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¿La izquierda puede combatir a los nuevos Señores del Mal? Sí, con rebeldía

Neus Tomàs

10 de septiembre de 2026 21:57 h

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A Jordi Gracia le gusta provocar. Lo saben sus lectores y sus amigos. Es probable que eso explique por qué presenta su último libro como un panfleto. Lo ha titulado La izquierda ante el tecnofascismo (Anagrama). Es un provocador y también un tipo optimista, una cualidad que no abunda entre la gente de izquierdas. Hay que reconocer que en los tiempos que corren se agradece que alguien alce la voz para combatir ese nuevo tecnofascismo que se cuela en las escuelas y los parlamentos.

Esos Señores del Mal, como los identifica Gracia, son todos esos tecnoligarcas que se fotografiaron con Trump en su toma de posesión y otros que, aunque no salieron en la foto, persiguen el mismo propósito y que no es otro que ganar dinero a base de socavar la democracia. Son los propietarios “del negocio más gigantesco que ha conocido la humanidad”. Nombres que les sonarán, desde Sam Altman a Peter Thiel, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg.

El autor les define como los abanderados de un “fascismo cool escudado en la libertad de expresión”. Se han apoderado de ese derecho y del concepto de libertad en general. También lo hizo Thatcher y tampoco le salió mal.

El diagnóstico que hace Gracia es más extenso, pero lo más interesante del libro es su apelación a no seguir con los brazos cruzados, a mantenerse pasivos como si no hubiese nada que hacer. Ese ha sido uno de los errores, no el único, que en su opinión ha cometido la socialdemocracia. Puede que no fuese la primera responsable de la “avería profunda” de las democracias europeas, pero sí se la debe culpar de su inhibición ante los efectos corrosivos de esa antipolítica que ha campado a sus anchas por plataformas y redes durante tanto tiempo.

“Es una urgencia existencial para la izquierda liderar la rebeldía ciudadana y sociopolítica contra el oscurantismo irracionalista y la idolatría acrítica de la innovación tecnológica”. No parece fácil porque no lo es, pero ¿acaso hay otra alternativa?

“El motor diésel de la resistencia solo puede estar en la rehabilitación actualizada del humanismo ilustrado y el Estado como vanguardia, porque esa es la matriz de cualquier progreso social; es decir, de cualquier capacidad objetiva de transformar materialmente la vida de los más pobres y menos guarecidos bajo colchón alguno: ni familiar, ni tecnológico, ni laboral, ni cultural”, receta el autor.

Su propuesta es más Estado, un Estado del bienestar reforzado y que a ese 1% de la población más rica se le exija también más. En estos tiempos, exigir que los que más tienen, paguen más, parece osado. Debería ser algo evidente aunque ya nada lo es, incluso para los que se beneficiarían de una fiscalidad más justa.

Para ello, Gracia reclama a la izquierda que pierda los complejos, que la socialdemocracia, añade, recupere “swing, gracia, gancho y chispa” para rescatarla del pesimismo y del nihilismo derrotista (ese del que saca tanto rédito la extrema derecha). En resumen, salirse del marco actual.