Bienvenidos a la segunda residencia (pero con cuidado): la costa cántabra recibe a los vascos que multiplican su población en verano

La apertura de la movilidad entre Cantabria y Euskadi que tiene lugar este viernes trae consigo una avalancha de población vasca con segundas residencias en municipios cántabros costeros como Castro Urdiales, Laredo, Noja o Arnuero, que cada periodo estival ven cómo sus habitantes se multiplican por tres, por cinco y hasta por treinta en algunos casos.

No obstante, este verano tiene la particularidad de que está enmarcado en una pandemia, cuya incidencia se encuentra en este momento prácticamente controlada -tras un periodo de confinamiento y restricciones, y una desescalada que llega a su fin-, pero que trae consigo una serie de cambios en nuestros hábitos de vida que se conocen como la nueva normalidad.

Restricciones de aforos, distancias de seguridad o el uso de mascarillas son algunas de esas nuevas prácticas obligatorias para evitar rebrotes de coronavirus y cuyo cumplimiento “preocupa” a estos municipios de la Cantabria oriental dado el aumento exponencial que experimentará su población a partir de este viernes.

En este sentido, los alcaldes y alcaldesas de estas cuatro localidades, en conversación con eldiario.es, apelan “a la responsabilidad individual” de las personas, tanto de residentes como de turistas y visitantes, para evitar en la medida de lo posible contagios y rebrotes. Así todo, no esconden la necesidad de la llegada de turistas para dar un impulso vital a la economía, que depende principalmente de este sector. Son bienvenidos, pero siempre respetando las medidas de seguridad y prevención.

Susana Herrán (PSOE), alcaldesa de Castro Urdiales, reconoce que se espera “una gran afluencia” desde este fin de semana, en el que es el municipio más próximo a la frontera con Bizkaia. Así todo, recuerda que Castro recibe visitantes y turistas vascos durante los fines de semana de todo el año, pero con “mayor incidencia” en época estival.

“Preocupación normal”

“Tenemos la preocupación normal de saber cómo se va a comportar la ciudadanía en general”, explica, recalcando que la población castreña “se ha comportado hasta el momento con máxima responsabilidad y absoluto respeto ante la situación que estamos viviendo”. “Esperemos que con la apertura de la frontera todo siga así”, sostiene Herrán, remarcando que el Ayuntamiento pondrá “todos los medios a su alcance en materia de seguridad ciudadana y sanitaria”.

Precisamente la capacidad de prestar los diferentes servicios públicos es una de las grandes preocupaciones de estos municipios. Y es que en el caso de Castro, cuenta con 31.000 personas censadas, pero 60.000 viviendo durante todo el año, cifra que asciende hasta 100.000 o 110.000 durante el verano, una realidad que se hace también extensiva, de manera más llamativa incluso, a las villas de Laredo -que pasa de 11.000 a 70.000 o 100.000, según los cálculos- o de Noja, que multiplica por 30 sus habitantes -de 2.500 vecinos a más de 70.000-.

“Esto resulta un problema siempre”, reconoce Herrán, en referencia a las ratios de personal sanitario y Policía Local, a lo que hay que sumar este año los protocolos de actuación y control de aforos en hostelería, comercios y playas. “Tenemos que seguir cumpliendo las medidas preventivas porque esto no ha acabado”, remarca la regidora castreña, que advierte sobre que si se producen aglomeraciones y hay que evacuar una playa “se hará”, tal y como ocurrió hace dos semanas en el conocido como Muelle Don Luis del municipio, zona habitual de baño.

Así todo, subraya que la apertura de la movilidad “repercutirá de manera muy positiva en la economía castreña”. “Estamos encantados de que nos vengan a visitar y conozcan el rico patrimonio cultural, histórico, artístico, gastronómico y medioambiental con el que contamos en Castro Urdiales, ya que somos una ciudad privilegiada”, concluye.

Un sentimiento parecido despierta el fin de las restricciones fronterizas entre Cantabria y Euskadi en Laredo, cuya alcaldesa, Rosario Losa (PSOE), lo vive con “preocupación y con ganas”. “Sí que es verdad que estamos un poco preocupados, pero Laredo es un pueblo turístico y costero que necesita de nuestros vecinos de segunda ocupación, que siempre hemos tenido, y que son necesarios para dar vida a nuestra economía”, explica.

Losa pone sobre la mesa también la importancia de la “responsabilidad individual” porque “nos tenemos que echar una mano todos”. Sobre los servicios públicos, la regidora asegura que “siempre han estado a la altura” y remarca que Laredo cuenta con un hospital comarcal y un centro de salud, así como el hospital de Valdecilla “a tres cuartos de hora en coche, misma distancia que al de Basurto en Bilbao”.

Noja es otro de los históricos municipios de 'veraneo' para vascos. Su alcalde, Miguel Ángel Ruiz Lavín (PRC), afronta la apertura de fronteras “con mucha cautela”. “Necesitamos imperiosamente que vengan turistas, no vamos a negar la evidencia, pero que vengan con responsabilidad, respeto y solidaridad”, sostiene el regionalista.

Y es que, según detalla, el Ayuntamiento pondrá a disposición de los vecinos, visitantes y turistas “todo lo que esté en nuestras manos y que sea de nuestra competencia”. “Los servicios públicos no se verán desbordados, pero sí hemos trasladado a la Consejería de Sanidad y a la Delegación de Gobierno la intranquilidad y la precaución que tenemos para que Noja pueda ofrecer un servicio de calidad pudiendo pasar de puntillas por este virus que nos va a acompañar todo el verano y que ha venido para quedarse”, reconoce.

“Más medios”

Finalmente Arnuero, municipio que abarca entre otras la localidad de Isla, es otro de los que recibe gran cantidad de turistas del País Vasco. Su alcalde, José Manuel Igual (PP), hace hincapié en que afrontan la llegada de turistas “como siempre, pero primando la salud”. “Apelamos al civismo de las personas, a los que vienen y a los que están, para que no haya un rebrote”, resalta, señalando que tiene que haber un equilibrio con la economía, pero con la salud “por encima de todo”.

Igual reclama “mas medios para los ayuntamientos”, algo que ha trasladado a la Federación de Municipios de Cantabria -de la que es miembro- y a la organización nacional, puesto que es la administración que ha afrontado la pandemia “con medios propios” y “no ha recibido ni un solo euro fuera de los presupuestos generales”.

“Se está hablando, y me parece bien, de dinero para el Estado y para las comunidades, pero falta la tercera pata del banco, los ayuntamientos, los que prestamos los servicios, los que estamos encima de la gente, los que hemos ido por las casas repartiendo alimentos y mascarillas, y en el día a día con los vecinos”, recuerda.