La obsesión por unos jóvenes que quizá no existen
Segunda presentación de los cursos de verano de una universidad en nuestro territorio y segunda declaración de intenciones similar: buscamos público joven. Siento ser ave de mal agüero, pero puedo predecir un fracaso total o parcial en esta búsqueda del becerro de oro contra la midorexia.
La inmensa mayoría del público de los eventos culturales, de los cursos, de los talleres o de cualquier propuesta que requiera voluntariedad (y voluntarismo) y una cierta curiosidad —más allá del goce o la socialización— está formada por personas mayores y por algunas adultas. Las viejas y los viejos llenan salones de conferencias, aulas de extensión universitaria, salas de conciertos, lugares de exposiciones… No significa que no vayan personas jóvenes, pero son las menos. Lo graves, desde mi punto de vista, es que eso se vea como un problema.
Esta obsesión juvenil refleja, como mínimo un error en la lectura de la sociedad de la longevidad. En Cantabria, sólo el 9,69% de la población tiene entre 20 y 29 años de edad y si sumáramos a todas las personas más jóvenes (por ejemplo, entre 15 y 19 años) no llegaríamos al 15%. Entonces, tenemos mal graduadas las gafas. Digamos que llevamos montura del siglo XXI y cristales que nos retrotraen a los años 80 del siglo pasado. Esta es una sociedad longeva con muchos más personas mayores que jóvenes. Los datos del ICANE, a 1 de abril de 2026, nos cuentan así que el 25,08% de todas las personas que residen en Cantabria tienen 65 años o más y que si sumamos a las que tienen entre 60 y 64 años, llegaríamos al 32,51% de la población.
Así, lo inteligente parecería ser programar pensando en la población mayoritaria sin olvidar a la minoritaria. Sin embargo, el mensaje que se filtra con cada uno de estos anuncios de cursos es que si no atraemos a los jóvenes estamos fracasando. Otro debate sería a qué joven se pretende atraer: ¿al universitario o al que tuvo que o decidió ponerse a trabajar tras superar la enseñanza obligatoria?; ¿al joven que tiene tiempo y recursos para dedicar tiempo extra a la formación y al pensamiento o al que debe trabajar en las noches o los fines de semana para pagar el alquiler imposible mientras estudia?
El tema tiene enjundia y ameritaría una reflexión múltiple que tenga en cuenta la sociedad real en la que vivimos —cuya pirámide demográfica no es peor ni mejor que la de hace varias décadas, simplemente es diferente— y todos los factores que influyen en que muchos jóvenes no se vean atraídos por la programación extracurricular de universidades o por las propuestas diseñadas por personas adultas y mayores que son las que gestionan fundaciones, centros de arte y medios de comunicación. El tema no es cómo atraer jóvenes, sino como generar espacios amables para cada una de las generaciones y, en algunos casos, para todas ellas al tiempo.