CIUDAD REAL
Adiós a Julio Escudero, el último barquero y pescador de Las Tablas de Daimiel
“El agua entonces era muy clarita, pero ahora no es parque ya ni 'na', esto es un desierto. Como una persona cuando se muere, igual, no queda más que un esqueleto de un bicho por ahí que se ha muerto y ves solo los huesos”. Este es uno de los testimonios de Julio Escudero, conocido como el último pescador y barquero de Las Tablas de Daimiel y apodado 'Canillas', en el libro que sobre su figura y legado escribieron Santos Cirujano y Miguel Álvarez Cobelas.
Ahora, junto con esos recuerdos de un entorno lleno de agua y de fauna, ha fallecido, a los 97 años, esta figura emblemática, no solo del Parque Nacional, sino de toda una forma de entender la naturaleza. Desaparece “una forma de vivir en los humedales de la Mancha Húmeda”, declara a este medio Salvador Sánchez Carrillo, investigador del CSIC, que forma parte del Patronato de Las Tablas de Daimiel y quien informa a este medio de la triste noticia.
Julio Escuderos Córdoba, nacido en 1930 en una isla de las mismas Tablas de Daimiel, vivió hasta 1973 de la pesca y la caza que le ofrecía la entonces Reserva Natural y desde 1980 ya como Parque Nacional. Fue en 1975 o 1979, porque, según documenta el libro sobre su vida, la memoria “le juega una mala pasada”, cuando entró a formar parte de la plantilla del Parque como guarda, puesto del que se jubiló en 1995.
Vivencias, recuerdos, anécdotas
Un año antes, entre el invierno de 1993 y la primavera de 1994, había mantenido una serie de conversaciones con los investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Santos Cirujano, del Real Jardín Botánico, y Miguel Álvarez, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, que en febrero de 2014 empezaron a tomar forma de libro.
La obra desgrana las vivencias de Julio en el Parque Nacional a través de una larga charla que mantiene con los dos investigadores y a la que se une también la esposa del pescador, Pascuala Rodríguez de Guzmán, fallecida hace 30 años, para apuntalar algunas de las muchas historias, anécdotas, personajes y citas que van poblando el libro.
Julio contaba anécdotas de personajes históricos que o bien tuvieron una relación muy directa con Las Tablas de Daimiel, o bien en algún momento pasaron por el Parque Nacional como los reyes Alfonso XIII y Juan Carlos I; el dictador Francisco Franco, su hija Carmen y su yerno Cristóbal Martínez Bordiú; el ex presidente de Castilla-La Mancha José Bono, que cariñosamente le llamaba “el viejo pescaor”.
Pero sobre todo, tuvo citas y recuerdos para personas de “a pie” que compartieron muchas horas de trabajo con él o que, sencillamente, forman parte de la memoria histórica de Las Tablas.
Julio Escudero contaba tristes experiencias como cuando solo quedaron siete patos en Las Tablas a principios de los años 80, y apuntaba a personas que promovieron su “desecación y conservación” como Ricardo Ibáñez o Teresa Aldea.
El libro desgrana interesantes apuntes sobre la flora y la fauna o la gastronomía del lugar, y se completa con una parte más técnica en la que se repasa la historia de Las Tablas y se incluyen otros apartados interesantes como la etnografía y la arqueología de los humedales. un glosario, bibliografía y algunas de las películas relacionadas con los humedales.
Una “inquebrantable labor”
Pero, sobre todo, con 'Flor Ribera' rindieron tributo a Julio, cazador, pescador y barquero del Parque, su protagonista por su “inquebrantable amor” a este humedal “prácticamente único en Europa” y “último representante del ecosistema llamado tablas fluviales que lo adoptó como un medio de vida y terminó atrapado por sus singulares parajes”.
Hace diez años, Julio Escudero volvió a ser noticia cuando entre sus trasmallos de pesca, apareció un barbo comiza, una especie de pez que llevaba décadas desaparecida del Parque y que pudo volver a tener entre sus manos. Fue un hito de gran envergadura, ya que hacía más de treinta años que en las Tablas de Daimiel no se pescaba esta especie piscícola. Precisamente el último ejemplar que salió entonces de las aguas de este espacio protegido lo sacó el propio Julio Escudero.
Su amor por los humedales lo llevó muy lejos, no en distancia, pero sí en un conocimiento que hoy apenas existe, o existe en personas muy mayores para las que no hay relevo generacional. Con Julio se va un símbolo de Las Tablas, la de una barca orillada entre los juncos. Esperando, ya no solo que haya más agua, sino también alguien que vuelva a contarnos las historias de un espacio que lleno de esplendor a la Mancha.