Luis Enrique Espinoza (REAS): “La igualdad y la sostenibilidad son elementos diferenciadores de la economía social”
La sostenibilidad medioambiental ha dejado de entender de sectores. Administraciones, empresas y entidades sociales comparten hoy la misma exigencia: adaptar su actividad a criterios más responsables, aprovechar mejor los recursos, reducir su impacto y, de paso, explorar las oportunidades que abre la economía verde. La economía social no es ajena a ese reto, y en Castilla-La Mancha lo afronta desde realidades muy dispares: entidades que llevan años incorporando prácticas sostenibles casi sin ponerles nombre y otras que topan con la falta de tiempo, de financiación o de referentes para dar el paso.
A ese diagnóstico se suma una idea que atraviesa buena parte del sector: sostenibilidad e igualdad de género no son caminos paralelos, sino dos dimensiones de un mismo proceso de transformación. Cuidar el entorno y poner a las personas en el centro forman parte, en la economía social, del mismo relato.
Para tomar el pulso al sector en la región —qué se hace ya, qué barreras persisten y qué recorrido queda por delante, también en materia de empleo— hablamos con Luis Enrique Espinoza, presidente de la Red de Economía Alternativa y Solidaria de Castilla-La Mancha (REAS), entidad que se integra dentro de la Confederación Economía Social Castilla-La Mancha. Su diagnóstico parte de una certeza —el sector ya lleva la sostenibilidad y la igualdad en su ADN— y desemboca en un desafío: conseguir que el consumidor y las administraciones reconozcan y premien ese valor añadido, muchas veces intangible, que la economía social aporta a su entorno.
¿Cómo integran la sostenibilidad las entidades de la economía social de la región?
Las familias de la economía social son muy variadas, aunque estamos todas coordinadas en la Confederación Economía Social Castilla-La Mancha. Y, claro, hay algunas familias que tienen una vinculación estrechísima con la sostenibilidad ambiental. De tal manera que aquellas familias que tienen más relación por su actividad o porque manejan productos que tienen que ver con temas medioambientales, pues están más implicadas.
En el caso de REAS es muy evidente porque todas las entidades integradas comparten el principio de la sostenibilidad como uno de sus principios rectores, pero, en general, en varias familias de la economía social en Castilla-Mancha el tema está muy interiorizado.
Por ejemplo, en las cooperativas agroalimentarias sé que la sostenibilidad cada vez preocupa más. Primero porque su actividad tiene que ver con el medio ambiente y lo que producen cada vez tiene un nivel de calidad mayor, en la medida en que incorporan preocupaciones medioambientales.
Además, todas, todas las familias de la economía social en Castilla-Mancha nos hemos dotado de un distintivo promovido desde la Confederación que pretende diferenciar los productos y servicios que se generan en la economía social. Y ese distintivo tiene que tener algo detrás: una serie de elementos distintivos respecto de otras empresas de la economía. Con ese distintivo, lo que pretendemos es hacer ver que comprar o utilizar servicios de la economía social tiene un plus añadido, de ahí ese distintivo con el que nos queremos diferenciar.
Yo creo que cada vez más en la economía social se está apostando justamente por la igualdad de género y la sostenibilidad como elementos diferenciadores respecto de otros sectores u otras empresas de la economía
Y uno de los elementos diferenciadores es justamente la sostenibilidad ambiental, pero también los temas de igualdad de género, que es otro tema también que tenemos muy interiorizado e incorporado.
Yo creo que cada vez más en la economía social se está apostando justamente por la igualdad de género y la sostenibilidad como elementos diferenciadores respecto de otros sectores u otras empresas de la economía.
¿Qué ejemplos pondría de buenas prácticas que funcionan tanto en materia de sostenibilidad como de igualdad de género?
En el caso de la igualdad de género, aparte de que cada vez es mayor la presencia de mujeres en las empresas cooperativas, asociaciones, fundaciones de la economía social -hasta el punto de que, por ejemplo, en REAS es mayoritaria la presencia de mujeres-, cada vez más entidades de la economía social incorporan planes de igualdad justamente para que ese compromiso sea una realidad. No es solo porque sea obligatorio en función del número de trabajadores que trabajan en la entidad, sino que es un compromiso que está muy asumido y que tiene que ver, como digo, con una enorme presencia de las mujeres dentro de las entidades de la economía social.
Y luego en el caso de medio ambiente, pues te pongo un ejemplo concreto. Cada vez son más las cooperativas y entidades de economía social que apuestan por utilizar energía procedente de fuentes renovables. En buena medida porque también dentro de la economía social hay entidades que están orientadas a la generación de energía renovable. La más conocida es Som Energia, que es una cooperativa de consumidores que nació en Catalunya, pero que ya tiene ámbito estatal y que da servicio a todo tipo de consumidores, también a las empresas.
Cada vez es más frecuente que una cooperativa o una entidad de economía social utilice la energía procedente de una de estas entidades, de una de estas cooperativas, que utiliza 100% de energía renovable. Es una tendencia muy reciente, pero cada vez es más evidente.
Y, por supuesto, podríamos citar a otras que tienen que ver con la recogida selectiva de residuos, con el uso eficiente del agua, etc. En el caso de las cooperativas agroalimentarias, me consta que hay un compromiso muy claro con el tema del ahorro de agua y que cada vez se están incorporando, sobre todo en las cooperativas de segundo grado, las de transformación, se están incorporando mecanismos también de ahorro de agua en la producción.
¿Cómo aprecia el cliente estas cualidades, esta diferenciación que hacen las entidades que trabajan dentro de la economía social? ¿Se valoran ese plus que añadís?
Esa es nuestra asignatura pendiente. Nuestro empeño es justamente que se valore esa diferencia, ese plus que aporta la economía social. La economía social, en definitiva, es una economía que lo que pretende es primar a las personas, primar la preocupación por el entorno, la vinculación al territorio, que lo importante no es el beneficio económico. Que hay que tenerlo obviamente para sobrevivir, pero que no es sustancial porque hay un capitalista que se lucre del trabajo, sino que son los trabajadores los dueños de la empresa, de la cooperativa o de la entidad.
En definitiva, es una serie de valores que nos permiten decir que somos diferentes y que somos mejores, es decir que nuestra actividad no solamente es importante desde el punto de vista de los trabajadores, sino que también somos buenos, entre comillas, para nuestro entorno social y natural.
Entonces nuestra dificultad o lo que tenemos que conseguir es, por un lado, poner en números ese plus, ese valor añadido que tenemos, es decir, hacer ver que incorporar trabajadores en riesgo de exclusión a nuestras entidades, el que haya cada vez más mujeres, el que tengamos en cuenta los temas medioambientales o nuestro arraigo en el territorio rural, por ejemplo, eso es un plus que hay que contabilizar y hay que incorporar para hacer un balance también económico de lo que supone el que haya este sector de la economía en nuestra región o en nuestro país.
Y en esa línea de hacer ver a los consumidores está el distintivo que te comentaba que ha puesto en marcha la Confederación de Economía Social en Castilla-La Mancha. Un distintivo que haga ver también a las personas, a los consumidores de productos y de servicios que comprar o utilizar servicios de la economía social significa un valor añadido, ya que la economía social genera unos beneficios que son muchas veces intangibles, pero que están ahí. Ese es el trabajo que estamos haciendo ahora, que el consumidor sepa que este producto, este servicio, procede de la economía social y que tiene un valor añadido que merece la pena apostar por él.
Aparte de esa, ¿hay otras barreras para la economía social? Y en el lado opuesto, ¿qué oportunidades y retos en positivo tenéis por delante?
Dificultades hay más, no solamente que no se distinga o que no se valore lo que aporta la economía social desde el mercado. Pero para aplicar criterios de sostenibilidad o de igualdad de género hay más problemas. Por ejemplo, imagínate que una entidad pretende utilizar productos reciclados o de cercanía o cualquier tipo de mejora medioambiental que se te ocurra. Pues en muchas ocasiones ese producto o no está disponible o es difícil de acceder a él o tiene un precio que quizás sea un poquito más alto que el producto convencional.
Y luego también nos cuesta mucho encontrar ese tipo de productos medioambientalmente sostenibles dentro del ámbito de la propia economía social y eso es un hándicap porque uno de los objetivos que tenemos dentro de la economía social es consumir cada vez más dentro de la propia economía social. Y en muchas ocasiones no es fácil encontrar esos productos dentro de nuestras entidades.
También muchas veces hay que luchar contra las inercias. Esto que te comentaba antes del uso de la energía por fuentes renovables, pues también en ocasiones no se hace un poco por dejadez porque la inercia te lleva a utilizar lo que siempre has utilizado en lugar de apostar por estas formas nuevas de energías renovables que sabemos todos que es beneficioso para todos.
Hay más dificultades que tienen que ver con la accesibilidad, con el precio, con la disponibilidad del producto dentro de nuestro ámbito de la economía social, etc. Y en el caso de las mujeres pues también hay dificultades, porque aunque te decía antes que cada vez son más mujeres y que su presencia es muy importante dentro de la economía social, en muchas ocasiones cuando ellas se plantean emprender, la economía social no es la primera opción, ni la segunda ni la tercera. Esto es debido a que muy poquita gente tiene formación sobre lo que implica esto o que, en cursos de formación que se hacen para emprendedores pocas veces se habla de la economía social como una alternativa para el emprendimiento. Por eso, muchas mujeres que se plantean emprender no tienen como opción la economía social.
Además, hay entidades dentro de la Confederación Economía Social Castilla-La Mancha que están especializadas en el acompañamiento al emprendimiento justamente para hacer fácil que se pueda emprender, sobre todo en perfiles con más dificultades de inserción en el mercado laboral, como mujeres y jóvenes. Que sepan que van a tener acompañamiento así que deciden montar, por ejemplo, una cooperativa de trabajo social.
Y en cuanto a retos, se trata de ser capaces de utilizar servicios y productos cercanos, que sean ambientalmente sostenibles... Lo cual va a depender en muchas ocasiones de la accesibilidad y del precio. Entonces ahí tenemos que conseguir ambas cosas que sean sencillas.
Tenemos que conseguir también que se nos distinga, que justamente esa preocupación que tenemos por la igualdad de género o por la sostenibilidad tenga un reflejo en el mercado a la hora de que el consumidor prefiera nuestros productos y nuestros servicios
Tenemos que conseguir también que se nos distinga, que justamente esa preocupación que tenemos por la igualdad de género o por la sostenibilidad tenga un reflejo en el mercado a la hora de que el consumidor prefiera nuestros productos y nuestros servicios. Entonces ahí tenemos que hacer una labor de sensibilización, de distinguirnos, de hacer ver las ventajas que tiene nuestro sector. Confiamos en que poco a poco se vaya interiorizando.
¿Qué le pedirías a las administraciones para hacer frente a esos retos y dificultades que has enumerado?
Lo fundamental para las administraciones es que tengan en cuenta el sector de la economía social a la hora de contratar. Dentro de la contratación pública ya hay reservas de mercado orientadas sobre todo a empresas de inserción, con un porcentaje de los contratos que hace la administración que tiene que reservarse obligatoriamente a este tipo de entidades para facilitar la inserción laboral, sobre todo a personas con discapacidad. Pero hay que ampliar eso.
Tenemos que conseguir que en el ámbito de la contratación pública se tenga en cuenta ese valor añadido que tenemos en la economía social en cuanto a generación de empleo, en que el beneficio no es lo primero, en que tenemos una preocupación importante sobre el tema de la igualdad y del compromiso medioambiental, del arraigo al territorio, cuando se habla tanto de despoblación y de reto demográfico.
Muchas de nuestras entidades están instaladas en el medio rural, creando empleo. La administración tiene que entender que esa labor que hacemos y esa distinción que tenemos respecto a la economía convencional tiene que tener un reflejo a la hora de contratar. Ahí tiene que haber un porcentaje de contratación pública reservado o que dé puntos prioritarios a las empresas de la economía social frente a las empresas convencionales, justamente porque aportamos más valor a la sociedad.