A quien lea
Europa, ante Botín y los suyos
“Però… Hi ha un demà per a qui viu asclant-se
o mor voltat d’anònima tristesa;
un demà fill d’aquest avui, afermant-se,
amb l’arrel que nodrí un preludi gràvid
d’ignominiós poder contra flebesa,
contra indefensa força i mans nugades“.
Matilde Lloria, Gandia (La Safor). Premi Ausiàs March 1975
La Generalitat del País Valenciano debería celebrar, a bombo y platillo, el 40 aniversario de la integración del Reino de España en el seno de las Comunidades Europeas (1986), hoy Unión Europea. El anhelo y el deseo, nada disimulado, desde antes y sobre todo, después de la Segunda Guerra Mundial, era unirse al destino europeo de la sociedad y los ciudadanos. Por obra y gracia del proyecto federal que habría de convertir el mosaico de naciones que se sienten Europa homologada en la potencia de no menos de 450 millones de habitantes. Capaz de contrarrestar el ansia imperialista de los bloques conocidos de USA, China, Rusia, India, azuzados por el hervidero de tensiones que converge en Oriente Medio y sus prolongaciones. Aún con misión trascendental, la Unión Europea, de organización conocida y talante convencional, todavía no ha decidido cuál ha de ser su alineación definitiva. Ni hacia dónde va.
El lobby bancario y el periodístico
Estos días se ha visto el órdago que lanzan los responsables de importantes banqueros continentales –Santander, BNP Paribas, Crédit Agricole, Deutsche Bank, Société Générale, ING-, suizos –UBS– e incluso británicos –HSBC, Barclays, Standard Chartered– con la firma conjunta de un manifiesto que en España encabeza Ana Botín, presidenta del Banco Santander, señera entidad bancaria española. Operación amparada y difundida por la entente periodístico LENA (Leading-European-Newspaper-Alliance) alianza de periódicos europeos (El País). Europa, a pesar del Brexit, vuelve a ser unidad de destino en lo financiero bajo el enunciado: ‘Europa necesita escala y decisión’, utilizando terminología perteneciente a la jerga economicista. La que se utiliza con el pie cambiado para hacer incompresibles los textos para el gran público.
Los bancos alertan y se protegen
La ‘escala’ que necesita, -no Europa. sino la Unión Europea– es tomar conciencia de su arriesgada posición geoestratégica. Reforzar la cohesión y la dimensión de sus resortes. Los fundamentales para afrontar con éxito los desafíos económicos, financieros, empresariales – según los banqueros– y los sociales, culturales, científicos, tecnológicos, laborales, innovadores e incluso bélicos. A añadir a la razonada lista de reivindicaciones, de parte, que enfatizan los dirigentes financieros involucrados en la operación: para superar la crisis de bajo crecimiento y falta de inversión. Motivo de la alarma:en los últimos 25 años la productividad europea se ha distanciado de la estadounidense en más de un 30%. Los responsables bancarios van directos al grano y redactan la receta que ‘necesitan’ para superar el obstáculo y las rigideces que, según ellos, provocan el retraso del Viejo Continente con respecto al Nuevo Mundo que emerge de los USA- MAGA. El documento emitido por tan poderosos interlocutores en representación –real o sobredimensionada– del más amplio sector financiero europeo, no hay que minusvalorarlo. Por el contrario, es preciso y elocuente, aunque parcial. El grupo de presión financiero se defiende.
Sin productividad ni inversión
En una traspolación al mosaico hispano del que forma parte, nada menospreciable, el País Valenciano (5.500.000 humanos) también se podría afirmar que se ha perdido el tren de la productividad con respecto a otras zonas de España y por tanto, de Europa. Se alzan voces discrepantes– la del presidente de AVE, Vicente Boluda– ante la pelota dejada caer por el gobierno de España (PSOE-Sumar) para compensar la infrafinanciación crónica e injusta de la autonomía valenciana. Discrepancias surgidas a raíz de la iniciativa política de Esquerra Republicana de Catalunya, en carta jugada por Oriol Junqueras en el Palacio de la Moncloa. ¿Cómo puede ser productivo y competitivo el País Valenciano sin estar adecuadamente financiado, con una descomunal deuda histórica de 62.000 millones de euros? Cuya causa en un 78’6 % es la infrafinanciación derivada del sistema adoptado en 2009 hasta 2023 con gobiernos del Partido Popular y PSOE en coalición con Sumar, apoyado por los apéndices periféricos y de izquierdas.Lo más doloroso: permanente después de ocho años de gobiernos valencianos del PSOE (Ximo Puig) y Compromís. Pero la etapa más dura y decepcionante es el advenimiento de las mayorías en las Corts Valencianes del PP (Carlos Mazón y Juanfran Pérez Llorca) y Vox (Carlos Flores y Santiago Abascal) desde 2023. Gobiernos absortos en dar bandazos con la presencia a Vox en el Consell (Vicente Barrera, vicepresidente), seguida de la inexplicada salida, en la incompetencia. Centrados en la obsesión de estrangular y asfixiar los avances en cultura, educación, defensa de la lengua y de las manifestaciones y entidades que mal vivían y ahora sucumben condenadas al ostracismo de la inanidad.
Purgas y afinidades
Ya se escuchan rumores de cierre de la radiotelevisión valenciana À punt, concebida en la precariedad y ahora amenazada de muerte. Un fracaso político y colectivo más por el enfoque errado de sus coordenadas profesionales inmersas en el chapoteo continuo de sus directrices de camarillas inútiles y retrógradas. Languidece asfixiada –rebaja presupuestaria– la vituperada y estatutaria Acadèmia Valenciana de la Llengua, mientras se depura a los restos dialogantes de la secesionista Academia de Cultura Valenciana – antes Centro de Cultura Valenciana– para incrementar la dotación de fondos y subvenciones. Con el propósito de cambiar lo falso y reaccionario por lo auténtico y homologado en el mundo racional y científico. Condenar a un territorio en proceso federal a la infrafinanciación, al endeudamiento galopante y a la subsistencia económica inviable, es el camino más directo al desastre en la ineficiencia política. Máxime cuando los liderazgos en entidades e instituciones, –públicas y privadas– obedecen a razones de afinidad y lealtad ideológica. Al margen de cualquier criterio de eficiencia y eficacia para fortalecer las capacidades de adecuación de los resortes políticos, económicos y sociales del País Valenciano. Precisos para afrontar y superar la crisis de baja productividad y las carencias de inversión que advierten los magnates bancarios para Europa.
Desconcierto y debilidad
Hay varios documentos, tratados e informes acerca de cuál es la desgracia europea junto a las recetas y la retahíla de exigencias y consejos para que la Unión Europea no se vaya al traste. El Informe Mario Draghi, el de Enrico Letta, el tratado de Sami Naïr sobre ‘Europa encadenada’, las advertencias de Christine Lagarde desde el Banco Central Europeo, y las maldiciones de Donald Trump desde el púlpito todopoderoso de la Casa Blanca, abren el teatro internacional agitado y sombrío. Por las agresiones bélicas de Putin desde el Kremlin y el revuelo general del mundo en ebullición que degenera en catarsis. No sólo para el continente europeo sino para todos los agentes que influyen en el acontecer de los países civilizados. En esta situación de desconcierto y debilidad, las amenazas vienen del exterior en gran medida, sin descartar las que vienen del interior. Ante el manifiesto reivindicativo de los bancarios centrado, como siempre en las reclamaciones y advertencias de su sector, el financiero, para conseguir lo que dicen necesitar para que sus entidades y negocios sean rentables y eficaces para el conjunto de la economía europea. Vitales para la financiación privada. Por tanto, la española y la valenciana. La duda es: ¿si las entidades financieras europeas consiguen la desregulación, la agilidad y la concentración bancaria que persiguen, –a imitación del sistema estadounidense y para combatirlo-- Europa y los europeos estarán más seguros? ¿Serán más ricos, tendrán más empleos, progresarán en economía del bienestar, mejorará su umbral cultural, ganarán en calidad educativa, serán más felices? Especialmente las generaciones venideras.
Pisar el terreno: trabajo de campo
Enrico Letta en su libro sobre el dilema europeo en la era Trump recuerda el consejo que le dio el maestro Jacques Delors para hacer bien su trabajo: “No te encierres en un despacho en Bruselas para escribir el informe. Las personas son el corazón del mercado único, ve a conocerlas donde viven, ve a todos los países europeos y, sobre todo no te detengas en las capitales, recorre todo el territorio que puedas de los Estados miembros”. La duda es si los grandes banqueros europeos han seguido esta pauta – para discernir y decidir– que significa: vayamos a todas partes, veamos lo que pasa, hablemos con muchos, escuchemos a todos. No nos encerremos en el contexto financiero, no nos creamos el ombligo del mundo. Pensemos en todas las facetas que conforman el acervo comunitario. Fijémonos en el mundo cultural, académico y universitario. Reunamos información de todos los sectores económicos. Europa es múltiple y sorprendente. Tiene más habitantes que USA. y por tanto más consumidores internos. Si banqueros británicos se han sumado a las reivindicaciones de los magnates financieros de la UE, también se puede lograr la recuperación de la alianza que recomponga las fuerzas europeas con las del Reino Unido que un día, no muy lejano (2017), formaba parte del conjunto europeo al que pertenece. Hay muchas más razones para unirnos que para separarnos. Podemos empezar a pensar que los EE.UU. no siempre estarán gobernados por la megalomanía disruptiva de Donald Trump.
Agravios comparativos
En la manera europea de afrontar las dificultades existenciales se ven dos actitudes: una egocéntrica y endogámica, en la predomina el el individualismo sectorial y otra con visión generosa que se proyecta sobre el conjunto de valores y matices que han aportado al proyecto europeo: cohesión y fortaleza social. En el campo económico-empresarial se repite la idea de que cada sector ve sus intereses como fundamentales e imprescindibles para que Europa subsista y sea posible. Se ha visto con las protestas tardías de los agricultores, con retranca política alimentada por la ultraderecha, para paralizar la firma del acuerdo comercial UE- Mercosur. Si miramos hacia atrás, en el proceso de integración del Reino de España en las Comunidades Europeas (1977-1986), se sacrificaron los intereses de la agricultura mediterránea (cítricos), competitiva y exportadora, en aras del bien del conjunto español, donde predominan la agricultura proteccionista–amparada por la Política Agraria Común (PAC)-- y la producción industrial que fue la gran beneficiada. Salvo tres sectores industriales que fueron sacrificados: la siderurgia (IV Planta Siderúrgica de Sagunt), la construcción naval (Unión Naval de Levante) y el textil (clúster potente en la Vall d’Albaida-l’Alcoià). A cambio de estos agravios comparativos con sus costes, España se transformó hasta llegar a ser la cuarta gran economía de la UE entre los 27 Estados miembros. La decisiva metamorfosis comprobable, en mayor medida en las zonas deprimidas del interior peninsular, se consiguió a expensas del sacrificio de la periferia y de determinados sectores industriales. Es un error demasiado repetido considerar las mejoras o los inconvenientes a partir de un punto en el proceso europeo o de los cuarenta años de integración. Para llegar a la situación actual, con y sin crisis, unos han pagado por otros. Todos beneficiados, aunque unos más que otros. Mientras el centro va en AVE a todas partes –de Andalucía a Galicia–, la periferia ha de luchar para no verse preterida y carece de Corredor Mediterráneo. El primero que se tenía que hacer en 1989 y el último en las prioridades políticas hegemónicas del bipartidismo (PSOE- PP) que manda en España.
Mediterraneidad
El mar Mediterráneo y su universo son cardinales en la idea y el desarrollo de Europa. Grecia, Roma, Constantinopla, Carlomagno o el canal de Suez constituyen pilares europeos que impulsan la aculturación americana –Norte y Sur– en cinco siglos. Sin la solidez europea el continente americano por sí solo sería un enigma. La flota de Trump ha tenido que entrar por el estrecho de Gibraltar para hostigar a Irán por cuenta de los USA, apoyándose en las bases estadounidenses que salpican el Mare Nostrum y en el aliado estratégico para Oriente Medio, Israel, ribereño en el flanco oeste mediterráneo. Una vez más hay quien inicia las hostilidades y otros padecemos las consecuencias. Todos pagaremos aranceles y los zarpazos bélicos de quien se desentiende de la ONU, la OTAN o de la guerra europea de Ucrania. La recuperación de la centralidad mediterránea es importante para Europa en una encrucijada que amenaza con desestabilizar el mundo. “Haber sido es una condición para ser”, afirmaba Fernand Braudel, el mejor estudioso de la mediterraneidad que trasciende en el proceso histórico de las civilizaciones.
Cooperación
El europeísmo no se explica sin la voluntad de cooperación. Mientras los banqueros se ocupen sólo de sus finanzas, los bodegueros de sus vinos, los hoteleros de sus hoteles, los cooperativistas de sus cooperativas, los zapateros de sus zapatos, los cerealistas de sus cereales, los naranjeros de sus naranjas, los mueblistas de sus muebles o los informáticos de su digitalización. los fabricantes de armas de sus artefactos o la industria automovilística de sus coches, el proyecto de unificación europea seguirá en peligro como la Europa nacionalista de la Patrias. La que intenta renacer fomentada y financiada por las facciones secesionistas de ultraderecha. Por los enemigos de Europa empoderada.Capaz de equilibrar el mundo desde la autoridad moral que aporta la centralidad geoestratégica. No existe para Europa una política de recambio. No se entiende una política suficiente de Alemania o de Francia para la UE de 27 Estados miembros. Menos si se incorporan los países que llaman a su puerta. Ya no hay destino imperial para Gran Bretaña, aunque se aferre a la insularidad. Y en conclusión de un padre de la unidad europea, Jean Monnet: “Los Estados Unidos sólo tienen un aliado seguro en Europa: Europa.”. La reunión hacia el umbral próximo de 36 países en la UE reafirmando su proyecto federal en torno al mercado común, con moneda única nexo político en su acción exterior fundamentada en la seguridad y la defensa integradas.