REPORTAJE

Así se vivió el 1-O desde el centro de coordinación de los Mossos

La comisaría del Poble Nou de Barcelona es un enorme edificio de aspecto industrial en la confluencia de las calles Bolivia y Ávila desde el que se ve la torre Agbar y los edificios de la plaza de las Glòries. Allí fue donde en los días previos al 1 de octubre de 2017 los Mossos d'Esquadra emplazaron el Centro de Coordinación Central, que canalizaría la información de las llamadas “células de seguimiento” territoriales para el operativo conjunto entre Mossos, Policía Nacional y Guardia Civil durante el referéndum.

Desde este edificio la policía autonómica catalana coordinó la seguridad de una jornada de votación que se convirtió en una de violencia policial. 18 horas que eldiario.es ha podido reconstruir basándose en diversos informes policiales y técnicos enviados por los cuerpos a los juzgados. Unas memorias que arrojan luz sobre las horas en la que la relación entre las policías autonómica y del Estado saltó por los aires, y que, junto a la protesta frente a la conselleria de Economía del 20 de septiembre, contribuyeron decisivamente a que el mayor de los Mossos Josep Lluís Trapero y la intendente Teresa Laplana acabaran procesados por sedición y organización criminal.

El Centro de Coordinación Central (CECOR) instalado en la comisaría del Poble Nou abrió el 1 de octubre de 2017 a las 5 de la mañana. La planificación de la jornada se había decidido en varias reuniones celebradas entre el 25 y el 30 de septiembre, a las que acudía el mando único nombrado por el Ministerio del Interior, el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos, así como representantes de los dos cuerpos del Estado, el mayor de los Mossos Josep Lluís Trapero y, eventualmente, el fiscal superior de Catalunya, José María Romero de Tejada.

El acuerdo al que llegaron disponía que antes de la constitución de las mesas de votación, al menos una pareja de Mossos se personase en cada uno de los 2.259 colegios. Si estos agentes no podían cerrarlo, reclamarían apoyo a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que también podían actuar por su cuenta si constataban incidencias o “en función de la evolución de los acontecimientos”, en palabras de Pérez de los Cobos en un informe aportado al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC).

Para coordinar las peticiones de refuerzo, se establecieron cuatro “células de seguimiento”, una en cada subdelegación provincial del Gobierno, compuestas por miembros de los diferentes cuerpos. Estas reportarían al CECOR central, en Barcelona, compuesto solo por Mossos.

Según el informe entregado por los Mossos al TSJC, esas células provinciales iniciaron su actividad entre las 7 y las 7:30 de la mañana. Para entonces, el CECOR de la calle Bolivia llevaba ya dos horas funcionando, a cargo de un subinspector y del jefe de la Comisaría Superior de Coordinación Territorial, y desde esa misma hora las patrullas habían ido personándose en las escuelas. A las 8:45, desde coordinación de Mossos se envía el primer correo al mando único de Pérez de los Cobos. En él se debía anexar el listado de colegios en los que los Mossos reclamaban apoyo pero, en vez de eso, envió el listado completo de centros que ya se había enviado el día anterior.

La policía autonómica califica en su informe este hecho de “error involuntario”. Pero este error evitaba, al menos sobre el papel, una intervención previa de la Policía y Guardia Civil antes de que se constituyeran las mesas en los colegios. Sin embargo eso no fue así en todos los colegios porque, antes de las 9 horas, los Mossos tuvieron conocimiento a través de los medios y de sus propios agentes desplegados en el territorio que las fuerzas a las órdenes de Pérez de los Cobos habían iniciado actuaciones por su cuenta en algunos puntos.

Así ocurrió en el Instituto Jaume Balmes de Barcelona, donde la Policía Nacional reporta la necesidad de “hacer uso de la mínima fuerza imprescindible” a las 8:30 horas; también la escuela Prosperitat, donde la Policía hace acto de presencia a la misma hora, o el centro de formación de adultos Freire. También en los primeros minutos pasadas las 9 de la mañana se reportan actuaciones en cerca de una veintena de puntos, muchos de ellos en Barcelona pero también en Girona y Tarragona. Actuaciones, la mayoría, que se llevaron a cabo sin petición de apoyo previa por parte de los Mossos.

“La recepción de informaciones desde primera hora de la mañana del 1 de octubre que apuntaban a la muy limitada eficacia en la actuación de los Mossos [...] hizo necesario [...] activar las primeras actuaciones de las unidades de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado”. Así explica el propio Pérez de los Cobos en su informe por qué varias de sus unidades actuaron contra colegios del centro de Barcelona antes de ser requeridos por los Mossos. Según dejan ver en su redactado, a la información que esperaban de la policía catalana hay que sumarle la que ya conseguían por sus propios medios. “[Su acción policial] se focalizó especialmente en aquellos centros de votación de cuya apertura se tenía conocimiento fehaciente”, afirma.

A las 9:11 horas, los Mossos corrigen el mail previo, remitiendo, ahora sí, una lista de puntos de votación que ellos no habían podido cerrar. Pero como la sorpresa en el CECOR es máxima por las informaciones que afirman que las fuerzas del Estado están actuando por su cuenta y sin esperar a ser requeridos, el Jefe de la Comisaría llama al coronel Pérez de los Cobos por teléfono. Según dejaría reflejado la policía catalana, el mando único del Ministerio asegura entonces “desconocer” las intervenciones que se estaban produciendo, pero se compromete a informar en cuanto tenga conocimiento.

En los primeros minutos de la jornada los Mossos habían cerrado 90 centros de votación, según un mensaje enviado a las 9:03 horas desde el CECOR a sus unidades. Cerrarían solo una decena más a lo largo del día. Pese a la satisfacción por el ritmo inicial, la inquietud se fue apoderando en el Centro de Coordinación, en vista de que no reciben ninguna información de la actuación de los otros dos cuerpos que estaban operando. Los Mossos recalcan que en ningún momento del 1-O Pérez de los Cobos aportó motivos sobre por qué Policía y Guardia Civil actuaron sin que la policía catalana hubiera hecho una petición de apoyo, tal y como se había acordado, remarcan, en las reuniones previas.

Pérez de los Cobos había impuesto a todos los agentes –no sin protestas por parte de los Mossos– que se comunicaran mediante una aplicación llamada “Gestor de Eventos”, donde debían reportar las actuaciones de cada uno y los centros en los que se reclamaba apoyo.

Pero la aplicación dio problemas desde primera hora. Por una parte, los Mossos constataron que era muy lenta porque obligaba a introducir los datos de cada centro en cada reporte. Después comenzó a fallar, en Tarragona, también en Lleida y posteriormente en Girona. Por esta razón, el CECOR abrió un Excel para suplir la aplicación. Pero tampoco la coordinación central de los Mossos tenía acceso a los reportes de Policía y Guardia Civil. La situación durante la primera hora fue de caos y descoordinación total.

La informática no funcionaba, pero las reuniones presenciales tampoco. Pérez de los Cobos decidió suspender la primera reunión de seguimiento del operativo, prevista a las 10h. en la Delegación del Gobierno. El motivo, según expuso el coronel de la Guardia Civil, fue “la constatación fehaciente de la más que limitada eficacia de la actuación” de los Mossos, que le llevó a sustituir por contactos telefónicos todas las reuniones previstas, salvo la que se celebraría a las 12:30h.

El plantón de Pérez de los Cobos dejó una escena que los Mossos constataron en su informe: a las 10h., el jefe de la comisaría superior de coordinación acudió a la Delegación del Gobierno para celebrar la primera reunión, pero se encontró sin ninguno de sus homólogos de los otros cuerpos policiales. Según los Mossos, Pérez de los Cobos adujo que “se había olvidado” de la reunión.

A media mañana sí se produce una reunión en el propio TSJC, en la que coinciden Trapero y Pérez de los Cobos, además de los jefes de los cuerpos y la judicatura. Es entonces cuando Pérez de los Cobos cambia completamente la organización establecida y, en vista de los hechos consumados, consideró que ya no era necesario que los Mossos reclamaran apoyo antes de la actuación de sus hombres. Sí les reclamó que informasen sobre las actuaciones que llevaran a cabo, comprometiéndose a hacer lo mismo desde Policía y Guardia Civil. Pese a esto, el mando único del Ministerio no informó de las actuaciones de sus agentes hasta casi el cierre de los colegios.

En el informe que la policía autonómica envió al TSJC para dar cuenta de su actuación no se reportan recepciones de información desde la Policía ni la Guardia Civil hasta casi la hora del cierre de los colegios. Así, el centro de coordinación de los Mossos siguió las incidencias que se estaban produciendo en diversos puntos del territorio catalán por la prensa y la televisión o por las informaciones de sus propios agentes.

A partir de mediodía, a las labores para impedir el referéndum y garantizar la seguridad, la coordinación de los Mossos se preparó para una posible avalancha de denuncias por las cargas policiales. Solo en Barcelona se presentaron más de 100. Al filo de las dos de la tarde, desde el Centro de Coordinación se envió un mensaje recordando que la tipificación de las denuncias debía corresponder a los hechos denunciados, y se recordó que debía enmarcarse en las órdenes judiciales y fiscales que mandataban a los agentes para evitar el referéndum.

Las intensas cargas de la mañana dejaron de producirse. Pérez de los Cobos dio sus motivos al juez que investiga las cargas de Barcelona: las dificultades para escoger de qué puntos de votación se retiraban urnas y papeletas debido a la gran afluencia de votantes; la “previsión” –que en realidad no se cumplió– de que los votantes se concentraran frente a edificios estatales o cuarteles por la tarde, lo que llevó a “replegar” efectivos policiales para protegerlos; y que la franja horaria “prioritaria” de actuación estaba prevista entre las 7.30h. y las 10:00h. Las acusaciones de los heridos y la popular que ejerce el Ayuntamiento de Barcelona creen necesarias más explicaciones por parte del mando único.

El centro de coordinación de los Mossos, por su parte, envió a sus agentes dos mensajes poco después de las 19 horas, en las que recodaba la obligación de permanecer en los colegios, cerrarlos si fuera posible y requisar el material antes de su cierre. En algunos colegios la policía catalana actuó entonces, entrando en negociaciones con los ciudadanos que los custodiaban. En los más llenos, en cambio, esperaron al fin del recuento para llevarse el material y las urnas.

El día 1 de octubre fue la jornada que más horas han trabajado los Mossos en la historia. Así lo explicaría Ferran López, el número dos de Trapero, durante su comparecencia como testigo ante el Tribunal Supremo. Según sus cálculos fueron más de 92.000 horas en total, una media de 13 horas por agente. En total se cerraron en torno a 200 colegios, menos de un 10% de los que tuvieron actividad aquel día. 92 por parte de Policía y Guardia Civil, y el resto –más de la mitad–, por los Mossos.

Pese a eso, López reconoció que sus agentes no fueron demasiado eficaces cerrando colegios en la madrugada previa. Tampoco actuaron apenas durante el día, debido, según explicó, a que los policías de los que disponía no eran antidisturbios y los colegios estuvieron llenos buena parte del día.

Esas explicaciones no convencen a Pérez de los Cobos, quien realizó un informe demoledor en la parte sobre los Mossos d'Esquadra, partes del cual después reiteró ante Llarena. A su parecer, la policía catalana trató en todo momento de incumplir la orden judicial de parar el referéndum con un dispositivo diseñado para dar apariencia de lo contrario. “Ustedes preveían que el resultado de la actuación de los Mossos sería así?”, le preguntan en el audio anterior. Pérez de los Cobos asegura que “en todo momento se me trasladó por parte de los Mossos d'Esquadra que ellos acatarían la legalidad”. Una setentena de agentes de la policía catalana están imputados por supuestos delitos cometidos durante aquella jornada.