El mapa de la red subterránea de hongos que recorre el mundo y permite la vida en la Tierra
Según un nuevo y revolucionario estudio, los suelos de nuestro planeta contienen suficientes hongos subterráneos —que sustentan la vida vegetal y ayudan a regular el clima— como para que su extensión alcanzara la distancia entre la Tierra y el Sol casi 750 millones de veces.
Los hongos micorrízicos arbusculares son redes de células tubulares llamadas hifas que sustentan la vida en la Tierra al formar asociaciones fundamentales con más del 70% de las plantas. Estas redes, que se han ido formando durante unos 475 millones de años, proporcionan nutrientes y agua a cambio del carbono producido por las plantas, y ayudan a regular el clima al absorber carbono en los suelos.
Sin embargo, a pesar de su importancia, se sabe muy poco sobre su distribución y densidad en los ecosistemas naturales. Esta fue una de las razones por las que una red global de científicos e investigadores creó en 2021 la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN, por sus siglas en inglés).
Ahora, en un nuevo estudio publicado en Science y calificado por uno de sus investigadores como “uno de los más emocionantes” de su carrera, un equipo de SPUN ha utilizado modelos de aprendizaje automático con datos de más de 16.000 muestras de suelo de todo el mundo para elaborar el primer mapa global de las redes de hongos micorrízicos arbusculares.
Los investigadores calcularon que las redes de hongos, si se estiraran de extremo a extremo, alcanzarían una longitud de 110 cuatrillones de kilómetros, lo que equivale a casi 750 millones de veces la distancia de la Tierra al Sol.
“Podría haber hasta diez metros de red micorrízica en tan solo una cucharadita de suelo”, afirmó Justin Stewart, autor principal del estudio.
El estudio también documenta las posibles amenazas a esta infraestructura vital. Los investigadores han descubierto que, de media, la densidad de las redes en las tierras de cultivo es un 47'3% inferior a la de los ecosistemas naturales.
“Muchas prácticas agrícolas a gran escala dañan las redes fúngicas”, afirmó Stewart. “La forma más evidente es, por ejemplo, arar la tierra, ya que se penetra en el suelo y literalmente se desgarra”. Los fertilizantes o fungicidas también pueden “alterar la simbiosis entre las plantas y los hongos”.
Los científicos han advertido de que las consecuencias de la pérdida de las redes fúngicas podrían ser muy variadas. Las redes fúngicas de menor densidad reducen la capacidad del suelo para almacenar carbono y distribuir nutrientes y estas redes también protegen las vías fluviales del nitrógeno, el fósforo y otras sustancias químicas.
“Si desaparecen, habrá muchos más productos químicos que acabarán en el agua”, afirmó la bióloga Toby Kiers, una de las autoras del estudio, quien también calificó este trabajo como uno de los más emocionantes de su vida. “En último lugar, el objetivo de la investigación es ayudar a los científicos y a los responsables políticos a comprender dónde prosperan los ecosistemas fúngicos y dónde se ven amenazados. Presentaremos estos datos a los gobiernos en la próxima Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación, que se celebrará en Mongolia en agosto”, explicó.
A través de estos mapas, los investigadores han descubierto que las praderas albergaban los sistemas de hifas más densos. Se constató que regiones como los Everglades de Florida, las praderas inundadas de Sudd en Sudán del Sur, y los ecosistemas de pradera y estepa de todo el mundo presentaban una densidad “excepcionalmente alta”.
Sin embargo, el estudio destaca que estas regiones suelen estar mal protegidas y se están degradando cada vez más.
Los investigadores han hecho también un llamamiento a una colaboración más estrecha entre los agricultores y los hongos. Stewart señaló que los rendimientos actuales de los cultivos se veían incrementados artificialmente por el uso intensivo de fertilizantes. Según el autor, si se instara a los agricultores a proteger y favorecer los hongos del suelo, las plantas podrían obtener más nutrientes de forma natural, reduciendo así la necesidad de fertilizantes. Y al mismo tiempo, los hongos ayudarían a transferir más carbono a las capas más profundas del suelo, mejorando el almacenamiento de carbono.
Según Kiers, “existe actualmente un gran movimiento no solo para restaurar las comunidades en la superficie, las cosas que se pueden ver, las plantas y los animales, sino también para restaurar las comunidades de hongos subterráneas. Y este conjunto de datos nos permite disponer de puntos de referencia sobre cómo puede ser una comunidad microbiana sana”.
El biólogo y coautor Merlin Sheldrake afirmó que el estudio ha descubierto “formas en las que podemos trabajar mejor con los hongos para ayudar a abordar muchos de los retos actuales de nuestro tiempo, desde la seguridad alimentaria hasta el cambio climático”.
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