REPORTAJE

Empleadas de hogar o por qué hay que seguir avanzando en derechos laborales: “Deben ser efectivos, no solo en el BOE”

Yesenia tiene 49 años. Llegó a España desde Perú con un contrato para trabajar en el sector turístico en Salou (Tarragona) pero desde 2018 vive en la provincia de Albacete donde ha trabajado como empleada doméstica porque “cuando uno emigra, tus condiciones no son tan favorables. Trabajar como interna me brindaba techo y comida”.

Su primer empleo en este sector lo encontró en la ciudad. “Me ofrecieron trabajar de lunes a lunes y lo acepté. Cuidaba a un señor. Sus hijos no podían estar los fines de semana”. Le pagaban 1.100 euros, sin contrato ni alta en la Seguridad Social.

En su rutina diaria comenzaba a atender su trabajo a primera hora de la mañana entre cuidados, limpieza, compra y comidas “en una casa grande”, con dos horas libres de cinco a siete, para terminar la jornada laboral entre las diez y las once de la noche. “Esta persona estaba conectada a una máquina de oxígeno”, nos cuenta, así que también atendía este aspecto de su cuidado diario.

“Poco a poco me di cuenta de que otras chicas libraban los fines de semana. Con el horario de interna lo normal es entrar el domingo a las nueve o diez de la noche y salir el sábado por la mañana y que te busquen una persona de reemplazo a la que suelen pagar entre 100 o 120 euros”. En su caso eso no ocurrió, pero siguió trabajando. “Ya estaba dentro y me había comprometido”, justifica.

Todo cambió cuando el señor al que cuidaba fue hospitalizado. “Entonces me pidieron que trabajase también durante las noches, yendo al hospital, pero sin pagarme más. Me puse rebelde. Eso no les gustó a los hijos y me dijeron: hasta acá no más, bye, bye”.

Se quedó en la calle, sin posibilidades de indemnización o de prestación por desempleo. “Gracias a una amiga conseguí otro trabajo”. Fue su segunda experiencia como interna, aunque esta vez sí le hicieron un contrato. “Fueron más conscientes de la labor de la persona que cuida”.

“Tuve que cuidar a una persona con alzhéimer. A veces tenía que levantarme de madrugada. Hay que estar preparada emocionalmente… Al final, una hace el papel de psicóloga, de enfermera…”

Tras las experiencias como interna pasó a trabajar por horas. “Conocí a mi marido, me casé, y no me interesaba ya trabajar para estar en otra casa 24 horas al día”. Dice que le gusta su trabajo con personas mayores porque es “tranquilo y sencillo”.

A pesar de lo irregular de los empleos por los que ha pasado dice sentirse una privilegiada porque “a la gente que no tiene papeles le pagan poquísimo y le privan hasta de la comida. Yo no me he sentido explotada”. A pesar de todo.

Ahora está en el paro, pero no puede cobrarlo. Sus sucesivos empleos no se lo permiten, entre los que no tuvieron contrato y los que no llegan al año de duración. Su caso, como tantos, queda en el limbo para el sistema público.

Es algo habitual, dice Laura Moreno, psicóloga y orientadora laboral que forma parte del sindicato USO en Albacete. Y eso a pesar de estar reconocido como un derecho desde septiembre de 2022 en España en virtud de un Real Decreto aprobado por el Ministerio de Trabajo y Economía Social. “Esta norma fue muy importante, ha sido como agua de mayo, pero al leerlo me desilusioné mucho por lo que tiene que ver con las causas de despido”. En su opinión, “el decreto se quedó corto porque no regula la penosidad, ya que se están cubriendo los servicios de cuidados con empleadas del hogar” y, además, “hay que seguir regulando los descansos”.

El real decreto que regula este oficio se centra en una interna de cofia y delantal, una Gracita Morales que todos conocemos, pero cuando hablamos de cuidados la interna nunca se retira a descansar 12 horas entre jornada y jornada. Muchas ni duermen

Yesenia es una de las personas que acuden para informarse en los servicios que ofrece la Plataforma de Apoyo a Empleadas de Hogar, no solo a la hora de buscar empleo sino para gestiones prestaciones u otros cometidos.

Este colectivo nació en Albacete en 2006 a integra a Cáritas, a Cruz Roja y los sindicatos USO y CCOO. Entonces todavía estaba vigente una normativa de 1985 que regulaba la relación laboral de carácter especial del Servicio del Hogar Familiar. “Aquello era del Pleistoceno”, recuerda Laura Moreno.

La lucha ha sido larga porque “hasta 2012 los y las empleadas de hogar no tenían condición de trabajadores y todavía están menospreciadas en el sistema”. Por ejemplo, su sistema de cotización sigue siendo diferente. Y también alude a la situación de las internas. “En las reivindicaciones en toda España se suele corear el lema internas, la esclavitud moderna”, lamenta, porque “el real decreto que regula este oficio se centra en una interna de cofia y delantal, una Gracita Morales que todos tenemos en mente, pero cuando hablamos de cuidados la interna nunca se retira a descansar 12 horas entre jornada y jornada. Hay muchas que ni duermen”.

Moreno resalta que “cada vez hay más empleadores que lo quieren hacer bien”, pero se mantienen las lagunas. Y si no, que se lo digan a Yesenia. “Después de estar interna he tenido muy malas experiencias con las agencias. Te prometen el oro y el moro verbalmente, que te van a hacer contrato de trabajo… Pero pasan los días, te tontean y después de un mes te dicen que no gustas a la familia”.

Trabajar gratis, reclamar...

La última agencia para la que trabajó está en Madrid. Hoy en su página web aparece como un negocio cerrado. “Fui el año pasado para hacer una sustitución dos meses, ni me han pagado. He trabajado gratis, solo conseguí techo y comida y conocer algo de Madrid”. Se ríe irónicamente mientras hablamos. “Me dicen que busque un abogado para reclamar y estoy intentando localizar alguno de oficio”.

En España hay 600.000 hogares que declaran tener servicio de hogar pero “los datos los datos de alta de la Seguridad Social solo hablan de unas 350.000. Hay mucho empleo sumergido en un colectivo que además está muy poco valorado para la labor que realizan”, apunta la psicóloga. 

Yesenia homologó su certificado de estudios para obtener el Bachillerato cuando llegó a España y ahora se plantea mejorar su situación laboral. “En mi país estudié atención al cliente y marketing. Me gustan mucho las ventas, aunque también me gusta el cuidado de personas. Tengo que hacer algunos cursos”.

Dice ver el futuro con optimismo para buscar nuevas perspectivas laborales. “Solo pido que tengan más consideración con las chicas internas. Que se valore más. Tengo a mi madre lejos. Mi padre ya se fue… Creo que durante el tiempo que pasamos con esas personas mayores, y algunas son como niños, tratamos que estén bien en todos los sentidos. Mucha gente se aprovecha de los inmigrantes, sobre todo si no tienen papeles”.

En eso coincide Selmy Luz que llegó a Albacete en 2006 en un proceso de reagrupación familiar. “Son muchos años y yo ya soy de aquí”, nos dice. Esta risueña colombiana es veterana en el oficio de empleada de hogar, aunque, como Yesenia, probó antes con la hostelería. “No me gustó. Yo era vigilante de seguridad en mi país y en mis tiempos libres trabajaba también como manicura”. Había tenido que cuidar a un abuelo con Alzhéimer, así que en España optó por el cuidado de personas mayores como forma de ganarse la vida, tras obtener su permiso de trabajo.

“Hago mi trabajo por vocación, con cariño y respeto hacia las personas”, asegura azorada mientras charla con elDiarioclm.es por teléfono en el intervalo de la caminata entre uno y otro trabajo.

En su primer trabajo, cuenta, “me dieron de alta durante el tiempo que me duró mi viejita. Era un matrimonio y estuve después cuidando también al abuelo hasta que le ingresaron en una residencia. El resto de trabajos vinieron por el boca a boca”.

No siempre ofrecen contrato. “Si no me lo hacen al menos exijo cobrar lo justo. Ahora estoy dada de alta con quince horas semanales, según lo que marca la ley”. Acaba de conseguir un certificado sociosanitario porque su intención es lograr un empleo “único y más estable”, pero no es fácil. “Suelen ofrecer un puesto de trabajo para el que no estoy titulada para pagar menos”.

Selmy suspira profundamente cuando le preguntamos por el derecho al paro recién adquirido para este colectivo de personas. “¡Madre mía! Que lo hayan aprobado ha sido muy gratificante para mí, aunque no busque estar desempleada. Yo lo que quiero es cotizar y cotizar”. El mismo decreto recogió ayudas públicas a la cotización a la Seguridad Social de los hogares que proporcionan este tipo de empleo. 

Es uno de los nuevos ‘salvavidas’ para un colectivo históricamente maltratado. Desde enero también tienen acceso a las mejoras en sus pensiones por las llamadas 'lagunas' de cotización en sus carreras laborales.

Pese a todo Selmy Luz cree que “va muy lento” y apela “a la importancia de las empleadas de hogar. Deben darnos el sitio que nos corresponde y valorarnos. Hacemos de todo”. Algo que también subraya Laura Moreno desde el sindicato USO.

En los últimos tiempos no se trata solo de tareas domésticas sino sobre todo de cuidados. Están cubriendo con empleadas de hogar la tarea de los cuidadores

Acaba de celebrarse el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. Como cada 30 de marzo de 1988. Este año coincidió con la Semana Santa y en Albacete han esperado hasta este jueves 4 de abril para conmemorarlo en un acto en el Museo de la Cuchillería y seguir recordando que todavía queda mucho por avanzar. “Hay que seguir visibilizando a estas personas. Es un trabajo encomiable el de estas personas que descuida a sus propias familias para cuidar a otra ajena. En los últimos tiempos no se trata solo de tareas domésticas sino sobre todo de cuidados. Están cubriendo con empleadas de hogar la tarea de los cuidadores”.

La Plataforma de Apoyo a las Personas Trabajadoras del Hogar de Albacete valora los avances laborales y sociales conseguidos en los últimos años, pero cree que hay que seguir trabajando para llegar a la equiparación plena de los derechos del colectivo con el resto de personas trabajadoras.

“Abogamos por la desaparición del arcaico sistema de cotización por tramos, que en muchos casos afecta a las bases de cotización” y eso, recuerdan, les perjudica a la hora de acceder a las diferentes prestaciones sociales.

También reclaman “un mayor control por parte de la administración públicas de las peculiares situaciones que se presentan en los centros de trabajo”. Laura Moreno explica que “los domicilios privados se escapan de las competencias de la Inspección de Trabajo” y provocan indefensión para las mujeres y los hombres que se dedican al trabajo de hogar y cuidados.

Después, también quedan al descubierto cuestiones como la seguridad y la salud en el trabajo porque no hay ni revisiones ni controles médicos para estas personas trabajadoras.

Esta plataforma calcula que hasta un 30% sigue sin estar de alta en la Seguridad Social. “Esto ocurre tanto con personas nacidas en el país, como con migrantes que tienen permiso de trabajo y, sobre todo, con aquellas que todavía no han obtenido sus papeles”.

Selmy Luz lo tiene claro. “Todavía hay mucho miedo a denunciar, pero yo siempre digo que hay que hacerle frente. Creo que debe haber más inspecciones y control para el gremio”.

El próximo mes de junio se cumplirán dos años desde que España ratificase el Convenio 189 de la OIT sobre trabajo del hogar. El Gobierno se comprometió a instaurar los cambios necesarios para dignificar este tipo de empleo. Todavía hay margen de mejora. “Los derechos deben ser efectivos y no solo algo publicado en el BOE”, sentencia Selmy Luz.