Minuto a Minuto MINUTO A MINUTO | La crisis de Catalunya

OPINIÓN | Alea jacta est: ya sabemos lo que significa el 155

20:15 h, 21 de octubre de 2017

El constituyente español de 1978 no sabía qué es lo que quería la sociedad española respecto de la estructura del Estado y no tenía, en consecuencia, un punto de referencia sólido con base en el cual dar respuesta a este problema en el texto constitucional.

Sí sabía, sin embargo, lo que la sociedad no quería y lo que, por tanto, él no podía querer: el Estado unitario y centralista no podía ser la forma de Estado de la Democracia española. En España, Democracia y Estado Unitario no son compatibles. La evidencia empírica de la que disponemos es indiscutible. Ahí está la experiencia protodemocrática del Sexenio Revolucionario en el XIX y la de la Segunda República en el XX. En los dos únicos momentos en los que la sociedad española ha tenido un cierto protagonismo para definir la fórmula de su convivencia, el Estado unitario ha quedado descartado. Lo mismo ocurrió en los últimos años de la dictadura del General Franco. En los programas de todas las plataformas de los partidos políticos de la Transición, la descentralización política figuraba como una exigencia insoslayable.

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