Órganos históricos o el sonido del tiempo en Albacete
Las notas empapan los sillares de piedra. La música del órgano flota entre los gruesos muros de la Iglesia de Santa María del Salvador. En el aire se respira la Semana Santa. Atardece y hay concierto en Chinchilla de Montearagón. Desde lo alto del templo, desciende la brisa y la voz de la soprano albaceteña Marta Legido. Ante el teclado, el organista Alfonso Sáez hila melodías con sabor añejo. Notas antiguas que nos transportan siglos atrás. Sin embargo, este robusto instrumento apenas tiene una década de vida.
Que la iglesia de Chinchilla tuviera órgano fue el sueño del tenor José Ferrero. En su memoria, y como homenaje, se celebra este concierto en el décimo aniversario de su fallecimiento y de la instalación de un instrumento que no pudo llegar a escuchar por apenas unas semanas. Un órgano de nueva construcción con el que se recupera, en parte, el esplendor de antaño. Y es que, hasta hace noventa años, la parroquia principal chinchillana disponía de una joya patrimonial de valor incalculable. Hoy no quedan fotos ni apenas recuerdos del instrumento destruido en 1936. Para que el silencio no sea perpetuo, Javier Moisés Mañas acaba de publicar un libro, editado por el Instituto de Estudios Albacetenses, donde este músico y profesor de Enseñanza Secundaria recupera la historia del órgano histórico desaparecido.
Como pórtico al trabajo de Mañas, Luis Guillermo García-Saúco Beléndez, hijo adoptivo de Chinchilla y gran experto de la historia del arte en Albacete, explica: “En el Renacimiento ya los principales templos gozan de instrumentos estables, e incluso en el siglo XVI las procesiones del Corpus se acompañaban de órganos portativos, como así se documenta, por ejemplo para San Juan Bautista de Albacete, si bien será ya en los siglos del Barroco y especialmente en el siglo XVIII cuando los órganos, desde la más humilde parroquia casi rural a las grandes catedrales, se llenen con estos instrumentos que necesitan siempre de una gran caja a modo de máquina maravillosa que alberga el instrumental de tubería y otros mecanismos para que el intérprete arranque las más variadas melodías”.
El investigador Javier Moisés Mañas señala sobre el órgano desaparecido de Chinchilla: “Responde a la culminación de un modelo de órgano que, tras varios siglos de gestación, terminó cristalizando en lo que hoy se conoce como órgano ibérico u órgano barroco español”. Se construyó en 1750 y fue obra de Userralde y Salanova.
Estos artesanos del Levante recorrieron gran parte de la geografía y fueron autores de los órganos de Alcalá del Júcar y Hellín, entre otros muchos. El chinchillano tenía dos teclados y 54 registros. Como revela Mañas, el instrumento costó 19.000 reales de vellón, lo que hoy podrían ser 190.000 euros. Una verdadera fortuna incluso para un municipio de gran importancia y con una parroquia que aspiraba a ser Diócesis independiente de Murcia.
No lo consiguió. Pese a todo, los rituales religiosos en la Iglesia de Santa María del Salvador debieron de gozar de una solemnidad y resonancia inigualables. La maestría en la aleación de los metales, la medida exacta de los tubos, la ejecución milimétrica de los pedales. Pura técnica al servicio del espectáculo litúrgico.
El órgano debió imbuir a los creyentes en una experiencia donde se mezclaban la música, las esculturas y esa combinación de luces y sombras. El incienso y el suelo frío. En Chinchilla de Montearagón, el último que tocó aquel órgano fue Juan González Díaz. ¿Quién sabe cuál pudo ser su último repertorio?
La investigación de Javier Moisés no ha sido fácil debido a la falta de fuentes. Sin embargo, pudo hablar con la nieta del último organero, quien todavía conservaba algún recuerdo de infancia. Después comenzó la Guerra Civil y, al igual que ocurrió en numerosos municipios, los materiales del instrumento musical fueron destinados a otro fin. “Los tubos se usaron para munición y la madera para cocinar”, contaba el autor del libro durante la presentación del volumen en la biblioteca municipal de Chinchilla. Según la Causa General, los hechos ocurrieron el 26 de julio de 1936.
Oleada iconoclasta
A lo largo de ese verano y otoño de 1936 tuvo lugar una “oleada iconoclasta” contra los espacios y símbolos de culto católico. El historiador Fernando del Rey ha estudiado el asunto para la Mancha. Afirmaba en un artículo: “Junto al aniquilamiento de la población religiosa, también se produjo el ataque masivo contra el patrimonio arquitectónico de la Iglesia (templos, conventos, retablos, imágenes y objetos de culto considerados sagrados por los católicos), en una suerte de ejercicio destructor que no tenía precedentes y que se reprodujo con milimétrica semejanza, una localidad tras otra, a lo largo y ancho de la España republicana”.
En la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción de Lezuza, durante décadas se ha conservado un grafiti y una fecha: 1938. José Ángel Munera ha estudiado y publicado varios artículos sobre los tres órganos que hubo en la localidad. En uno de sus trabajos expone: “El anticlericalismo, la barbarie y la sinrazón de la Guerra Civil también llegaron a la iglesia de Lezuza. Al parecer, y según las fuentes orales consultadas, un grupo de milicianos y evacuados de Castellón estuvieron refugiados en el interior del templo y ocasionaron serios destrozos, especialmente en la parte inferior del retablo y sobre todo en el órgano. Del órgano desapareció prácticamente toda la maquinaria y la tubería, tan solo queda la parte exterior de la caja y muy dañada la zona de abajo”.
Así lo escribía en 2019. Siete años después, el órgano histórico de Lezuza es casi una realidad. En este tiempo se ha emprendido una titánica restauración que está próxima a su fin. Estas últimas semanas, tanto Munera, como secretario de la Asociación de Amigos del Órganos Histórico de Lezuza, como Alfonso Avendaño, alcalde de la localidad, han comentado que “estamos viendo la recta final”.
Coinciden en que este será un atractivo cultural para el municipio que alberga el Parque Arqueológico de Libisosa. Muy pronto, el instrumento sonará de nuevo y con su música se recuperará una historia que comenzó en 1773 gracias a las manos de varios artesanos. Uno de Campillo de Altobuey (Cuenca), Gaspar de la Redonda Ceballos; otro de Villahermosa (Ciudad Real), José Castell; otro más de El Bonillo (Albacete) Juan de Rivas y, finalmente, Gabriel Mira, de Aspe, en Alicante. En su momento fue uno de los órganos más grandes de la provincia de Albacete.
Apadrina un tubo
“Parecía más bien el órgano de una catedral”, contesta José Ángel Munera a nuestras preguntas. ¿Cuál es la clave del éxito de este proyecto de restauración? Responde: “Una de las cosas que creo que hemos hecho bien es conformar una asociación que es representativa de todo el pueblo. Hemos sabido ilusionar a la gente y hemos tenido una participación constante durante estos ocho años y hemos tenido presencia para mantener siempre la visibilidad”.
Aparte de las administraciones públicas o de la Diócesis de Albacete, más de 40.000 euros de la financiación de este proyecto patrimonial han llegado de los ciudadanos mediante la campaña “Apadrina un tubo, apadrina una tecla”. Muchos lezuceños que viven fuera del municipio han hecho su aportación. Miles de personas se han implicado en esta iniciativa que encara su fase decisiva. Afirma Munera: “Falta colocar parte de la tubería interna y cuando vuelva a sonar lo hará como en el siglo XVIII”. De hecho, la reconstrucción ha sido con las técnicas de esa centuria. Este mismo año, el órgano de Lezuza volverá a emitir los sonidos del tiempo.
Desde hace veinte años, la Iglesia Santa Quiteria de Elche de la Sierra cuenta con un flamante órgano que fue restaurado tras un proyecto impulsado por una asociación local. Hasta 1.785 tubos conforman las entrañas de este instrumento. La totalidad de la tubería había desaparecido, el mueble se encontraba destrozado en gran parte, y del interior solo quedaban (y muy deteriorados) el secreto del órgano mayor, el de la caldera interior y el del pedal. Bien lo sabe María Ángeles Jaén Morcillo. Autora de una monografía sobre los órganos históricos en Albacete, y concertista solista. Precisamente, su primer concierto en la provincia lo dio en Elche de la Sierra.
En su libro, la investigadora analiza también los órganos de Villa de Ves, Férez, El Bonillo y Liétor. Estos tres últimos son los únicos órganos albaceteños que conservan el material sonoro original. Como estamos observando, la mayoría de estos instrumentos desaparecieron. Alguno, incluso, antes de la propia Guerra Civil. En abril de 1934, El Diario de Albacete daba cuenta: “La Iglesia parroquial de Tarazona incendiada”. Y añadía que las pérdidas eran cuantiosas, pues había quedado destruido por el siniestro un órgano antiguo valorado en 50.000 pesetas. Aquello ya es polvo de hemerotecas. El ahora es una chiquilla que juega con un unicornio en las bancadas crujientes de la iglesia de Chinchilla. De pronto, irrumpen los aplausos en el templo. No deja de ser un concierto del siglo XXI, pero con las técnicas del XVIII.
Liétor, capital del órgano histórico
Cada nota es un paso que nos lleva al ayer. En Liétor, intuyeron pronto la necesidad de recuperar este esplendor musical de tiempos remotos. A principios de los años ochenta, el párroco Francisco Navarro Pretel se empeñó en recuperar una tradición que ya es un clásico cultural de Albacete.
En 1983, escribía el religioso en el folleto editado por la Fundación Juan March: “No sólo se ha salvado una pieza artística de incalculable valor sino que, además de cumplir con el objetivo primordial para el que fue construido (ensalzar y potenciar la participación litúrgica de la Comunidad Cristiana en sus habituales celebraciones), quisiera ahora convertirse en vehículo cultural para todo este pequeño pueblo rural y para toda la provincia, por medio de una serie de conciertos de gran altura. Es magnífico pensar que un pequeño lugar de la sierra albaceteña pueda bridar en estos tiempos un servicio tan noble y de tan alto valor artístico a la cultura popular”. Acertó de pleno.
En Liétor, el final de la primavera llega con la mejor música del órgano del mundo. Existen tres en el municipio, aunque el más reconocido es el fabricado por Josep Llopis en 1787 y que se encuentra en la Iglesia de Santiago Apóstol. Expertos nacionales e internacionales pasan por aquí todos los años. Y aunque con menos arraigo, regularmente, los órganos de El Bonillo o Férez, también acogen actuaciones.
En la última década, la Junta de Comunidades ha establecido una Ruta de Órganos Históricos de Castilla-La Mancha y durante varios años se han organizado ciclos de conciertos. A pesar de todo, para quien no pueda escuchar estas maravillas históricas en directo, existen discos como Europa suena desde el corazón de Castilla, grabado en la provincia. Ejemplo del auge de estos instrumentos en Albacete.
Retumban las raíces mientras la tarde va cayendo en los tejados. Bach, Friedrich Hándel o Schubert soñaron música para esta tarde de sábado en Chinchilla de Montearagón. La voz de la soprano y las notas musicales descienden desde lo alto para elevar los espíritus. Al menos, para hacer viajar al público al pasado. No cuesta imaginar la conmoción que sentirían los feligreses ante este eco. Un espectáculo religioso en el que no faltaban los claroscuros. Las velas parpadeantes y las imágenes. El retumbar de las melodías y la oración. Cada vez más cerca del cielo, sin conciencia del peso de las horas. Ahora que el mundo roza los infiernos.