En valencià Opinión y blogs

Sobre este blog

La portada de mañana
Acceder
Trump ensaya una nueva narrativa con Irán y recurre ahora a la guerra de Vietnam
La ultraderecha se 'cuela' en los libros de historia para ensalzar mitos nacionalistas
Opinión - 'El pucherazo sin urna, nuevo invento contra Sánchez', por Rosa María Artal

Un libro contra los fondos “fantasma” que parasitan las ciudades

Carles Senso

València —

0

En España se pueden comprar pisos a 37.000 euros. O a 42.000 euros. No se quejen, esa posibilidad existe. La única premisa es ser un fondo de inversión y, junto a esa vivienda, comprar miles más, incluso cientos de miles más. Blackstone, Cerberus o Lone Star lo han hecho en los últimos años. También en otros países. Los fondos buitre compraron alrededor de un millón de viviendas en España en una de las mayores y más lucrativas privatizaciones de la historia, según estimaciones de Manuel Gabarre. “Hoy en día, buena parte de esas viviendas ya están vendidas a fondos de menor envergadura que continúan con el ciclo de la especulación (apartamentos turísticos, alquileres disparados o arrendamiento por habitaciones). La gentrificación y la turistificación son dos fenómenos íntimamente ligados al aterrizaje de estos fondos en España, y las consecuencias son —dicho por directivos de estos fondos que prefieren ser anónimos— que la sociedad corre el peligro de dividirse entre rentistas e inquilinos”. El entrecomillado es del periodista Gonzalo Sánchez, que acaba de publicar (con la Institució Alfons el Magnànim, la editorial de la Diputación de Valencia) el libro “Hogar, dulce negocio. Cómo los fondos de inversión devoran las ciudades”, cuya investigación fue Premio Josep Torrent de la Unió de Periodistes Valencians.

El libro llega como anillo al dedo en una sociedad española que ya sitúa la vivienda como su principal preocupación, citada por más del 40% de los ciudadanos como el mayor problema del país, según el CIS. Sánchez aporta una serie de nombres de empresas de funcionamiento opaco que, sin embargo, provocan una incidencia desgraciadamente palpable en cada calle de cada ciudad, transformando la realidad habitacional de múltiples urbes mundiales.

El libro no tendrá problemas para encontrar a diario pinzas de actualidad que inviten a leer sus páginas, de profundidad documental reseñable. El año empezó con un subidón del precio de la vivienda de 22.680 euros en Valencia y los tasadores constatan un incremento interanual del coste de los pisos del 18,3 %, seis veces por encima de la inflación. Por su parte, el Gobierno ha aprobado el Plan Estatal de Vivienda con 7.000 millones de euros enfocados en construcción y rehabilitación. También conocimos recientemente el titular: “El 'salvaje oeste' en el alquiler en València: pisos a 800 euros con la luz pinchada y sin agua caliente”.

Leer permite encontrar algunas de las explicaciones. Eso sí, es una lectura, la de Gonzalo Sánchez, que duele. Porque saber duele. Los fondos han ejercido de conexión entre el Estado, la banca y los caseros en la privatización de las viviendas públicas, un proceso que adquirió tintes dramáticos para las arcas españolas, a pesar de las afirmaciones iniciales de algunos políticos. Con todo, la fórmula pasaba y pasa por obtener el máximo beneficio en el menor tiempo posible ¿La consecuencia directa? Las subidas constantes del precio tanto del alquiler como de la compra. Mucho hubiese cambiado si se hubiera apostado por la configuración de un parque de vivienda social como solución a la crisis de 2008. Pero no. Y de aquellos polvos, estos lodos. Según idealista, CaixaBank y el fondo estadounidense Blackstone lideran el mercado de alquiler en España, sumando más de 41.000 viviendas entre ambos. Otras grandes empresas propietarias o “megatenedores” incluyen CBRE, Cerberus, Banco Santander, Nestar y Renta Corporación, concentrando más de 185.000 viviendas en alquiler.

Conductas parasitarias e inestabilidad familiar. Desahucios, futuro incierto, malestar social. Emancipaciones bloqueadas, apartamentos turísticos, descenso de la natalidad y concepción de las ciudades como “no lugares”. Han vampirizado la vivienda. Según arguye el periodista valenciano: “Los desahucios sin alternativa habitacional, las subidas brutales de los precios del alquiler, la infestación de un distrito con pisos de alquiler de temporada Todo ello tiene como consecuencia que la convivencia de los barrios salte por los aires y con ello su identidad, sus relaciones comunitarias y su paz social”.

Presiones y puertas cerradas

El trabajo de documentación no ha sido fácil. No ha contado con ayudas, aunque cierto es que los fondos no están demasiado preocupados por su desprestigio entre la población. Eso sí, cuentan con interesados defensores. Afirma Gonzalo Sánchez: “En el proceso de la investigación periodística ha habido presiones, pero sobre todo muchas puertas cerradas. Ha sido como reconstruir la escena de un crimen tratando de hallar al culpable. Llamé a todos los bancos implicados en las grandes ventas de viviendas tras la crisis, pero solo obtuve un ”eso no nos interesa que se publique“. Algunas respetadas cátedras de vivienda y observatorios me desaconsejaron que investigara porque ”los fondos buitre no existen“. Luego pude ver por quién están financiadas. Lo mismo sucedió con los fondos, sus servicers y muchos directivos que pude localizar. Un muro de hormigón con el que me chocaba constantemente. Finalmente, y tras muchísimo trabajo, algunos sí que accedieron a hablar conmigo con la condición del anonimato. En realidad, esta manera de actuar, en las sombras, de espaldas al control público le ha dado al fondo muchas más alegrías que disgustos en sus balances. Así que los fondos no amenazan ni presionan porque no les hace falta, simplemente hacen todo lo posible por esfumarse, por ser fantasmas, y tratan de ponerlo lo más complicado posible a aquel que quiera desenredar la madeja. Las presiones, en todo caso, van para sus trabajadores que tienen terminantemente prohibido hablar, y muchísimo menos con periodistas”.

Sin escrúpulos, los fondos explotan directamente a vecinos y vecinas con su control de servicios básicos como agua, electricidad, sanidad o vivienda. “Los fondos de inversión son una industria depredadora de ciudades. Su aterrizaje en el mercado inmobiliario español supuso la mayor privatización de la historia, una operación que ha transformado el derecho a la vivienda en un privilegio. Lejos de ser meros inversores, succionan el alma de las ciudades y dejan tras de sí un rastro de desahucios, alquileres por las nubes y barrios desmantelados. El libro destapa sus conexiones, así como las maniobras para eludir impuestos, dejando en evidencia un sistema perverso que privilegia el beneficio especulativo sobre el derecho a la vivienda”, argumenta Sánchez.

Y ante todo lo expuesto (mucho, muchísimo más en el libro), ¿existe una solución? “En el libro narro como Dinamarca aprobó hace unos años una ”ley antiBlackstone“ calificando a este fondo como un ”inversor infame“ y señalando directamente a los responsables como gente que solo venía a parasitar la riqueza de las familias sin aportar nada al país. Creo que ese es el camino, pero lamentablemente a estas alturas nadie espera ya decisiones políticas valientes. Por eso creo que, para combatirlos, lo único que está en la mano del ciudadano común es desenmascararlos, señalarlos, ponerles cara y ojos a los responsables de desmantelar barrios enteros y de desahuciar familias con hijos. Porque para ellos nuestras vidas no son más que un número en sus gigantescos portfolios. Un banco tiene una sede física donde ir a protestar, tienen trabajadores, responsables de zona… los fondos son fantasmas. Esa es su fuerza, ser etéreos, pero no lo son. Por eso le tienen alergia a la luz y los taquígrafos. Durante años las plataformas de vivienda y sindicatos de inquilinos no han sabido donde, ni a quién protestar. Porque estas empresas culpables de la mayoría de desahucios no tienen ni un trabajador en nómina”, arguye el autor, que remata: “Para combatirlos, como decía Kapuscinski, dar la luz y señalar a la cucaracha”.