Maltratamos más de lo que sospechamos

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Todas y todos solemos tener buena opinión de nosotras mismas. Por aquello de utilizar chascarrillos populares, resumamos así: es más fácil ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio. Nos gusta reclamar nuestros derechos y el respeto de los mismos, pero no siempre estamos alerta ante los derechos de las otras y los otros y, menos aún, cuando es uno mismo el que los está vulnerando.

Tomemos el Día Mundial que se celebra este 15 de junio. Se trata del dedicado a concienciar sobre “el abuso y el maltrato sobre personas mayores”. Y la persona que esté leyendo imaginará situaciones terribles de violencia física o de abandono extremo. También puede superar la amnesia y recordar las 7.000 personas mayores a las que la Comunidad de Madrid dejó morir en las residencias sin dejar que las atendieran los servicios médicos durante la pandemia. Incluso, con un poco de esfuerzo, puede fijarse en la imagen estereotipada y fragilizada de la vejez que sale en anuncios, películas y otros productos de propagación masiva que genera la industria cultural. Pero en esto de los derechos humanos hay muchos grados de violación y todos son importantes.

Cuando hablamos de personas mayores en nuestra sociedad —productivista, edadista, aferrada a la velocidad y a la juventud como valores casi supremos— debemos tener en cuenta los imaginarios que estigmatizan y que provocan maltrato. La infantilización de las personas mayoreas que nos rodean; esa maldita costumbre de tomar decisiones que les afectan sin consultarles porque “es lo mejor para ellas”; ignorar sus opiniones o sus preguntas en la comida familiar; no tener en cuenta algunas de sus necesidades en los espacios públicos y privados (lugares de descanso, acceso a servicios públicos, semáforos con tiempo suficiente para cruzarlos sin ser un atleta de 25 años, letras en los folletos que pueda leer alguien que no cuente con visión 20/20…); actuar en función de esa idea de una persona mayor tiene ‘necesidades’ pero no ‘deseos’; sojuzgar a la persona mayor que mantiene una vida sexual activa y gozosa sin ocultarlo…

La lista es inmensa y está dentro del maltrato que sufren las personas mayores. Muchas veces ni ellas son conscientes de que están siendo maltratadas porque son actitudes edadistas terriblemente naturalizadas. Otras veces, son conscientes pero no lo denuncian ni lo comentan porque parecerían ‘impertinentes’ o ‘mal agradecidas’. Al maltrato, vamos a sumarle una categoría más: la del abuso… Quizá los más extendidos en Cantabria y en el resto del Estado, son los que tienen que ver con dinero, propiedades y finanzas. Entre ellos, quitar el control sobre el manejo de su economía a una persona mayor con capacidades cognitivas suficientes para tomar decisiones autónomas; aprovechar la pensión de jubilación de la persona mayor para financiar deseos o necesidades de terceras personas utilizando el chantaje emocional; presionar para modificar testamentos o para que se vendan propiedades; abusos de comerciales que tratan de ‘colocar’ productos sin la suficiente información o pedagogía, etcétera. 

Esta pequeña lista de vulneraciones de derechos se complica si al edadismo (la discriminación por edad) le sumamos el sexismo (el que sigue discriminando a las mujeres). Las mujeres mayores, que viven más años que los hombres pero que llegan a sus vejeces muchas veces con un inmenso acumulado de desigualdad, son especialmente víctimas del maltrato y del abuso. 

Maltratamos más de lo que sospechamos y solemos ignorar que los derechos de las personas mayores son los mismos que los nuestros. Cuando no los respetamos (todos), estamos maltratando.

Desde UNATE, La Universidad Permanente, y desde la Fundación Patronato Europeo de Mayores (PEM) estamos invitando a que todas y todos nos miremos en el espejo y seamos sinceros. Si lo hacemos, detectamos maltrato (¡Recuerde!: todo lo que no es buen trato es maltrato) y empezamos a modificar nuestras actitudes estaremos dando pasos de gigante para construir una sociedad que respeta y cuida, unas ciudades y pueblos que no maltraten a las personas mayores, un mundo donde quepamos todas cargando la mochila de nuestros derechos.