31 de mayo
Castilla-La Mancha es una región con pocos años de realidad en los papeles, pero con una profusa y apasionante historia a sus espaldas. Las referencias en su nombre al antiguo Reino de Castilla y a la comarca de la que es originario el personaje sobre cuya vida versa una de las obras más universales de la literatura mundial, no son casualidad. Hablan de hechos y relatos que construyen territorios y sentimientos de pertenencia preciosos, que impulsan lo colectivo y sirven para ambicionar el futuro.
Cuando hace ya 44 años se aprobó su Estatuto de Autonomía, casi acabó de coserse el mapa de la España autonómica, que nos ha traído hasta hoy. Muchos dudaban entonces de la virtualidad de la creación de una Comunidad Autónoma que, dejando a Madrid aparte, unía provincias y comarcas de la antigua Castilla, y la comarca natural más grande del país, la de La Mancha, cuyos límites imprecisos abarcan unos 30.000 kilómetros cuadrados, repartidos por las provincias de Albacete, Ciudad Real, Cuenca y Toledo, vertebrados por las proporciones geométricas del viñedo infinito.
Algo que nos define bien es nuestra capacidad de acogida e integración. Sigamos recibiendo con los brazos abiertos a todos los seres humanos, vengan de donde vengan, sean de la raza que sean, con más o menos recursos, y hablen la lengua que hablen, que quieran acompañarnos en este camino ilusionante
Hay castellanomanchegos que se sienten más castellanos, otros más manchegos, pero, a estas alturas de la historia, podemos decir que todos quieren a, y se sienten de, Castilla-La Mancha. Esta región es, sin duda, un ejemplo de éxito de este período democrático. Nuestra educación y sanidad públicas, construidas prácticamente de cero, o nuestra Universidad, son muestras de los avances que, a pesar de las enormes dificultades, se han vivido y se siguen viviendo en nuestra tierra, en una construcción de identidad y de apuesta por lo público, que debemos seguir construyendo, cada día, entre todos.
El impulso a la identidad y a lo mejor de nuestra tierra, en forma de innovación y nuevas tecnologías, alimentos de calidad, referencias históricas y espacios naturales únicos, hace que hoy Castilla-La Mancha exista, también, en la percepción de los que no son de aquí, de los que nos visitan y ya no pasan de largo.
Se avecinan tiempos difíciles y no hay que aflojar la marcha. Es tiempo de seguir apostando por nuestra autonomía, los servicios públicos y la integración de todos los que, por diversos avatares de la vida, están hoy, trabajando, viviendo, o ambas cosas, en nuestra tierra.
Algo que nos define bien es nuestra capacidad de acogida e integración. Sigamos recibiendo con los brazos abiertos a todos los seres humanos, vengan de donde vengan, sean de la raza que sean, con más o menos recursos, y hablen la lengua que hablen, que quieran acompañarnos en este camino ilusionante. No nos callemos ante los que quieren romper la convivencia y el progreso de nuestra tierra. No hay mejor deseo para celebrar el día de Castilla-La Mancha.