Sánchez multiplica los gestos para rearmar la mayoría de la investidura con vistas a los Presupuestos
Pedro Sánchez ya ha dejado clara su capacidad de resistencia con capítulos y capítulos que le permitirían escribir otro ensayo, quizás con el título de Manual de Supervivencia. Dependerá en buena medida de sus posibilidades de agotar, como dice, la legislatura en 2027. Los derroteros pueden ser distintos: hacerlo pese a no tener unos presupuestos en todo el mandato o incluso que se dé la carambola de conseguirlos. En el Gobierno trabajan por el segundo escenario, aunque no ocultan la dificultad, y el presidente se conjura contra el clima de fin de ciclo que sobrevoló a final de año, con extensión de las derivadas de la corrupción y la acumulación de casos de acoso tras la revelación de las denuncias contra el exasesor Francisco Salazar.
Con el clima más adverso hacia su supervivencia política desde que llegó a Moncloa, las advertencias de los socios, entre ellos PNV y ERC, se multiplicaron. Aunque ninguno daba síntomas de pretender dejar caer al Gobierno, ni siquiera el socio minoritario pese a la petición de una remodelación del gabinete que reclamó Yolanda Díaz y que Sánchez ignoró, los avisos sonaban a ultimátum. “O consigue detener la hemorragia o Sánchez deberá plantearse convocar elecciones”, llegó a decir Aitor Esteban.
En Moncloa tomaron nota y han centrado buena parte de sus esfuerzos con la vista puesta en los Presupuestos Generales del Estado que la vicepresidenta y ministra de Hacienda, María Jesús Montero, se comprometió a presentar en las próximas semanas. “La pantalla previa es reagrupar la mayoría de la investidura”, explican fuentes gubernamentales, que sostienen que no van a tirar la toalla.
“Estamos en tomar medidas. Tenemos el poder de gobernar. Vamos a subir el salario mínimo y las pensiones. El tiempo que estemos, vamos a hacer cosas. Pero para hacer cosas hay que reagrupar a esa mayoría”, apuntan esas fuentes, que recuerdan a los socios que, “el día después de las elecciones de 2027, el mejor escenario para la mayoría de la investidura es el actual, que gobierne Pedro Sánchez”. “Ninguno quiere que gobiernen PP y Vox, por el futuro de nuestros hijos, pero también por una cuestión de rentabilidad política”, agregan. “Nos conviene a todos (PSOE, Sumar, PNV, ERC, Podemos y Junts) aprobar los Presupuestos y decirle al electorado: Vótenme para seguir haciendo cosas”, animan en Moncloa: “Cuanto antes volvamos a querernos, mejor”.
Pero también son conscientes de que tienen que arreglar el clima de desconfianza que se ha ido instaurando entre los socios y que tuvo su punto álgido con la implicación del exsecretario de Organización Santos Cerdán en la trama corrupta.
Primero ERC y PNV
Y ahí es donde Sánchez ha ido haciendo gestos en las últimas semanas. El primero fue con ERC, que se ha convertido junto al PNV en su principal baluarte parlamentario. “Más allá de las ruedas de prensa, de las grandes frases, de los videos de TikTok, de las crisis de Gobierno, le pedimos al presidente una reunión directa cara a cara con ERC, en Moncloa o donde quiera, y que nos diga a la cara qué piensa hacer para regenerar su partido y su Gobierno”, le dijo Gabriel Rufián a finales de año. Dicho y hecho.
Sánchez se reunió hasta en dos ocasiones en secreto con Oriol Junqueras y a principios de enero le recibió públicamente en Moncloa para escenificar el acuerdo sobre financiación autonómica que ha generado el rechazo de todas las comunidades, incluidas las gobernadas por el PSOE, excepto Catalunya.
También con el PNV se ha avanzado. Gobierno y Euskadi firmaron el 16 de enero el traspaso de cinco competencias y, prácticamente en paralelo, el lehendakari, Imanol Pradales, advirtió de una “reválida” a Sánchez. Días después ambos mandatarios se reunieron en Moncloa y Pradales se presentó con un listado de “incumplimientos” por parte del Gobierno central. El encuentro se saldó con un compromiso de mantener dos reuniones antes de Semana Santa para concluir la cesión de la gestión de los aeropuertos y la revisión del cupo.
Regularización de migrantes para seducir a Podemos
La gran sorpresa esta semana fue el acercamiento con Podemos, que llevaba gestándose más de tres meses, desde que la formación de Ione Belarra tumbó la proposición de ley para el traspaso de competencias de migración a la Generalitat de Catalunya. Ese era uno de los compromisos alcanzados por Sánchez con Carles Puigdemont y el rechazo fue un argumento más para la ruptura que Junts formalizó a finales de octubre.
El ministro de Presidencia, Félix Bolaños, inició una negociación con Podemos, que en algún momento llegó a ser a tres bandas con la presencia incluso de la portavoz de Junts, Míriam Nogueras, en una reunión para intentar recomponer los puentes. La idea de Moncloa era pactar con Podemos una regularización extraordinaria de migrantes a cambio de que transigiera con la delegación de competencias. La jugada, por el momento, va saliendo, además, porque Junts ha aceptado cambiar el preámbulo de la ley, que para Podemos era “racista”. No obstante, el Gobierno no ha conseguido que culminara con el 'sí' de Junts al decreto del escudo social, que incluye la subida de las pensiones y el Congreso tumbó con sus votos y los de PP y Vox esta semana.
En Moncloa no ven factible la posibilidad de que la “triple carambola” se produzca cuando vuelvan a llevar el decreto y que Junts ceda respecto a la prohibición de los desahucios, que es la excusa para votar en contra. “Ellos consideran que la delegación de competencias es algo que les debíamos. No va a haber negociación”, dicen fuentes gubernamentales. Y así es: era uno de los compromisos del acuerdo de investidura.
Descartan una “triple carambola” por la dificultad con Junts
Por el momento, la relación es complicada, cuando no inexistente, y Junts ha encontrado un nuevo argumento contra el Gobierno en el caos de Rodalies que vislumbra una dificultad más con su antiguo socio, y también con ERC. “En Catalunya tenemos el país colapsado. El sistema ha fallado. Nos ha dicho basta, hasta aquí. Esto va muy en serio. Usted debe dimitir”, le dijo el senador postconvergente Eduard Pujol al ministro Óscar Puente.
El Gobierno trabaja por dar cumplimiento a otras cuestiones pendientes, como la publicación de las balanzas fiscales o la oficialidad del catalán en la UE –de cuyo torpedeo culpan sin ambages al PP por las presiones a gobiernos de su familia política–, como paso previo a intentar recuperar la relación con Junts. La esperanza es que los lazos se recompongan en primavera, cuando se esperan las sentencias sobre la amnistía que permitirían el regreso de Puigdemont.
El calendario es complejo, pero cumplir las exigencias de Junts –y las nuevas imposiciones de otros socios– es la única forma de que a Sánchez le salgan las cuentas parlamentarias para los Presupuestos.
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