Castilla-La Mancha Opinión y blogs

Sobre este blog

El éxito (y el desborde) del Hogar del Pensionista de Almorox

0

Hay lugares que no se miden en metros cuadrados, sino en vida compartida. El Hogar del Pensionista de Almorox (Toledo) es uno de ellos: un espacio que hoy late como el corazón de sus jubilados y que demuestra, cada día, que la soledad no tiene cabida cuando existe comunidad.

Conocer el Hogar del Pensionista de Almorox desde dentro me otorga una perspectiva única sobre lo que significa, de verdad, 'hacer pueblo'.

Tras haber pasado por su secretaría hace años, observo hoy con una mezcla de orgullo y asombro cómo este centro se ha convertido en un organismo vivo, un ejemplo de resistencia y alegría que demuestra que, cuando hay voluntad, entrega y una gestión honesta, la soledad no tiene ninguna oportunidad.

Una revolución de manos y corazones

Hace poco más de una década, cruzar el umbral del Hogar era entrar en un feudo de silencios masculinos y fichas de dominó. Hoy, la fotografía es otra, radicalmente distinta y mucho más humana.

Nada de esto sería posible sin el trabajo constante, discreto y absolutamente imprescindible de la Junta Directiva, con su presidenta actual, Soledad García Parro, y Antonio de Gregorio Sen anteriormente a la cabeza; así como de todos los componentes de estas Juntas, los que ya no están y los que continúan. Su dedicación diaria, su capacidad de escucha y su compromiso firme han sido el eje sobre el que ha girado esta transformación. No hablamos de una labor puntual, sino de una entrega continuada que sostiene cada actividad, cada decisión y cada avance del Hogar.

Junto a esta dirección ejemplar, la realidad es que el centro vibra gracias a una red de socios y socias que son el verdadero cimiento del proyecto. Es de justicia destacar el papel de las mujeres, que hemos pasado de ser meras espectadoras a convertirnos en motor activo de la vida del centro. Pero no estamos solas: existe un auténtico ejército silencioso de colaboradores que siempre está dispuesto a arrimar el hombro, colocar sillas, recoger mesas o resolver cualquier imprevisto.

Aquí no solo se participa: se construye comunidad. Donde otros verían problemas, este grupo encuentra soluciones. Y ante cada dificultad —como las surgidas con la barra del bar u otros retos— siempre ha prevalecido la unión y el sentido del bien común.

La contabilidad de la ilusión

Sostener un calendario tan intenso exige algo más que buena voluntad: requiere una gestión impecable. Y ahí, nuevamente, la Junta Directiva demuestra su valía. Con recursos limitados —cuotas mínimas de los asociados y subvenciones de la Diputación y alguna otra ayuda— realizan un auténtico ejercicio de equilibrio para que no falte nada y para que cada socio sienta que forma parte de algo valioso.

Se organizan excursiones culturales y de playa, celebraciones de Reyes, Día del Padre, Día de la Madre, Carnavales o una Feria de Abril que desborda color y alegría. En muchas de estas ocasiones, los socios reciben pequeños obsequios que, más allá de su valor material, son un gesto de cuidado y cercanía.

La oferta es tan amplia como viva: concursos, meriendas, excursiones y bingos sociales en los que los premios consisten en alimentos, productos de limpieza y objetos variados, útiles para el día a día y especialmente valorados por todos. Y, por supuesto, esos bailes de los sábados con cantantes estupendos que ya son un orgullo para Almorox.

El buen hacer del Hogar ha despertado el interés de otros pueblos, hasta el punto de que las Juntas Directivas de otros Hogares del Pensionista se acercan para conocer de primera mano su funcionamiento y poder trasladar este modelo a sus localidades. No es casualidad: la organización, la participación y el ambiente que aquí se vive nos han convertido, sin exagerar, en un referente y en la sana envidia de muchos pueblos cercanos.

Mientras tanto, cada tarde, en las mesas del Hogar, se sigue “arreglando lo humano y lo divino”, compartiendo conversaciones, viendo los toros o el fútbol o ayudando a salvar la brecha digital con paciencia y compañerismo, como sucede muchas veces.

El éxito que exige respuestas: ya no cabemos

Pero todo este éxito tiene una consecuencia que ya no se puede ignorar: el Hogar se ha quedado pequeño. El espacio actual es claramente insuficiente para las aproximadamente 600 personas, socios y socias, que forman parte de este proyecto.

No estamos ante una incomodidad puntual ni ante una queja menor. Estamos ante una realidad evidente y constante. Hay sábados en los que simplemente no se puede estar, no se puede bailar con comodidad, no se puede disfrutar como se merece con unos 140 personas juntas.

Este problema no nace de la casualidad, sino del éxito de una gestión ejemplar. Cuando un proyecto funciona, crece. Y cuando crece, necesita que las instituciones respondan. Por eso, ya no basta con reconocer la labor del Hogar: es imprescindible actuar.

El Ayuntamiento debe dar un paso al frente y ofrecer una solución real y digna. No es un capricho, es una necesidad urgente. Este centro no es un local cualquiera: es un espacio de vida, de salud emocional, de convivencia y de dignidad para muchas personas.

Limitar su crecimiento por falta de espacio sería, sencillamente, dar la espalda a una de las iniciativas más valiosas del pueblo.

Un agradecimiento necesario

Gestionar todo esto sin recibir nada a cambio, robando tiempo a la familia y enfrentándose a la burocracia, es un acto de generosidad que Almorox debe reconocer sin reservas.

Aunque, como bien se dice, “nunca llueve a gusto de todos”, la inmensa mayoría del pueblo sabe que detrás de este éxito hay un trabajo titánico, encabezado por unas Juntas Directivas ejemplares cuyo compromiso ha sido clave.

Valorar el Hogar es entender que es el corazón que mantiene joven a la población jubilada de Almorox. Es el lugar donde cada céntimo se convierte en una sonrisa y donde cada mesa compartida es una victoria contra el tiempo.

Porque cuando un pueblo se une para vivir mejor, lo mínimo que merece es un espacio a su altura.