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Sin setas y sin turistas: el cambio climático amenaza la economía rural de Aragón

XXIV Jornadas Micológicas de Ayerbe

María Bosque Senero

21 de octubre de 2026 23:20 h

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Este otoño, el monte no ha respondido a la cita. La escasez de setas ha obligado a suspender las XXXV Jornadas Micológicas de Ayerbe (Huesca), previstas para los días 24 y 25 de octubre. La falta de ejemplares suficientes para organizar la exposición ha dejado en suspenso una tradición de más de tres décadas y ha privado al municipio de una actividad que atrae visitantes y contribuye a dinamizar su economía. 

La falta de precipitaciones y las elevadas temperaturas de los últimos meses han dejado los montes demasiado secos para que proliferen los hongos. Las lluvias recientes han llegado tarde: las setas necesitan humedad y tiempo para desarrollarse. Los micólogos han calculado que apenas podrían reunir entre 25 y 30 especies, frente a las más de 200 habituales en otras ediciones, uno dato con el que la organización tomaba la decisión definitiva de suspender la cita, ha explicado el alcalde de Ayerbe, Antonio Biescas. “Hemos aguantado hasta el final”, reconoce Biescas, que lamenta la cancelación de unas jornadas con más de tres décadas de historia. 

El Ayuntamiento calcula que la organización supone una inversión de entre 9.000 y 10.000 euros. Y, aunque no se puede atribuir esta cancelación concreta exclusivamente al cambio climático, esta cancelación pone de manifiesto hasta qué punto la actividad de los pueblos puede depender de unos ciclos naturales “cada vez más difíciles de predecir”. 

Cuando no hay setas, el pueblo también lo nota 

La suspensión de las jornadas no afecta únicamente a los aficionados a la micología. Una cita de estas características puede llenar mesas en bares y restaurantes, favorecer las reservas en alojamientos rurales y aumentar las ventas de tiendas y comercios locales. Cada visitante representa una oportunidad de consumo que se reparte entre distintos negocios, especialmente importantes en municipios pequeños. 

Las jornadas de Ayerbe estaban concebidas como una actividad divulgativa y turística, con salidas al monte, talleres, conferencias y exposiciones. Su suspensión supone perder una oportunidad para atraer visitantes que podrían consumir en bares y restaurantes, alojarse en casas rurales o comprar en los comercios locales porque, tal y como reconoce el alcalde “dinamizar económicamente el municipio y todo su entorno” es uno de los objetivos de esta cita. 

El impacto concreto sobre los negocios de Ayerbe no se ha cuantificado públicamente, pero la importancia del turismo micológico para las economías rurales está documentada. Un estudio del Gobierno de Aragón, basado en encuestas realizadas en oficinas de turismo, concluyó que el 67% de los micoturistas pernoctaba en el destino, con una estancia media de 3,1 días, mientras que el 33% eran excursionistas. Además, el 45% señalaba la recolección de setas silvestres como principal motivo de la visita; el 40% se identificaba con el turismo micogastronómico y el 15% con el micoturismo cultural. 

El mismo estudio indica que el 10% de las personas encuestadas en las oficinas de turismo había practicado micoturismo en Aragón durante los tres años anteriores. El turismo micológico, además, suele vincularse a otras experiencias: la gastronomía de temporada, las rutas por el entorno, el patrimonio y el contacto con la naturaleza. Si una actividad desaparece del calendario, el perjuicio potencial no se limita a la venta de setas o a los platos elaborados con ellas. Puede afectar al conjunto de la experiencia turística que el pueblo ofrece. 

Aunque estos datos no miden el impacto actual en Ayerbe, muestran el potencial de esta actividad para generar pernoctaciones y gasto en el territorio. Cuando falla la temporada, las consecuencias pueden extenderse mucho más allá del monte. “Se va a notar en el pueblo, en todos los establecimientos”, apuntan desde el hostal local O Callejón de Belchite, en e que se han anulado tres habitaciones de las seis que ofertan. “Esta vez nos salva que tenemos contratadas comidas para otra actividad y otras tres habitaciones para una familia que viene al pueblo por otros motivos”, apuntan desde este hostal, que es un ejemplo de cómo pequeños negocios rurales se ven directamente afectados por la suspensión de eventos tan importantes como lo son las Jornadas Micológicas en la localidad de Ayerbe. 

Una situación que se repite en Aragón 

Ayerbe no es el primer municipio aragonés que afronta una mala temporada micológica. En 2016, la falta de lluvias y las altas temperaturas anticipaban una campaña muy negativa, con preocupación por la repercusión sobre la hostelería. En 2017, la sequía volvió a perjudicar la temporada en comarcas como el Maestrazgo, aunque la situación variaba según el territorio. 

El propio Ayerbe ya había vivido dificultades en 2022, cuando las escasas setas no impidieron mantener una programación divulgativa y gastronómica. Este año, sin embargo, la falta de ejemplares ha llevado a suspender las jornadas, previstas para el último fin de semana de octubre. En 2025, el alcalde apuntaba a la importancia de cuidar el monte: “No vale todo, el monte hay que cuidarlo porque si no, no habrá setas”. 

La decisión de este año recuerda que la adaptación al cambio climático no consiste únicamente en proteger los cultivos o gestionar el agua. También exige pensar cómo diversificar la economía rural, reducir la dependencia de temporadas concretas y mantener el atractivo turístico cuando los recursos naturales escasean.

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