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Un libro para superar las desigualdades estructurales machistas de la Justicia

Carles Senso

València —
17 de marzo de 2026 23:00 h

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Hay libros que se abren como luces que se encienden. Repercuten sobre el entorno, lo moldean queriendo o sin querer, indican que algo ha cambiado. Oye, esto no va a volver a ser igual, espabila, parecen gritar. Y no va a volver porque nos va la vida en ello y eso no es poca cosa, añaden. En 2025 fueron asesinadas 46 mujeres a manos de sus parejas o exparejas. En 2026 van 11, aunque, desgraciadamente, a bien seguro la cifra habrá aumentado entre la redacción del artículo y su publicación.

La consideración judicial de cualquier problemática se ha erigido como la herramienta de objetividad más importante para el debate social. Y esta conceptualización no puede esperar al cambio generacional, a la sustitución de unos por otras por el paso del tiempo y el peso de la decantación. No, exige de velocidad mental y adaptación de la materia gris judicial.

Consciente de la urgencia pero también sabedora de que los cambios de largo recorrido exigen pausa y reflexión, Susana Gisbert (fiscal especializada en delitos de odio y memoria democrática) firma “Exercir la justícia amb perspectiva de gènere”, publicado por la Institució Alfons el Magnànim. Sí, un libro. Un montón de letras con significante y significado claro: ¿Llevan los tribunales las gafas violeta cuando imparten justicia?

La valenciana Gisbert está licenciada en Derecho por la Universitat de València y es fiscal desde 1992. Escribir no es para ella una artificialidad, pues ha experimentado con formatos diversos que la han llevado a opinar en la prensa diaria (también en el eldiario.es) y en la jurídica, como por ejemplo en Lawpress News. Es también creadora del blog “Cono mí toga y mis tacones”, premiado como mejor blog personal en 2021. Así mismo, ha publicado varios libros de narrativa y ensayo. Esa experimentación literaria la ha llevado a recoger varios galardones como el otorgado por las Corts Valencianes, el Consell Valencià de Cultura y el Premio Guillem Agulló.

“La perspectiva de género es una herramienta de interpretación y aplicación de las normas que tiene en cuenta la desigualdad entre hombres y mujeres existente, para aplicar soluciones que corrijan tal desigualdad o, al menos, no lo aumentan ni perpetúan”, escribe la fiscal. La solución del problema pasa por la aceptación del problema. Una obviedad que, en los tiempos que corren, parece que se necesita recordar. Gisbert invita a un viaje por la historia reciente, las leyes y los estereotipos que todavía pesan sobre mujeres, niñas y niños, para mostrar hasta qué punto la igualdad que proclaman las normas continúa siendo, demasiado a menudo, solo formal. Así, a partir de casos concretos, la autora señala los puntos ciegos de la justicia y propone caminos para corregirlos, con una idea central: sin gafas violeta en los juzgados no habrá nunca una igualdad real.

Gloria Poyatos Matas, el 7 de marzo de 2017 y en la sala de lo social del Tribunal de Justicia de Canarias (Las Palmas) firmó la primera resolución en España en la que se definía jurídicamente la técnica de juzgar con perspectiva de género, para posteriormente ser aplicada al caso concreto sentenciado, que estimaba el recurso de súplica de una víctima de violencia de género divorciada, en reclamación de pensión de viudedad. Esa resolución fue premiada internacionalmente.

Politizar la desigualdad que sufren las mujeres, también ante la justicia, para reparar (en el sentido de descubrir tras observar con atención pero también en el de corregir) problemáticas que antes, sin esa mirada comprometida, no se habían percibido. De eso trata la perspectiva de género, de tener la capacidad analítica para desentrañar las construcciones culturales y sociales que definen la relación de los hombres y las mujeres en el entorno público o privado. Eso llevará a reconocer las relaciones de poder favorables a los hombres consolidadas durante tiempo de forma impositiva por grupos hegemónicos y su expansión hasta influenciar (manchar) todos los aspectos de la vida. “La perspectiva de género no es considerar que las mujeres son mejores que los hombres. Precisamente, se tiene que partir de la base que hombres y mujeres son iguales y así tenemos que ser tratadas, y esto necesariamente implica remover las trabas que lo impiden. Trabas culturales, sociales, históricos y legales. Pero, sobre todo, hay que aclarar que la perspectiva de género no consiste en reconocer más derechos a las mujeres que a los hombres, ni siquiera más privilegios, sino conseguir que las mujeres puedan hacer efectivos sus derechos con igualdad”, recoge Gisbert en el libro, que explica, con un estilo cercano y accesible, por qué su aplicación resulta esencial para garantizar una justicia efectiva. Un enfoque determinante en asuntos relacionados con pensiones, brecha salarial, conciliación, maternidad, planes de igualdad o riesgos laborales, además de, por supuesto, en casos de violencia de género.

A la postre, una incitación al debate a través de la provocación a un estamento judicial que, en ocasiones, parece estanco e inamovible. Ante esa inamovilidad, consciencia y sensibilidad para superar las desigualdades estructurales que aún persisten. Para ello, nada mejor que un libro de Gisbert. También la justicia necesita esa luz, esas páginas de un libro que se abre. Eso que repercute. Una mirada femenina para alumbrar una justicia feminista, es decir, igualitaria.