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“No somos una minoría a la que se pueda ignorar”: las mujeres rurales en Aragón reclaman igualdad y poder de decisión

La presidenta de Fademur en Aragón, Carolina Llaquet.

María Bosque Senero

27 de octubre de 2026 23:29 h

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Carolina Llaquet, presidenta de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (Fademur) en Aragón, denuncia en esta entrevista la falta de avances tras el rechazo del Estatuto de las Mujeres Rurales y alerta de las desigualdades que persisten en el acceso al empleo, los recursos y los espacios de poder. Frente a esta situación, defiende que el futuro de los pueblos pasa por garantizar la autonomía económica de las mujeres, reforzar los servicios públicos y combatir la violencia machista sin que vivir en un municipio pequeño suponga una desventaja.

¿Cómo ha recibido Fademur el rechazo del Estatuto de las Mujeres Rurales en las Cortes de Aragón?

Con profunda decepción e indignación. Llevamos desde 2021 trabajando para que Aragón cuente con un Estatuto de las Mujeres Rurales y no entendemos qué ha cambiado para que ahora PP y Vox hayan decidido rechazarlo. Las Cortes conocían perfectamente el texto. Era exactamente la misma proposición de ley que se tomó en consideración en diciembre de 2024, con el apoyo de todos los grupos excepto Vox. Una norma que siguió los trámites parlamentarios establecidos. Se celebraron audiencias legislativas en las que participamos organizaciones y entidades vinculadas al medio rural y a la igualdad, y los propios grupos presentaron enmiendas durante el mes septiembre de 2025. Después de lo sucedido el pasado día 8 de octubre nos preguntamos por qué entonces sí consideraron oportuno legislar en esta materia y ahora no. ¿Qué ha cambiado para que quienes entonces apoyaron su tramitación ahora decidan darle la espalda?

¿Qué supone esta decisión para las mujeres que viven y trabajan en nuestros pueblos?

Creemos que se ha perdido una oportunidad para situar a Aragón a la vanguardia de la igualdad de género en el medio rural. Hay que tener un gran desconocimiento del medio rural, y de la situación de sus mujeres, para aseverar muchas de las cosas que escuchamos en el pleno y negar la necesidad de seguir avanzando en igualdad. Hemos conquistado derechos que nuestras madres y abuelas no tuvieron, pero todavía persisten desigualdades importantes. Quizá lo que incomoda no sea que las mujeres rurales hayamos conseguido ser visibles, sino que ahora reclamemos llegar a los espacios de poder y de toma de decisiones. Porque una cosa es aplaudirnos y otra muy distinta aceptar que también queremos decidir. La negativa de las Cortes a tramitar esta Ley significa renunciar a una herramienta legislativa que no afecta solamente a las mujeres de hoy, también al futuro de nuestros pueblos y a las oportunidades que tendrán nuestras hijas e hijos para crecer y desarrollar sus proyectos de vida en igualdad. No se puede hablar de luchar contra la despoblación y garantizar el futuro del medio rural mientras se renuncia a avanzar en igualdad.

Tras este rechazo, ¿cuáles van a ser los próximos pasos de Fademur? ¿Contemplan retomar la iniciativa, negociar con los grupos parlamentarios o buscar otras vías para impulsar las medidas que recogía el Estatuto?

Nosotras vamos a seguir trabajando en la misma línea en la que llevamos haciéndolo desde hace más de veinte años: defendiendo los derechos de las mujeres rurales y luchando por la igualdad y el progreso de las mujeres que viven en los pueblos aragoneses. El portazo de la derecha al Estatuto tira por tierra años de trabajo y para retomarlo habría que comenzar de nuevo todo el recorrido parlamentario. Y, sinceramente, tenemos la sensación de que, durante esta legislatura, cualquier intento de avanzar en esta materia va a ser como darse continuamente contra un muro. El Partido Popular parece estar cautivo de sus socios de Gobierno y haber cambiado sus prioridades en materia de igualdad. Nuestros representantes políticos deben ser conscientes de que las mujeres somos aproximadamente la mitad de la población de nuestros pueblos. No somos una minoría a la que se pueda ignorar o ningunear sin consecuencias. Las mujeres rurales también votamos, tenemos voz y tenemos memoria. Y quienes hoy nos dan la espalda deben ser conscientes de que sus decisiones también tendrán que explicarlas ante la ciudadanía. Desde Fademur vamos a seguir vigilantes, reivindicando y exigiendo responsabilidades a quienes tienen la obligación de garantizar esos derechos. Queremos una igualdad real y efectiva, que se traduzca en oportunidades, autonomía económica, participación y capacidad de decisión. Y vamos a seguir trabajando por ella, gobierne quien gobierne.

Tenemos la sensación de que, durante esta legislatura, cualquier intento de avanzar en esta materia va a ser como darse continuamente contra un muro. El Partido Popular parece estar cautivo de sus socios de Gobierno

¿Ha cambiado la imagen de la mujer rural en los últimos años?

La imagen de las mujeres rurales ha cambiado muchísimo, afortunadamente. Durante décadas hemos tenido que luchar contra una visión estereotipada que nos vinculaba casi exclusivamente al ámbito doméstico, a los cuidados o a un trabajo en las explotaciones agrarias que, en muchas ocasiones, ni siquiera estaba reconocido. Además, hemos conseguido que se hable de nosotras en plural.

¿Qué papel desempeñan hoy las mujeres en la economía y la transformación de los pueblos aragoneses, y qué obstáculos persisten para que su trabajo tenga el reconocimiento que merece?

Hoy las mujeres rurales somos agricultoras, ganaderas, empresarias, profesionales de todos los sectores, emprendedoras, investigadoras, responsables de proyectos innovadores y protagonistas de buena parte del dinamismo económico y social de nuestros pueblos. Mujeres rurales somos las que se quedaron, las que regresamos y las que llegaron desde otros territorios y países para construir aquí su proyecto de vida. También hemos avanzado mucho en visibilidad y reconocimiento. Pero no podemos confundir la visibilidad con la igualdad. Todavía persisten desigualdades en el acceso a los recursos, a la propiedad de la tierra, al empleo y, especialmente, a los espacios donde se toman las decisiones. Y seguimos asumiendo una parte desproporcionada de los cuidados, lo que condiciona nuestra autonomía económica y nuestras oportunidades. Nuestro gran reto ahora es conseguir que todo ese reconocimiento social se traduzca en derechos, independencia económica y capacidad real de decisión.

¿Cuáles son las principales dificultades que encuentran las mujeres que quieren emprender en el medio rural?

El acceso a la financiación, la falta de asesoramiento especializado, las dificultades para encontrar vivienda o las limitaciones de transporte y conectividad son algunos de los principales obstáculos. Y a todo ello se suma la desigual distribución de los cuidados, que sigue condicionando las oportunidades profesionales de muchas mujeres. También hay una dificultad que conocemos muy bien: la soledad de las emprendedoras. No siempre tienen cerca redes profesionales, espacios donde compartir experiencias o el acompañamiento necesario para sacar adelante sus proyectos.

Llaquet, junto a su hija en un campo.

¿Qué apoyos y servicios hacen falta para que puedan desarrollar sus proyectos profesionales sin tener que abandonar sus pueblos?

En nuestros pueblos hay muchísimo talento femenino y mujeres con ideas y proyectos que están generando actividad económica, creando empleo y ofreciendo servicios que contribuyen al desarrollo de sus territorios. Pero emprender en el medio rural sigue siendo más complicado que hacerlo en una ciudad y, si además eres mujer, a las dificultades territoriales se suman las desigualdades de género. Desde Fademur impulsamos diferentes programas y proyectos que ofrecen formación, asesoramiento y acompañamiento, además de facilitar la creación de redes de apoyo entre mujeres. Pero el emprendimiento no puede depender únicamente del esfuerzo individual. Necesitamos políticas públicas que faciliten el acceso a la financiación, servicios de proximidad, medidas de conciliación y apoyo técnico adaptado a la realidad de nuestros pueblos. Emprender en el medio rural no debería ser una heroicidad ni una carrera de obstáculos. Debería ser una opción profesional tan viable como hacerlo en una ciudad. 

¿Qué medidas considera prioritarias para mejorar la conciliación?

Cuando no hay escuela infantil, transporte público o recursos suficientes para atender a las personas dependientes, alguien tiene que asumir esas necesidades. Y sabemos que, todavía hoy, esa responsabilidad sigue recayendo mayoritariamente sobre las mujeres. Son ellas quienes con más frecuencia reducen sus jornadas laborales, renuncian a oportunidades profesionales o abandonan el empleo para hacerse cargo de los cuidados. La falta de servicios públicos tiene consecuencias especialmente graves para las mujeres. Por eso necesitamos una red de servicios públicos de proximidad, adaptada a las características de cada territorio y, por supuesto, avanzar en corresponsabilidad, porque los cuidados no pueden seguir considerándose una responsabilidad exclusiva de las mujeres. No podemos pedir a las mujeres jóvenes que se queden en nuestros pueblos, que trabajen, emprendan o formen una familia si después no les ofrecemos las condiciones necesarias para hacerlo.

¿Qué particularidades presenta la violencia machista en los pueblos y cómo influyen el aislamiento, la dependencia económica, la falta de privacidad o el miedo a pedir ayuda?

En el medio rural concurren circunstancias que pueden dificultar especialmente que las mujeres víctimas de violencia machista pidan ayuda o consigan salir de una situación de violencia. La falta de anonimato, el miedo al qué dirán, el aislamiento, la dependencia económica o las dificultades para acceder a servicios especializados son barreras añadidas. En un pueblo pequeño, donde todo el mundo se conoce, romper el silencio puede resultar especialmente difícil. Desde Fademur llevamos años denunciando esta realidad. En 2021 pusimos en marcha el Observatorio de Violencia de Género en el Medio Rural, precisamente para visibilizar una problemática que las estadísticas oficiales no siempre permiten analizar desde la perspectiva territorial. Y los datos son preocupantes: en 2025 el 33% de las mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en España vivían en municipios de menos de 20.000 habitantes. En 2024 esa cifra alcanzaba casi el 40 % del total. En lo que llevamos de 2026 los datos son más espeluznantes ya que estamos en el 45%. 19 de las 42 mujeres asesinadas este año vivían en el medio rural. Estas cifras demuestran que la violencia machista está muy presente en nuestros pueblos y que necesitamos políticas de prevención, protección y atención adaptadas a sus particularidades.

En el medio rural concurren circunstancias que pueden dificultar especialmente que las mujeres víctimas de violencia machista pidan ayuda o consigan salir de una situación de violencia. La falta de anonimato, el miedo al qué dirán, el aislamiento, la dependencia económica o las dificultades para acceder a servicios especializados son barreras añadidas

¿Qué recursos tienen las víctimas para acceder a protección, atención psicológica, asesoramiento jurídico y alojamiento seguro?

En Aragón contamos con los servicios del Instituto Aragonés de la Mujer, atención psicológica y jurídica en las comarcas, el teléfono gratuito 900 504 405, disponible las 24 horas, y recursos de alojamiento y protección para las víctimas. Pero no basta con que los recursos existan: hay que garantizar que lleguen realmente a todas las mujeres, con independencia del municipio en el que vivan. Necesitamos reforzar la atención especializada, la coordinación entre administraciones y, especialmente, la prevención y la sensibilización social. Porque una mujer no puede tener menos posibilidades de salir de una situación de violencia machista por vivir en un pueblo de cien habitantes que por vivir en Zaragoza.

Una vez que una mujer consigue salir de una situación de violencia machista, ¿cuenta con suficiente acompañamiento para recuperar su autonomía económica y reconstruir su vida, y con garantías de seguimiento?

Salir de una situación de violencia machista es un paso fundamental, pero muchas mujeres deben afrontar después el reto de reconstruir su vida, recuperar su independencia económica, encontrar empleo y vivienda y superar las secuelas psicológicas. En el medio rural, estas dificultades se agravan por la falta de oportunidades y recursos. Además, muchas mujeres se ven obligadas a abandonar sus pueblos, sus raíces y su entorno para empezar de nuevo, algo que debemos evitar siempre que su seguridad lo permita. Desde Fademur creemos que es imprescindible reforzar el acompañamiento a medio y largo plazo, facilitando el acceso al empleo, la vivienda, la atención psicológica y la conciliación. También es fundamental mejorar la coordinación entre los servicios públicos, acercar los recursos especializados a los municipios más pequeños y apostar por la prevención. Porque no basta con ayudar a una mujer a salir de la violencia: debemos garantizar que pueda reconstruir su vida con libertad, seguridad e independencia económica.

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