La corresponsabilidad en el hogar, “un cambio estructural” para el que “la sociedad no está preparada”
Una mejora en el clima del hogar, en las relaciones familiares y en la organización de las tareas que permite mayor disponibilidad de tiempo libre. Son algunos de los resultados más relevantes tras la implantación del Plan Corresponsables en Castilla-La Mancha, según se desprende del informe de evaluación de la iniciativa en 2025.
Este plan ha demostrado ser un instrumento eficaz para aliviar las tensiones de la vida cotidiana y garantizar el derecho al cuidado en la comunidad autónoma. Ha logrado evitar el abandono laboral de miles de mujeres y ha mejorado el bienestar infantil, con el apoyo de los hombres.
El análisis permite también conocer la eficacia de este tipo de políticas públicas que entraron en vigor en el año 2021 para fomentar la igualdad de género y el reparto equilibrado de las tareas de cuidado.
Coordinado por Concepción Carrasco Carpio, doctora en Ciencias Económicas, graduada en Sociología y directora de la cátedra de investigación en género Isabel Muñoz Caravaca (Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha y Universidad de Alcalá) el documento de investigación refleja cómo la iniciativa ha facilitado la conciliación laboral y personal de miles de familias, en particular en el medio rural, mediante servicios de cuidado profesional y la creación de empleo en el sector.
“El hecho de que se mejore el clima en el hogar significa un avance en la corresponsabilidad”, asegura, pero queda mucho camino por recorrer. “Sabemos que solo el 11% de hombres declara hacer las tareas del hogar. Ellos tienen la percepción de que la igualdad está casi conseguida, en el 68% de los casos, pero ellas no lo ven igual”, comenta la economista.
De hecho, la investigación revela que, aunque existe una alta satisfacción con el programa, persisten roles tradicionales donde las mujeres asumen la mayor carga mental y física. Y, además, la persistencia del modelo social y laboral que todavía divide por sexo no ayuda.
“Hay que comenzar por la conciliación para pasar después a la corresponsabilidad”, subraya Concepción Carrasco. De hecho, el informe concluye que el plan por sí solo no puede generar un cambio estructural inmediato en los roles de género.
La corresponsabilidad real requiere un rediseño de la temporalidad social y laboral, así como una transformación cultural profunda que desvincule el cuidado de la identidad femenina y lo convierta en una responsabilidad social compartida. La estrategia deber ser de largo alcance.
Hablamos, añade la especialista, de “un valor emergente, que forma parte de la cultura de las parejas más jóvenes, pero se mantiene una contradicción entre eso y la persistente división sexual del trabajo”.
¿Qué es el Plan Corresponsables?
La corresponsabilidad familiar se define como la distribución equitativa de las tareas domésticas y de las responsabilidades de cuidado entre hombres y mujeres. Y resulta ser un pilar indispensable para alcanzar la igualdad de género.
Cuenta con tres ejes de actuación que pasan por la creación de bolsas de cuidado profesional: servicios colectivos (ludotecas, aulas matinales) y domiciliarios, la acreditación de experiencia, con el reconocimiento de competencias adquiridas en el cuidado no formal y la formación en corresponsabilidad para hombres que busca promover cambios culturales
En Castilla-La Mancha este plan se implantó allá por 2021. Lo gestiona el Instituto de la Mujer de la región con la financiación del Ministerio de Igualdad y surge para superar una realidad palpable: las cargas de cuidados las siguen asumiendo sobre todo ellas y eso limita sus posibilidades de participación social o laboral y, desde luego, su tiempo de ocio personal.
De hecho, los últimos datos indican que el 88,7% de las excedencias por cuidado de menores en Castilla-La Mancha fueron solicitadas por mujeres.
¿Cómo ha impactado en el territorio? Casi un 89% de usuarios “muy satisfechos”
El despliegue territorial del plan ha sido masivo, alcanzando a más del 70% de los municipios con población menor de edad en la región. Se ha pasado de los 612 municipios adheridos en 2021 a los casi 700 del año pasado.
Además, entre 2021 y 2023 se atendió a más de 190.000 menores, con un equilibrio casi perfecto entre niñas y niños, a casi 90.000 familias (hasta marzo de 2024), priorizando a colectivos vulnerables como familias monomarentales, las víctimas de violencia de género y familias con mujeres desempleadas.
Por otro lado, se han generado más de 10.000 puestos de trabajo, de los cuales el 80% han sido ocupados por mujeres, contribuyendo a la profesionalización del sector, pero manteniendo su feminización
“Es un gran plan, a los ayuntamientos se les ayuda no solo con la financiación. Es que estimula la política pública de cuidados, que quiere transformar socialmente y que fomenta la tendencia hacia la corresponsabilidad”, señala Concepción Carrasco, en particular en el ámbito rural, donde se reflejan los mejores resultados.
Los 627 cuestionarios planteados a las personas participantes revelan una valoración mayoritariamente positiva. Por ejemplo, el 88,7% de los usuarios se declara “muy” o “bastante” satisfecho con el servicio. Esta satisfacción es especialmente alta en zonas rurales (73,8%), donde los recursos alternativos son limitados. “La gente está encantada porque han visto que cubre facetas, de forma gratuita, que muchos no se podían pagar”.
La mayoría solicitó cuidados colectivos (80,9%), destacando los campamentos de vacaciones escolares (49,3%) y los cuidados en días no lectivos (43,2%).
Por otro lado, el 88,2% de las personas participantes afirma haber dispuesto de más tiempo para su actividad laboral gracias al Plan. De hecho, el 72% asegura que, sin este servicio, habría tenido que dejar su empleo o reducir su jornada.
Finalmente, el 87,7% expone que los servicios han mejorado las relaciones familiares y el 61,9% percibe una disminución de conflictos por el reparto de tareas.
Las tensiones y retos que persisten
Pese a las ventajas, se mantienen algunos conflictos que surgen por la diferencia de ritmos y la necesidad de vigilancia constante por parte de las mujeres, lo que genera frustración.
Mientras que los hombres tienden a una visión ‘simplificada’ y positiva de la corresponsabilidad con un claro ideal de que es suficiente, las mujeres ofrecen una mirada más crítica, destacando que la implicación masculina a menudo depende de que ellas 'pidan' o 'manden' realizar la tarea.
En todo caso, el plan se percibe como un “salvavidas” para muchas mujeres, como un recurso vital para reducir la sobrecarga física y mental. Para muchos hombres, se ve más como un beneficio lúdico para los hijos e hijas que como una herramienta de cambio personal.
Y en cuanto a las facilidades para implementar el plan, el informe identifica obstáculos que condicionan su sostenibilidad: desde la insuficiencia de la subvención, especialmente en municipios pequeños, la excesiva carga administrativa para los ayuntamientos o la dificultad para encontrar personal cualificado en zonas rurales.
Por otro lado, se detecta ausencia de directrices específicas estables para la formación dirigida a hombres, aunque se reconoce como un eje pionero.
Las propuestas de mejora y el futuro del plan
El texto también propone ideas para fortalecer la sensibilización dirigida a hombres y reducir las barreras estructurales para transformar la cultura del cuidado en una responsabilidad plenamente compartida.
Algunas sugerencias pasan por la flexibilidad horaria, adaptando los servicios a los horarios reales de la empresa privada, no solo a los ritmos escolares o de oficina.
También se propone ampliar la cobertura incluyendo los servicios dirigidos a niños y niñas de cero a tres años porque en estas edades la conciliación es especialmente compleja. Las familias proponen mejorar la calidad educativa reforzando el componente pedagógico de las actividades para que no sean solo lugares de ‘custodia’, sino de aprendizaje en igualdad.
En definitiva, se busca una “transformación cultural” con acciones concretas y estables que permitan atacar la desigualdad desde la raíz.
“Cuando hablamos de corresponsabilidad, queremos muchos cambios, pero la sociedad no está preparada”, reconoce Concepción Carrasco. A eso se suman las tensiones ideológicas ante un “cambio que ha de ser estructural. Si cuando todos remamos en la misma dirección es difícil, cuando surgen corrientes a la contra, no es nada sencillo”.