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Ciudadanía y academia en la Universidad: la transferencia inversa

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El pasado 23 de octubre, desde la Cátedra de Cambio Climático Territorio y Riesgos Ambientales en el Mediterráneo (en colaboración con el grupo de investigación RIUMED) se organizó una Jornada titulada “Aprender del territorio a escala local: universidad y ciudadanía ante el riesgo de inundación”.

Tuvo lugar en el Centro Cultural la Nau, sede histórica de la Universitat de València. Allí nos reunimos académicos, investigadores, docentes, alumnado, gestores del territorio, asociaciones locales, … ciudadanos y ciudadanas, todos y todas en última instancia.

Dos años después de la DANA, la Cátedra ofreció, una vez más, un lugar de encuentro y debate sobre el riesgo de inundación en nuestro territorio. Con la salvedad de que, en esta ocasión, ni los protagonistas éramos los académicos (aunque estábamos muy presentes), ni la escala territorial era extensa, aunque sí representativa (y mucho) de los problemas territoriales.

En la Jornada de trabajo se abordaron temas muy relevantes en relación a la transferencia de conocimiento y el rol que juegan las redes de stakeholders, agentes sociales, asociaciones y demás actores presentes en el territorio e implicados en la gestión.  Y todo ello a escala local: municipal y supramunicipal. Como no podía ser de otro modo y ante el recordatorio de la dana (evito hablar de aniversario), el foco de interés se centró en el Área Metropolitana de Valencia, fundamentalmente en l’Horta Sud, aunque también se dirigió la mirada hacia l´Horta Nord y el río Palancia.  

Fue una Jornada larga e intensa, con actividades muy variadas (presentaciones, mesas de debate, talleres, conferencias) y un alto grado de participación ciudadana. Comenzó con una conferencia de la abajo firmante que planteaba la transferencia de conocimiento a escala local como el gran reto del s. XXI., partiendo de la base de que los científicos “habían hecho los deberes”, desarrollando instrumentos teóricos y técnicos para predecir, prevenir y gestionar el riesgo de inundación. Ahora había que hacer llegar eso a la ciudadanía.

Al final de la Jornada, quedé gratamente sorprendida y muy esperanzada al ver que el gran reto del s. XXI, fortalecer el tejido asociativo, aprender de la inteligencia colectiva y mejorar el conocimiento del territorio, van por buen camino. La transferencia de conocimiento está funcionando. Y no sólo está funcionando en sentido unidireccional, desde la academia hacia la sociedad, sino que se está produciendo un importante proceso de “transferencia inversa” desde la ciudadanía hacia la universidad. Se construye así el caldo de cultivo adecuado para la co-creación de un conocimiento participativo y profundo sobre el riesgo de inundación. Un conocimiento que ayuda a desarrollar el espíritu crítico, entendido como la capacidad de convertir la duda en reflexión, de cuestionar las propias certezas y de transformar la incertidumbre (que tanto desasosiego nos provoca) en sabiduría. Porque el riesgo inevitablemente entraña incertidumbre y miedo. Ante eso, el conocimiento aporta seguridad y confianza.

Pero, más allá de las administraciones públicas, también brinda seguridad y confianza la red colaborativa que opera a escala local y a nivel supramunicipal (mancomunidades, fundaciones, asociaciones, CLERCs, etc.).

Y así se puso de manifiesto durante la Jornada. En este sentido quiero resaltar el esfuerzo, el compromiso y la generosidad de todos los representantes de la sociedad civil que participaron en las mesas de debate. No debe ser fácil y debe imponer bastante subir al estrado del aula magna de la Nau, alma mater de nuestra universidad, para compartir conocimientos y experiencias vitales. Y, aun así, lo hicieron, contribuyendo con ello a incrementar el capital cognitivo colectivo, mediante transferencia inversa. Por todo ello, me gustaría expresar mi más profundo agradecimiento por lo que nos han enseñado. Desde su valentía y generosidad, desde el relato de su experiencia, desde la comunicación emocional y desde su conocimiento del territorio.

También la universidad ha estado a la altura, asumiendo su función pública de formar a ciudadanos. Desde el Vicerrector de Cultura, Deportes y Vínculo Social de la UV, Albert Moncusí, que nos acompañó durante toda la Jornada participando incluso de los talleres de formación, hasta todos los profesores, investigadores y alumnos que participaron en la misma. Porque la universidad pública también está haciendo los deberes. Sólo a modo de ejemplo, se presentaron algunos de los proyectos (Build-Change, Risked, Innpulso, Intergeneraciones, Salvem les fotos, Andana) que ponen de manifiesto el gran esfuerzo que se está llevando a cabo desde las universidades para llegar a la ciudadanía.

Por lo que a mí respecta, creo que fui una de las personas que más aprendió de esta Jornada. Creo que estamos contribuyendo activamente a lo que mi colega Juan Romero denomina “maduración de contextos sociales”. Soy consciente de que aún queda mucho camino por recorrer y muchos obstáculos de salvar. No obstante, jornadas como las del pasado viernes aportan esperanza de futuro. Esperanza en la igualdad de género (el 50 % de las personas ponentes eran mujeres); esperanza en un mejor conocimiento de la cultura del riesgo (la gran mayoría de los asistentes eran conscientes del mismo) y esperanza en la co-responsabilidad ciudadana en lo referente al cuidado del territorio. Aprendí de mis colegas académicos, aprendí del saber ciudadano, aprendí de mis alumnos.

Y, sobre todo, constaté que el conocimiento es algo que tenemos que co-crear entre todos los actores: universidad, administraciones públicas, asociaciones sociales y vecinales, ciudadanos y ciudadanas, al fin y al cabo. Porque la transferencia tiene que ser multidireccional, tranversal y recíproca. De lo contrario no será efectiva.