Senado de progreso: el poder de la sociedad civil
Hace varios meses, antes de la primavera, un pequeño grupo de personas redactaron un manifiesto, “Senadoras y Senadores por la democracia”, que sirvió de pistoletazo de salida para la creación de una plataforma ciudadana, cuyo objetivo era convencer a las organizaciones políticas progresistas de la necesidad de acordar, en el mayor número de provincias posible, candidaturas unitarias para el Senado. En torno al manifiesto se fueron sumando firmas de apoyo y voluntades por todo el Estado.
La unidad de la izquierda nunca ha sido cosa sencilla, pero la experiencia de la utilización de la Cámara por el Partido Popular y el riesgo de que las derechas, si alcanzaban mayoría suficiente, pudiesen diseñar un Consejo General del Poder Judicial y un Tribunal Constitucional a su medida, los llevó a intentarlo. Además, dadas las competencias del Senado y el amplio margen de mejora que tiene, el acuerdo programático no tenía que ser un problema: la defensa de la democracia, los servicios públicos, la solidaridad… y hacer del Senado una Cámara territorial forman parte del denominador común de las organizaciones políticas progresistas.
Al final, el adelanto electoral obligó a modificar la estrategia de la plataforma, hubo que agilizar los contactos y las negociaciones. Seguro que, con más tiempo, con más tranquilidad, se podía haber hecho mejor, pero, aun así, se ha conseguido un acuerdo en más de cuarenta provincias, algo impensable hace solo unos meses. Y se ha roto un tabú: aun con las posibles imperfecciones, se ha demostrado que cuando nos centramos en objetivos concretos y ponemos en valor lo que nos une, somos capaces de trabajar juntos casi la totalidad del espectro político de la izquierda.
Pero no está todo ganado, como era de esperar, la derecha va a reaccionar y es posible que Vox no presente candidatura para el Senado en algunas provincias. Si alguien tenía alguna duda, ya está claro, el pacto de las derechas para acabar con las reformas llevadas a cabo por la coalición progresista, las relacionadas con el bienestar, los derechos y las libertades de la mayoría, es un hecho. Por eso, la elaboración de las listas, el diseño de la campaña y la participación de la sociedad civil en la misma son factores fundamentales para conseguir la mayoría del Senado y cambiar la tendencia que marcan las encuestas.
Las candidaturas que representan solo la correlación de fuerzas dentro de cada partido, no son atractivas para la ciudadanía. Hace falta generar ilusión -ilusión que se transmitirá a la votación para el Congreso- y para eso, es necesario presentar a personas reconocibles por su presencia en la sociedad, su compromiso concreto con las causas que se dicen defender. Una campaña unitaria, con presencia conjunta de las diferentes organizaciones que apoyan la iniciativa, con discursos coherentes, hace más creíble el compromiso común por un “Senado de progreso”. Y, finalmente, la plataforma promotora de esta idea puede aportar a la campaña un capital humano nada despreciable y un valor añadido al que supone el acuerdo entre distintos partidos.
En los últimos tiempos, la desconfianza de buena parte de la sociedad en la política y las instituciones ha crecido considerablemente. El divorcio entre la ciudadanía y quienes están llamados a ser nuestros representantes es patente y tiene diversas causas, pero hay una cosa que no podemos olvidar: los verdaderos protagonistas de la política somos las personas. Las personas reclamamos nuestras necesidades, elegimos a quienes nos representan, les prestamos nuestro voto por una legislatura, y sufrimos o disfrutamos de lo acordado por las instituciones. Pero no debe quedar ahí nuestro protagonismo, también tenemos capacidad para influir en el rumbo de las decisiones importantes. La respuesta ante el desahucio de Maricarmen Abascal o la iniciativa para un Senado de progreso son pruebas de ello.
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