La portada de mañana
Acceder
Anticorrupción defenderá rebajar la pena a Aldama más de lo que ya pidió
Entrevista - Teresa Ribera: “Europa no se puede quedar en un rincón"
Opinión - 'Oren y voten: el buscado voto evangélico', por Neus Tomàs

Acoso, insultos racistas y presiones contra las bajas: el 'rey de la Boqueria' de Barcelona acumula demandas laborales

Pau Rodríguez

Barcelona —
5 de mayo de 2026 21:33 h

0

El Mercado de la Boqueria de Barcelona, reconocido como el mejor del mundo, recibe cada año 23 millones de visitantes, la mayoría turistas. Algunos solo sacan fotos, mientras que otros compran comida, cada vez menos local, o almuerzan en la barra de alguno de sus bares. Ninguno de ellos sabe, sin embargo, que numerosos empleados trabajan presuntamente en condiciones límite, bajo coacciones e insultos, y con la salud al borde del colapso.

Así lo describen una decena de trabajadores de la empresa Restaurante Egipto SL, que en los últimos años ha conseguido licencias para regentar al menos cuatro bares y numerosos de establecimientos comerciales dentro del codiciado recinto municipal. 

Su dueño es Elharrar Mardochee, conocido como El Maki. Hostelero de perfil poco conocido, tanto él como una de sus encargadas, Dunia M., figuran en al menos seis demandas laborales, obtenidas por este periódico, cuyos juicios se celebrarán entre julio y mayo de 2027. 

El relato de los trabajadores, que también han acudido a la Inspección de Trabajo, incluye horas extra obligatorias e impagadas, sobrecarga de tareas durante los turnos, acoso laboral, represalias por afiliación sindical, insultos racistas, amenazas y presiones continuadas para no coger la baja médica. Todo ello dentro de un clima laboral que describen como “hostil” y “humillante”, y que se agravó en 2025 al promover varios de ellos unas elecciones sindicales. 

La mayoría de las empleadas son además mujeres inmigrantes, sobre todo latinoamericanas, pero también italianas o filipinas. Varias son madres solteras. “Todas tienen miedo de perder el trabajo”, resume una de ellas, actualmente de baja. 

Las seis demandantes piden al juez que condene a Mardochee, a Dunia M. y a la empresa a una indemnización de 40.001 euros para cada una por daños morales derivados de lo que consideran una vulneración de sus derechos fundamentales. Piden además el “cese inmediato de la conducta de acoso”. 

El conflicto laboral, del que informó en primer lugar Crónica Global, ha ocasionado al menos seis bajas laborales vinculadas a estrés y ansiedad, además de despidos y renuncias, según afirman los trabajadores. 

Además de estas demandas, ha habido otras dos, que ha podido comprobar este diario, y que ascienden la cifra a ocho. Una de ellas, presentada por una trabajadora a la que no renovaron el contrato mientras estaba de baja por un cáncer de mama, se resolvió con un acuerdo entre las partes. Otra de ellas, con diez años de antigüedad como camarera, describe presiones para trabajar enferma e incluso para comercializar –a sabiendas– comidas en mal estado.

La situación es conocida en el mercado, afirman las fuentes consultadas. Sin embargo, Ayuntamiento de Barcelona, del que cuelga el Instituto Municipal de Mercados que gestiona la Boqueria, asegura desconocer las quejas más allá de lo aparecido en prensa. “La relación con los comerciantes no implica directamente el control de las condiciones laborales de las personas empleadas”, afirman fuentes del consistorio, que insistir en que no tienen “competencias” para actuar sobre este conflicto aunque el equipamiento sea municipal. 

elDiario.es se puso en contacto también con Mardochee y su encargada, Dunia M., a través de la empresa, para recabar su versión sobre las acusaciones. Pero no han respondido a las preguntas trasladadas por correo electrónico ni a las llamadas telefónicas. 

Mardochee, que antes de desembarcar en La Boqueria regentó un restaurante en La Rambla, se ha erigido durante la última década en uno de los empresarios con mayor cuota de licencias dentro del conocido mercado. “Coge puestos con idiosincrasia y tradición y los vacía de personalidad”, relata un paradista con varias décadas de trayectoria. 

En el mercado hay once bares, los locales que generan mayor facturación, y cuatro pertenecen a este hostelero. Entre ellos está el antiguo y conocido Pinotxo, ahora llamado Mític Bar tras una resolución judicial que le impide usar la marca original.

Además, controla al menos diez puestos más —tres de ellos con otra empresa— dedicados a la venta de jamón, especias, pollo o pescado, en su mayoría orientados a comida para llevar. Incluso Dunia M. posee también una licencia de establecimiento, según fuentes municipales.

“No se aceptan bajas”

Cuando Glenda, venezolana llegada a Barcelona con su hija en 2014, entró a trabajar en La Boqueria, lo vio como una oportunidad. “Quería aprender algo nuevo”, recuerda. Aunque la contrataron como personal de limpieza, sobre el papel las condiciones eran mejores de lo habitual en la hostelería: turnos de mañana o de tarde-noche, y los domingos libres, porque el mercado está cerrado. 

Pero los primeros días, a principios de 2023, fueron un preludio de lo que vendría: la jornada se alargaba más de lo estipulado porque tenía que lavar los platos de todos los bares de la empresa dentro del mercado. Al poco tiempo le añadieron más tareas: atender la barra, cobrar, preparar fritos… Y hasta cocinar a veces paellas sin tener ningún tipo de experiencia, asegura. “Una vez se me quemó toda, me salió negra, y la entregaron igual”, relata. 

Como ella, otras corroboran que a pesar de su categoría laboral, de limpieza o de ayudante de camarero, les exigieron cocinar arroces y despachar mesas. La sobrecarga de trabajo era tal, explica Glenda, que a menudo le daban ataques de ansiedad.

Sin embargo, una decena de trabajadores que han pasado por la empresa coinciden en señalar las presiones que recibían para evitar bajas médicas. Se trata de una suerte de política de la encargada, Dunia M., amparada por el dueño, afirman.

Glenda lo comprobó cuando le dio un ataque de asma: la conminaron a medicarse sin acudir al ambulatorio, asegura en la demanda. “No se aceptan bajas”, fue la premisa que dice que le trasladaron. Tras lesionarse una vez la muñeca, al cabo de unos días la dejaron ausentarse para ir al médico bajo la “expresa indicación” de no solicitar la baja: le dieron un día de descanso y se lo descontaron de sus vacaciones. 

Los relatos sobre esta práctica son numerosos. Dos camareras distintas afirman haberse cortado abriendo ostras y que no las dejaron irse. “A pesar de que sangraba, Dunia me dijo que me pusiera otro guante y siguiera”, señala K., que pasó por la Boqueria entre 2019 y 2022. Acudió al médico seis horas después, dice, y ya no pudieron coserle la herida. “La peor empresa en la que he trabajado, unos explotadores”, resume. 

Otras mujeres señalan cómo sus encargados les insistieron para acudir a sus puestos con fiebre, dolores de estómago o gastroenteritis. También otros accidentes laborales, como el de Tatiana, a la que se le cayó una viga de hierro encima y la tumbó en plena parada. “Tómate un paracetamol y ya está”, asegura que le dijeron. Hoy arrastra secuelas, afirma. 

Las llamadas y mensajes fuera de horario laboral, a veces en plenas pruebas médicas o de baja, figuran también dentro de las quejas. Cristina (nombre falso), que optó por no denunciar, explica cómo los encargados la presionaban mientras estaba ingresada de urgencias con vértigo. “Fueron 20 días de acoso”, afirma sobre los mensajes recibidos durante la posterior baja.

Al poco de regresar al trabajo, y tras informar de que estaba pendiente de visita al hematólogo, no le renovaron el contrato. Era noviembre de 2023; dos meses después, le diagnosticaron leucemia. 

Varias trabajadoras describen trabas para los permisos de cuidados de familiares. Parejas enfermas, operaciones de progenitores… La empresa siempre ponía pegas, afirman. Una de ellas denuncia que le denegaron el permiso incluso para ausentarse a asistir a su hija, que estaba en casa y había sufrido quemaduras en la cocina. 

Ana (también nombre ficticio) relata en su demanda el día en que la llamaron de la guardería de su hija, que estaba a 39 de fiebre. Asegura que fue “acorralada” por Dunia M. y otro encargado para que firmara un documento si quería ausentarse para ir a buscarla. Entre llantos, añade, acabó estampando su firma en un papel que la degradaba de categoría profesional a “lavaplatos”. 

Esto, esgrime su abogada en la demanda, forma parte del “hostigamiento” al que aseguran que se sometió a varios de los empleados que decidieron sindicarse. 

Regalos a los jefes y comida dañada

Las demandas y diversas entrevistas mantenidas con este diario también relatan insultos, a veces racistas, como “india pocahontas”, que habría proferido Dunia M. a una subordinada, o “¿cuándo has visto a un negro en libertad?”, de Mardochee, a otra. 

Las demandas detallan también que la empresa les pedía renunciar a las cuantías de varios días de propinas para hacer regalos a los jefes así como deficiencias de salubridad de los locales. “Cada local tenía la obligación de comprar regalos de lujo para la cena de empresa de cada fin de año para el jefe, la directora [Dunia] y el director (Dunia pedía expresamente marcas como Carolina Herrera)”, desgrana una de las denuncias

Algunos empleados denuncian suciedad y presencia de ratas y cucarachas de manera habitual. Una empleada asegura en su demanda que le empujaron a servir a consciencia comida dañada. “Me obligaron a servir un lenguado que olía mal a un niño”, explica. “Hay ratas comiendo género (mordisquean pulpos hervidos, bolsas de arroz, nadan en la olla de las albóndigas) y no se tira nada”, describe en la denuncia. 

Las trabajadoras aseguran que han contactado también con el Departamento de Salud de la Generalitat para alertar de ello. Pero tanto ellos como el Ayuntamiento de Barcelona –que tiene las competencias en inspecciones de sanidad– no se pronuncian. 

El salto a las presuntas amenazas

Actualmente, seis de los demandantes están de baja. A principios de 2025, cuando comenzaron a organizarse como plantilla y a canalizar sus reclamaciones mediante la convocatoria de elecciones sindicales, estaban en activo. Sin embargo, aseguran que ese proceso derivó en una mayor presión por parte de sus jefes y algunos compañeros, con presuntas coacciones, amenazas y situaciones de aislamiento.

En ese contexto, Glenda relata que, tras una reunión previa a las elecciones, Mardochee la apartó y le dijo: “Niña, te voy a dar un consejo, más vale ofender a la persona, matarla y que se vaya al cielo, que ofenderla y dejarla viva”, una expresión que figura en la denuncia como “grave amenaza velada”. No es habitual que saliera de la boca de Mardochee, señalan las distintas fuentes consultadas, que añaden que el presunto trato vejatorio directo solía dispensarlo Dunia M.

Antes y durante el proceso electoral sindical, la empresa maniobró presuntamente con otros empleados para aumentar la presión sobre los empleados críticos. Lo confirma incluso una de las trabajadoras que reconoce que en el chat de WhatsApp de la empresa, que comparten jefes y empleados, defendió a la dirección por miedo y por petición expresa de Dunia M.

Esta mujer, Laura (nombre ficticio), afirma que recibió órdenes para sobrecargar a una de esas compañeras y fue reprendida por saludarlas. La orden, dice, era “hacerlas sentir que están solas”. 

Una empleada reconoce que, fruto de lo que enmarcan como acoso antisindical de esos días, llegó a perseguir por el mercado a Dunia para golpearla. “No soy así, pero me bloqueé”, afirma. Ese día le habían abierto un parte por mala conducta, algo que asegura que fue una represalia por su reclamación de derechos laborales.

La candidatura crítica y a la que pertenecen las demandantes, afiliada a UGT, perdió –por dos representantes a tres– contra otra vinculada a CCOO, y que estas empleadas aseguran que fue impulsada por la propia empresa. Desde ese proceso electoral, en julio de 2025, hasta hoy, varios de los afiliados a UGT han ido causando baja por motivos relacionados con el clima laboral. 

Laura, la que afirma que fue empujada a pronunciarse contra sus colegas, acudió de Urgencias en agosto con un cuadro de “arritmia” y “paranoia social” debido al “estrés laboral extremo”. Aun así, afirma que la siguieron llamando para ir a trabajar.