislaturas muy tranquilas, pero en los últimos años se le han abiertos demasiados frentes”, opina Blasco en referencia a la plataforma vecinal 'Salvemos el Mercado de Puertochico' -que se opone a un McDonald's en el mercado de propiedad municipal- y a la plataforma contraria al aparcamiento de autocaravanas de Mataleñas, vinculada a la Asociación de Vecinos de Cueto. Con ambas, la ACDS tiene contacto.

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