La portada de mañana
Acceder
Colombia busca a las víctimas de su peor terremoto en la última década
La empresa del presunto soborno del novio de Ayuso deja a cero su facturación
Opinión - 'Ceuta, el Perejil de Pedro Sánchez', por Juan José Téllez

Discos Riff Raff, la tienda de vinilos que resiste en un mercado de L'Hospitalet: “Rosalía me salvó las Navidades”

Luis Benavides

L'Hospitalet de Llobregat —
10 de agosto de 2026 21:25 h

0

“Rosalía me salvó las Navidades”. Puede parecer una hipérbole, pero esta frase condensa la delicada situación de algunas tiendas de discos independientes. Pepe Dana, propietario de Riff Raff, explica esto mientras levanta la persiana de su parada y saca las cubetas de discos a una mesa plegable que tiene a pie de calle. “Su disco Lux ha sido un fenómeno absoluto. Nunca había vendido tantas copias de un mismo álbum. Salen discos de los Stones, de Madonna, de Foo Fighters... y se venden bien, pero lo de Rosalía fue increíble”, insiste Dana, que despachó unas 50 unidades del último trabajo de la artista catalana más universal.

Con permiso de la cantante de Sant Esteve Sesrovires, la verdadera salvación de Riff Raff llegó antes, con la concesión de un puesto exterior en el Mercat del Centre de L'Hospitalet de Llobregat a finales de 2025. “El negocio sigue vivo porque pago unos 120 euros al mes. No podría permitirme un local comercial convencional en esta misma zona vendiendo únicamente discos”, explica Dana, cuyo negocio ha pasado por otros tres locales desde su inauguración en 2013.

El emplazamiento actual es, con diferencia, el más barato y también el más pequeño. Los clientes más viajeros aseguran que es la tienda de discos más pequeña de Europa. Sea como sea, en sus apenas ocho metros cuadrados se amontonan varios cientos de discos en formato vinilo y CD, también libros, principalmente de temática musical.

Riff Raff no solo es singular por sus dimensiones y su ubicación en un mercado de abastos. También es la única tienda de discos de L'Hospitalet, la segunda ciudad de Catalunya, con casi 300.000 habitantes. Esto, que parece jugar a favor del negocio de Dana, evidencia un cambio de hábitos, una nueva forma de consumir música.

“Antes ibas a tu tienda favorita el día que salía el disco. Ahora puedes comprarlo por internet, a unos grandes almacenes o directamente a la banda, y te lo envían a casa. Hay tantos canales que cada vez cuesta más dedicarse solo a vender música”, asegura Dana, quien considera que no puede competir “ni con precio ni con rapidez” con los gigantes del comercio electrónico.

“Mi única ventaja competitiva es el trato”, defiende el vendedor, de 59 años, que disfruta consiguiendo discos descatalogados o ediciones limitadas y, sobre todo, recomendando discos a su clientela.

“Los vendedores somos algoritmos humanos. Si me viene alguien y me dice que quiere hacer un regalo a una persona que escucha a los Beatles, los Rolling Stones o Tina Turner, proceso toda esa información y le sugiero un disco”, explica Dana, orgulloso de sus estadísticas como prescriptor musical: cero devoluciones e incontables felicitaciones.

Una comunidad musical

Durante la entrevista para la preparación de este artículo, un cliente habitual recogió un recopilatorio de la mítica sala CBGB de Nueva York, otro preguntó por un estuche para guardar sus compactos y otro se interesó por el estado de un pedido. “Lo que más me gusta es conseguirle a alguien un disco que parece imposible –cuenta Dana–; y me pongo muy nervioso cuando veo que no puedo encontrarlo. Eso sí, la satisfacción al conseguirlo es gigante”.

Así, implicándose y ofreciendo un trato cercano, ha conseguido crear una comunidad alrededor de su negocio al por menor.

Su cliente más habitual suele ser un hombre (70%, calcula) de más de 40 años que escucha mayoritariamente punk, rock y heavy. “Entiendo que los más jóvenes no compren tantos discos como nosotros cuando teníamos su edad”, apunta el vendedor. “Ahora tienen toda la música a un clic, y los discos en formato físico no son baratos. Tengo clientes de veinte o treinta años que no compran más porque económicamente no pueden. También quieren salir, ir al cine y comprar entradas para conciertos”.

Todo empieza con Elvis

El primer recuerdo musical de Dana se remonta a los primeros años setenta: “Mi madre me dejó delante de la televisión con un bocadillo de Nocilla mientras ella hacía cosas por casa. Vi a Elvis cantar y bailar y recuerdo perfectamente que aquello me revolvió algo por dentro”.

Unos años más tarde, rememora este melómano nacido y crecido en L'Hospitalet de Llobregat, descubrió con seis o siete años bandas como Supertramp, T-Rex, Deep Purple y Kraftwerk gracias a unas vecinas: “Mis padres trabajaban y algunos días me quedaba con ellas. Tenían un 'comediscos' y me dejaban poner discos”.

Ya de adolescente, cursó estudios de mecánica en el actual Institut Escola del Treball y descubrió el heavy metal de la mano de uno de sus mejores amigos entonces. “Él era un fanático de Kiss y, gracias a él, fui a mi primer concierto”.

Durante años, trabajó en la fábrica de Seat en Martorell y aprovechó esos primeros sueldos para empezar su colección de vinilos. En los ochenta, recorría las calles de Tallers i Riera Baixa, el paraíso en la tierra para los melómanos por la gran cantidad de negocios dedicados a la música que allí se concentraban.

Un día, cansado de la rutina en la cadena de montaje, vio un anuncio: Gong Discos busca un vendedor para la campaña de Navidad. “Cobraba bastante menos que en la fábrica, pero me gustaba muchísimo. Iba al trabajo feliz”, rememora Dana, que trabajó por cuenta ajena en esa tienda durante unos cinco o seis años.

Momento decisivo

La cadena Gong Discos cerró en 2013 y Dana solo vio una opción: capitalizó el paro y montó su propio negocio. Así nace, empujado por las circunstancias, la primera encarnación de Riff Raff.

“El primer local era enorme y pagaba un dineral. Pensaba que funcionaría como Gong Discos, pero me pegué un buen trompazo”, recuerda. El nombre, aclara, viene por la canción de AC/DC y por la película de Ken Loach, uno de sus cineastas favoritos, pero también por su significado: el marginado, el outsider: “Pensé que si me gustaba por la música, por el cine y además significaba eso, era perfecto. Somos cuatro gatos y muy de barrio”.

La concesión del puesto que ocupa Riff Raff expira en 2045, por lo que Dana confía en poder jubilarse allí: “Veremos cómo evoluciona el mercado, porque todo dependerá de si la gente sigue valorando el formato físico”. Pero, apostilla, también de que artistas y bandas como Rosalía, Rolling Stones y Foo Fighters sigan publicando discos capaces de conectar con el público.