Innovación docente ante el reto de la salud mental en la comunidad universitaria: “Vale la pena abordarlo”
Cerca de la mitad del estudiantado universitario presenta síntomas relevantes de ansiedad o depresión. El dato lo recoge un informe publicado en 2023 por el Ministerio de Sanidad, el Ministerio de Universidades y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM).
El documento realiza una amplia radiografía, tanto en las universidades públicas como privadas, sobre la prevalencia de los problemas de salud mental y su relación con variables demográficas o académicas.
Alberto Lastra es director académico del Centro de Apoyo a la Innovación Docente y Estudios On-Line (IDEO) de la Universidad de Alcalá (UAH) y reconoce que la cuestión de la salud mental está sobre la mesa de la institución académica. “Es un tema de plena actualidad y vale la pena abordarlo porque nos afecta a todos”.
Estudiantes, docentes, investigadores y el personal técnico, de gestión y de administración y servicios no están exentos de las situaciones de estrés o malestar emocional que impregnan a una sociedad “acelerada e hiper estimulada” en tiempos redes sociales y de inteligencia artificial, apostilla Inmaculada Rodríguez, directora de Promoción de la Salud y el Cuidado Emocional en la universidad alcalaína.
Durante este curso académico la cuestión de la salud mental ha sido objeto de debate. No en vano, el panorama en la universidad española apunta a que uno de cada dos estudiantes presenta un resultado positivo en el cribado de síntomas depresivos de moderados a graves. Además, uno de cada cinco reconoció haber tenido pensamientos de muerte o de hacerse daño y el insomnio afecta hasta a un 24% de los estudiantes.
La Universidad de Alcalá ha centrado este año su XVIII Encuentro de Innovación en Docencia Universitaria (EIDU) en la ‘Atención, concentración y salud mental en la educación universitaria del siglo XXI: la innovación docente como recurso positivo’.
“En un mundo cambiante la docencia no puede quedar estancada, tiene que adaptarse. La innovación docente es dar un paso adelante para encontrar soluciones”, explica Alberto Lastra, profesor de Matemática Aplicada.
Cuando hablamos de atención, de concentración y salud mental en la educación universitaria, la innovación docente puede actuar como recurso positivo al reconfigurar contenidos, metodologías y hasta la evaluación. El objetivo es evitar la sobrecarga horaria o de actividad.
De hecho, una de las conclusiones del estudio de 2023 apunta a que los estudiantes perciben la mala organización de los planes de estudios y la sobrecarga horaria como una pérdida de tiempo que impide el descanso necesario.
Ahora se habla de cambio de paradigma: el estudiantado demanda que la universidad tenga en cuenta sus necesidades, más allá de las de la institución o el profesorado.
Cuando preguntamos si los estudiantes están ahora menos motivados, la respuesta no es fácil. “Es algo complicado, pero creo que responde al contexto con el que se encuentran”, dice Inmaculada Rodríguez.
Esta profesora de Enfermería afirma que el alumnado necesita condiciones de estudio que estén claras. “Necesitan saber qué se espera de ellos para estar motivados. Lo que nosotros nos planteamos es si falta claridad en este sentido y si esa incertidumbre merma la motivación”.
También destaca la importancia de “flexibilizar” la actividad y de “acompañar con la escucha” porque es “una manera de mejorar el clima y la calidad de la enseñanza”.
En su opinión, se requiere “coordinación” a la hora de impartir las asignaturas y de asignar las tareas o actividades. “Como docentes tenemos la responsabilidad de coordinarnos e implementar un itinerario curricular, sin mermar la exigencia, que esté más ordenado”.
Los recursos de la UAH para atender el bienestar emocional
Una parte de la falta de bienestar emocional de los y las alumnas tiene que ver con las limitaciones económicas. A veces el acceso a las becas y la presión para no perderlas es también fuente de estrés, que puede derivar en abandono académico.
El estudiantado también reconoce desinformación en la relación con la institución y, en muchos casos, los recursos relacionados con la salud mental son auténticos desconocidos. Un tercio de los estudiantes de las universidades españolas dice saber de la existencia de servicios de psicología en su universidad, pero solo entre un 4% y un 5% ha llegado a utilizarlos.
Alberto Lastra cree que es necesario “visibilizar” mejor todos esos recursos e incluso aboga por “más formación” entre los docentes.
La UAH ofrece apoyo al estudiantado a través de la Unidad de Atención a la Diversidad (UAD), que, entre otras funciones, gestiona las adaptaciones curriculares, y del Gabinete Psicopedagógico, que proporciona orientación y apoyo psicopedagógico.
También cuentan con el Servicio de Atención Psicológica de la Cardenal Cisneros, centro universitario adscrito de la UAH. De manera informal también se puede acceder a los llamados ‘Puntos de Escucha’, un recurso de acceso cercano y voluntario para cuidar del bienestar emocional de los estudiantes. En él colaboran docentes de las distintas facultades y escuelas de la Universidad de Alcalá que han recibido formación específica. “Queremos que este servicio sea extensivo también al personal técnico, de gestión y de administración y servicios que quiera participar”, anuncia Inmaculada Rodríguez.
Queremos que el servicio de 'Puntos de Escucha' sea extensivo también al personal técnico, de gestión y de administración y servicios que quiera participar
Además, el alumnado también se implica. No solo a través de los programas de mentoría que permiten la orientación y el apoyo a los recién llegados, sino a través de las llamadas ‘Personas de Confianza’, un grupo coordinado en cada una de las delegaciones estudiantiles de la universidad.
El propio Consejo de Estudiantes de la Universidad de Alcalá ha diseñado la Guía de Bienestar Emocional. “Hay otra también de apoyo al profesorado en la atención a estudiantes con problemas de salud mental, que ha sido elaborada desde la UAD junto a compañeras del Gabinete Psicopedagógico”, explica la profesora. Unas herramientas que se complementan con unas normas de convivencia e incluso un protocolo sobre la conciliación de la vida personal con los estudios.
“La intención es poner en marcha más protocolos que permitan orientar mejor a estudiantes y profesores”, señala la directora de Promoción de la Salud y el Cuidado Emocional. “Muchos llegan a la universidad con expectativas previas que cambian al encontrarse con un contexto más exigente o competitivo de lo esperado y les genera ansiedad. También pasa durante el periodo de exámenes”.
Pero la fragilidad de la salud mental no siempre es detectable a primera vista o si no se comunica a terceros. “Hay otras personas que no se atreven, intentan salir adelante por sí mismos, y cuando piden ayuda acumulan ya un sufrimiento que se podía haber evitado. Es muy importante que los profesores estemos atentos a las señales de alarma y a las barreras que puedan dificultar que un estudiante pida ayuda”.