Pedro Sánchez y el lobo
En el peor momento, las peores decisiones. Pedro Sánchez se está metiendo él solito en la boca del lobo, y al país cogidito de su mano. En la tormenta perfecta provocada por una guerra, una pandemia, un colapso energético y una crisis sistémica, el presidente nos dice que aguantemos el chaparrón hasta final de mes porque él no abre el paraguas hasta que se lo diga Europa. Como si Moncloa no pudiese hacer nada sin permiso de papá Bruselas. Los precios, la luz y el gasóleo están por las nubes, el campo, el mar y el transporte por los suelos, hay desabastecimiento y pérdidas en mercados y lonjas, y el presidente responde “vuelva usted mañana”. Para mañana será tarde, que cantaba Perales.
Para mañana, la lluvia fina de protestas y paros en pesca, agricultura y carreteras, que está calando gracias a la lluvia gruesa de la ultraderecha, se puede convertir en una imparable oleada de descontento que se lleve al Gobierno y al país por delante. Sánchez confía demasiado en su Manual de resistencia, pero no debería subestimar el caldo de cultivo en el que Vox están sembrando la discordia. Hay un polvorín y Abascal lleva una antorcha. El líder ultra ha visto que la ocasión la pintan calva y cree que ahora sí va a tumbar al Gobierno. Quiere que los chalecos naranjas sean los chalecos amarillos a la española.
Lo que también hay es mucho fachaleco verde de caza. En las protestas del campo este domingo se juntaron agricultores justamente indignados por años de abandono, con una patulea de explotadores, cazadores, defensores de la tauromaquia y caciques a caballo que se paseaban por la Castellana como si fuera su finca. Ahí se reunieron, en incongruente compañía, los santos inocentes que no tienen pan para llevarse a la boca y los señoritos que les tiran las migajas. De igual manera, la Plataforma Nacional del Transporte que ha paralizado el sector con sus piquetes es una extensión de la ultraderecha, pero ha conectado con el lógico desánimo de muchos camioneros y tractoristas a los que no les llega el gasóleo a fin de mes. Llamarles “fachas” sin distinción ni atención a sus demandas, es echarle fuego a la gasolina.
A esto hay que sumar que el sindicato mayoritario de la Guardia Civil, JUCIL, nacido de JUSAPOL, el ala más cercana a Vox de la policía, critica que Interior les demande más contundencia con los piquetes para garantizar el trabajo de los transportistas que no se suman a la huelga. Es lo que nos faltaba por ver: fuerzas de seguridad defendiendo el derecho de manifestación y quejándose de tener que aplicar la mano dura. A eso se enfrenta el Gobierno, a un país que se tirará por la borda de la extrema derecha, impulsada por medios, empresarios y policías, si Sánchez no da respuesta inmediata a los problemas que tiene la ciudadanía por la interminable serie de catastróficas desgracias.
Y como éramos pocos, el presidente parió la última ocurrencia. El PSOE, sin comunicárselo siquiera a sus socios de Gobierno de Unidas Podemos, reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y el plan de Rabat de convertirlo en una autonomía marroquí. Los socialistas pisotean las resoluciones de la ONU y los consensos nacionales que reconocen el derecho de autodeterminación del territorio saharaui ocupado ilegalmente en la Marcha Verde. Al mismo tiempo que Sánchez envía armas a Ucrania para que los ucranianos no cedan al chantaje del sátrapa ruso, él cede al chantaje del sátrapa alauí. Contenta a Marruecos ante una inminente presión migratoria causada por la falta del cereal que llega de Ucrania al Magreb, pero nos mete en una crisis con Argelia, país del que dependemos para el gas, cuando estamos sumidos en una crisis energética. Han cantado bingo.
Mientras Macron anuncia que nacionalizará la energía para bajar los precios, Sánchez ni se plantea esa opción propuesta por Unidas Podemos, y renuncia a limitar el precio en 180 euros el megavatio hora, un precio altísimo en cualquier caso. De urgencia, el Gobierno ha anunciado una bonificación al transporte de 500 millones. Tarde y mal. En Francia y Portugal hace días que se bonifica, en Reino Unido es muy superior la cuantía. El país está quemado, Vox lo incendia y el PSOE está embobado con las llamas. La culpa de todo no la tiene Yoko Putin, también tiene responsabilidad un Sánchez desnortado. Llevamos años avisando que viene el lobo de la ultraderecha y no hacen caso. Cuando el lobo llegue finalmente y Pedro corra a pedir ayuda, será demasiado tarde y el votante de izquierdas no acudirá porque no se creerá nada.