ENTREVISTA
La pareja china imputada por blanqueo con un criptomonedero: “La prisión fue la etapa más oscura de nuestra vida”
S. Y. (Shanghái, 1987) y Z. W. (Hebei, 1985), asentados en València y detenidos en el marco de la 'Operación Karasu', pasaron cinco meses en prisión provisional, a su juicio, como consecuencia de un “error de transcripción” de la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) de la Policía Nacional. Por el contrario, la UDEF se reafirma en la atribución a S. Y. de la titularidad de un criptomonedero por el que circularon 21,5 millones de dólares para blanquear fondos de una presunta organización criminal.
Por su parte, la titular de la Plaza número 3 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de Almería, que centraliza el procedimiento, ha desestimado los recursos de la defensa de ambos investigados, que solicitaban el sobreseimiento libre, al ver indicios de un presunto delito de blanqueo de capitales, en sintonía con la postura de la fiscal.
El matrimonio, investigado en la causa, relata en esta entrevista con elDiario.es su paso por distintas prisiones españolas y su batalla para cuestionar el entuerto en el que están implicados. Se trata de dos expolicías chinos que, según relatan, abandonaron todo en su país de origen para instalarse en España. El 14 de enero de 2025, un operativo policial irrumpió en su vivienda para arrestarlos. Su hijo, de apenas ocho años, pasó dos meses en un centro de menores.
S. Y. y Z. W. han contestado por escrito las preguntas de este diario.
¿Cómo vivieron la detención del 14 de enero de 2025?
S. Y.: Fue una experiencia aterradora, un infierno. Aquella madrugada todavía estábamos durmiendo cuando, de repente, un enorme dispositivo policial rodeó nuestra casa. Calculo que había alrededor de un centenar de policías armados. Habían acordonado la zona y también había un helicóptero en el aire. Los GEO derribaron la puerta del garaje, la de la casa y la del dormitorio. Un grupo numeroso de policías con casco irrumpió en nuestra habitación y apuntó con pistolas a la cabeza de mi marido. Me di cuenta de que también había una cámara grabándolo todo. Yo seguía en pijama. Me esposaron con las manos a la espalda y una agente no dejaba de grabarme. Estaba aterrorizada.
Z. W.: Fue como pasar del mundo de los vivos al infierno. El 14 de enero de 2025 me desperté sobresaltado. Oí cómo derribaban la puerta de la casa y parecía que entraba mucha gente. Mi primera reacción fue pensar que habían entrado ladrones. Inmediatamente después comenzaron los golpes fortísimos contra la puerta del dormitorio, acompañados de muchos gritos que no conseguía entender. Agentes de operaciones especiales con casco irrumpieron en la habitación apuntándome a la cabeza con pistolas. Me inmovilizaron en el suelo. Nos esposaron a mi esposa y a mí con las manos a la espalda.
Una agente que llevaba una cámara se arrodilló para grabar de cerca mi cara mientras yo estaba inmovilizado en el suelo. Nos llevaron a mi esposa y a mí al salón. Vi a mi hijo bajar desde el piso de arriba. Desde detrás de nosotros, vio las esposas que llevábamos puestas. El estruendo del helicóptero lo llenaba todo. Sabía que estaba suspendido justo encima del tejado de nuestra casa, a muy poca altura. El jardín y la calle estaban llenos de policías. Calculo que había más de un centenar. Utilizaron máquinas para perforar en todas las habitaciones. El ruido ensordecedor duró todo el día.
¿Qué bienes les fueron intervenidos?
Z. W.: La Policía también intervino toda mi colección de puros cubanos. Muchos eran de edición limitada. Mis coches y motocicletas también fueron intervenidos y, según nos han dicho, la Policía ya los ha destinado a su propio uso. Dentro de los coches seguían la bicicleta de mi hijo y otros objetos personales. Se llevaron mi Harley-Davidson y estimó el valor de aquella motocicleta de segunda mano, del año 2008, entre 5.000 y 90.000 euros. También se llevaron un casco y equipamiento por valor de varios cientos de euros. Nada de esto quedó reflejado en el inventario de efectos intervenidos.
¿Cuándo supieron a qué se debía la detención?
S. Y.: Lo único que nos enseñaron fue una hoja. Decía que se trataba de un caso en Almería, relacionado con una organización criminal que blanqueaba dinero para otra organización criminal dedicada a la trata de personas. En la hoja se mencionaba a personas árabes y chinas, y se me consideraba un “miembro importante” de esa organización, que administraba un monedero de criptomonedas. Apenas había más información concreta. Ni siquiera sabíamos qué lugar era Almería. Yo nunca había estado allí. Al principio, incluso creímos que decían “Alemán” (en referencia a Alemania).
Después, cuando intervinieron nuestros teléfonos y ordenadores y nos pidieron las contraseñas, se las facilitamos con total colaboración. Pensaba que todo podría aclararse enseguida y que nos dejarían en libertad muy pronto. En aquellos dispositivos estaba almacenada toda la información de nuestra vida desde que terminamos la universidad. Hay que tener en cuenta que quienes realmente se dedican a este tipo de delitos suelen cambiar de teléfono periódicamente.
¿Qué fue lo que más les impactó de aquella detención?
S. Y.: Para mí, lo más doloroso no fue solo mi propia detención. Fue ver a mi hijo bajar las escaleras acompañado por policías completamente armados, ver cómo presenciaba que esposaban a sus padres, con los restos de las puertas esparcidos por el suelo, los policías revolviéndolo todo y el ruido ensordecedor de los taladros percutores, sin que nadie pudiera explicarle por qué estaba pasando aquello.
Además, éramos inmigrantes inversores que habíamos llegado a España cinco años antes. No teníamos familiares aquí, no hablábamos español y nunca habíamos tenido contacto con un abogado penalista. Me sentía desesperada. Tampoco sabía adónde iban a llevar a mi hijo. No fue hasta que llevábamos cuatro meses en prisión, cuando se levantó el secreto de las actuaciones y supimos que el punto de partida central de todas aquellas graves acusaciones contra nosotros era que la Policía me había atribuido erróneamente una dirección de un monedero de criptomonedas que había transferido más de 21 millones de USDT [Tether, una criptomoneda estable equivalente al dólar].
¿A qué se dedicaban profesionalmente en China? ¿Cuáles eran sus puestos concretos en la Policía?
Z. W.: Mi esposa y yo trabajamos durante más de diez años en la Policía de Shanghái, principalmente en tareas relacionadas con la investigación criminal. Mi puesto concreto estaba en el Departamento de Mando de la Jefatura de Policía de Shanghái. Me encargaba de revisar los informes de investigación de las unidades subordinadas. Cuando dejé el cuerpo, tenía el rango de superintendente de policía de primera clase.
S. trabajaba en el Departamento de Apoyo Logístico de la Jefatura de Policía de Shanghái, donde se ocupaba de las finanzas del cuerpo. Cuando dejó el servicio, tenía el rango de superintendente de policía de segunda clase. Los dos tenemos formación universitaria y durante muchos años trabajamos con investigaciones, pruebas, actas de declaración y procedimientos penales.
¿De dónde procede su patrimonio y qué tipo de permiso de residencia tenían?
Z. W.: En 2019 vinimos a vivir a España con una autorización de residencia no lucrativa. Los bienes que tenemos en España proceden principalmente de la venta de nuestro patrimonio legítimo en China. De 2018 a 2020, mi esposa, nuestros padres y yo vendimos, sucesivamente, tres apartamentos en Shanghái. El valor total de esas propiedades superaba los 1,5 millones de euros. Antes de emigrar a España, también vendimos nuestros coches, motocicletas y el resto de nuestros bienes. Retiramos íntegramente los ingresos y los ahorros acumulados durante muchos años de trabajo.
En la práctica, renunciamos a todo lo que teníamos en Shanghái, reunimos todos los fondos disponibles y los llevamos a España para empezar una nueva vida. Nuestro abogado, Juan Antonio Signes, presentó al juzgado toda esa cadena documental en su solicitud de sobreseimiento libre: los contratos de venta de los inmuebles de Shanghái, los justificantes de pago de impuestos y la documentación acreditativa de los fondos, formalizada ante notario y legalizada por el consulado español; además de la documentación de todo el proceso mediante el cual cambiamos el dinero a euros en China y lo transferimos a bancos españoles, bien desde China, bien desde Hong Kong.
¿A qué se han dedicado desde que llegaron a España?
Z. W.: Desde que llegamos a España también hemos obtenido ingresos para vivir mediante el alquiler de inmuebles, presentando las correspondientes declaraciones fiscales conforme a la ley. Además, producimos vídeos cortos para nuestras redes sociales. Aceptamos encargos de seguidores para recomendar productos españoles y ayudarles a comprarlos, entre otros servicios. También prestamos determinados servicios de intermediación por los que cobramos comisiones.
China tiene un control de divisas estricto y cada adulto dispone de un límite anual para cambiar moneda extranjera. Por eso, trasladar al extranjero los fondos de una familia exige hacerlo a lo largo de varios años, utilizar los límites de distintos familiares o pasar por cuentas en Hong Kong.
En su informe de investigación, la UDEF describió esas remesas escalonadas como un “fraccionamiento” sospechoso. Sin embargo, esa es precisamente la forma a la que muchas familias chinas corrientes se ven obligadas a recurrir para transferir legalmente su propio dinero al extranjero.
¿Qué tipo de contenido publicaban en redes sociales?
Z. W.: Nuestro contenido se dirige principalmente a usuarios de habla china, tanto a la comunidad china de España como a personas de habla china de todo el mundo. Utilizamos sobre todo plataformas chinas como Xiaohongshu, Douyin y WeChat. Entre las distintas plataformas sumamos más de 300.000 seguidores. Compartimos información sobre la cultura española, gastronomía, turismo, consumo, sector inmobiliario y puros, entre otros temas, y también grabamos nuestra vida cotidiana. Soy yo quien aparece ante la cámara dando las explicaciones.
Entre Xiaohongshu, Douyin y WeChat sumamos más de 300.000 seguidores en redes sociales
¿Cómo impactó la detención en su actividad en redes sociales?
Z. W.: Cuando la Policía publicó posteriormente el vídeo de la 'Operación Karasu', aparecían en él muchas imágenes fácilmente reconocibles del exterior de nuestra casa, del jardín y del interior. Muchos seguidores ya habían visto nuestra vivienda y podían identificarla sin dificultad. Aunque la Policía no mostró nuestras caras en el vídeo, todas aquellas imágenes de nuestra casa eran, en la práctica, nuestras tarjetas de identidad.
¿Cómo fue la primera declaración ante el juez?
S. Y.: Cuando supimos que teníamos que ingresar inmediatamente en prisión, sentimos que se nos venía el mundo encima. Hasta ese momento, habíamos seguido creyendo que todo era un malentendido, que el juez esclarecería enseguida la verdad y que nos dejaría volver a casa. O, al menos, que nos concedería la libertad bajo fianza, tal como creíamos que funcionaba la justicia en los países occidentales. Porque, de verdad, no entendíamos en absoluto qué relación podíamos tener con las acusaciones que aparecían en aquel papel que nos habían mostrado el día de la detención.
¿Cómo fue la experiencia en prisión?
S. Y.: Nunca había imaginado que mi vida pudiera tener alguna relación con una prisión. No sabía por qué estaba encerrada, no sabía cómo estaba mi hijo y no sabía cuánto tiempo iba a permanecer allí. Esa sensación era lo que más me atormentaba. Mi marido y yo estábamos recluidos por separado. Yo solo hablaba un español muy básico, por lo que muchas cosas dentro de la cárcel me resultaban difíciles. Al principio no podía dormir en absoluto. Después, cuando el agotamiento pudo conmigo, conseguí dormir, pero tenía pesadillas todas las noches y me despertaba sobresaltada cada hora. Poco a poco, con mi español básico, fui pidiendo ayuda a otras presas y conseguí llamar a mi madre, que estaba en Shanghái.
Una familia de tres personas que llevaba una vida normal había quedado, de repente, dividida en tres lugares distintos
Estaba completamente separada de mi marido y de mi hijo. Una familia de tres personas que llevaba una vida normal había quedado, de repente, dividida en tres lugares distintos. No sabía dónde estaba mi hijo ni cómo se encontraba. No podía soportarlo. Me pasaba los días sentada, ausente, llorando. Mi marido y yo llegamos a querer acabar con nuestra vida. En prisión escribí una carta de despedida, saqué los cordones de los zapatos y me preparé para ahorcarme en la estructura de la cama a medianoche. Lo intenté. Era posible. En la cultura asiática tenemos una práctica que consiste en demostrar nuestra inocencia con la muerte. El abogado avisó a la prisión de que yo quería suicidarme, y allí me recetaron antidepresivos. Lo que me permitió seguir adelante fue pensar en mi hijo y en mis padres. Mi madre me insistía por teléfono en que fuera fuerte, aunque era muy difícil.
Aquellos cinco meses fueron la etapa más oscura de nuestra vida. Todavía hoy, cuando pienso en aquellos días, tiemblo de pies a cabeza.
Z. W.: Al igual que mi esposa, nunca había imaginado que algún día acabaría en prisión. También sufrí registros corporales humillantes. Me tomaron las huellas, me fotografiaron y me obligaron a desnudarme por completo. Durante los primeros días seguía pensando que la Policía Nacional aclararía pronto el error y nos dejaría volver a casa. O que, si no podía resolverse tan deprisa, al menos el juzgado nos concedería la libertad bajo fianza para que pudiéramos regresar y cuidar de nuestro hijo. Pero, poco a poco, todas esas esperanzas se desvanecieron.
No sabía cuánto tiempo iba a estar allí. Oía a muchos presos decir que en España todo era muy lento, y que la justicia era aún más lenta. Eso me llevó a la desesperación. Yo también escribí una carta de despedida y fabriqué un instrumento, preparándome para decir adiós a este mundo. Quería demostrar con mi muerte que era inocente. Cuando supe que mi esposa también quería suicidarse, hice un gran esfuerzo por superar aquella idea. No quería que nuestro hijo se quedara huérfano.
¿Por cuántas prisiones pasaron?
S. Y.: En cinco meses pasé por cinco prisiones. En cada traslado tenía que volver a soportar la dureza del viaje, adaptarme de nuevo y someterme a los registros corporales de los funcionarios, que me resultaban humillantes cada vez. Estuvimos encarcelados desde el 14 de enero de 2025 hasta mediados de junio: cinco meses enteros. Aquella repentina puesta en libertad bajo fianza también resultó extraña, porque no la habíamos solicitado nosotros.
Z. W.: Pasé por tres prisiones. Los asfixiantes vehículos de traslado y los humillantes registros corporales me dejaron recuerdos dolorosos que nunca podré olvidar.
¿Qué ocurrió con su hijo?
Z. W.: Nuestro hijo fue llevado a un centro de menores, donde permaneció dos meses. Todavía hoy nos habla de aquella experiencia. Tiene miedo de volver a perdernos y de que lo lleven otra vez allí. Ahora ya tiene 10 años, pero le da muchísimo miedo estar solo. En casa, a menudo permanecemos en silencio.
S. Y.: Cuando nos detuvieron, solo tenía ocho años. Mientras dormía, agentes del GEO armados con ametralladoras lo despertaron en su cama y lo llevaron escaleras abajo. Vio a sus padres esposados con las manos a la espalda. Como no teníamos otros familiares en España, tras nuestra detención simultánea lo llevaron a un centro de menores, donde vivió aproximadamente dos meses.
Al enterarse de nuestra detención, mis padres perdieron el conocimiento y se desmayaron
Esta es, quizá, la parte más dolorosa de todo lo sucedido para mí. Al principio, cuando ingresó en el centro de acogida, tuvo que dejar de ir al colegio. De no haber sido por la ayuda de un buen amigo nuestro, posiblemente lo habrían obligado a cambiar de centro escolar.
Nuestros amigos hicieron un esfuerzo enorme. Finalmente, ayudaron a mi madre a viajar desde China a España, recoger a nuestro hijo en el centro de acogida y llevárselo a Shanghái. Mis padres están jubilados y tienen cerca de 70 años. Al enterarse de nuestra detención perdieron el conocimiento y se desmayaron. Además, conseguir el visado para que mi madre viniera a España fue un proceso lleno de dificultades. Se lo denegaron dos veces y no lo obtuvo hasta el tercer intento. Durante todo ese tiempo, mis padres sufrieron una angustia y un dolor inmensos.
¿Qué consecuencias ha tenido todo esto para su familia y sus relaciones sociales?
Z. W.: Ha destruido casi por completo nuestra vida. No solo en España, sino también en China. Hemos perdido nuestra reputación, a nuestros amigos y a la inmensa mayoría de nuestros familiares. Mis padres han cortado el contacto conmigo. Sienten vergüenza. Los padres de mi esposa también soportan una enorme presión social en Shanghái. Para ayudarnos a reunir el dinero de los abogados y de las fianzas, se han endeudado enormemente.
Nuestra reputación en la comunidad china de España y en las redes sociales chinas ha sufrido un golpe devastador
En el plano social, nuestra reputación en la comunidad china de España y en las redes sociales chinas ha sufrido un golpe devastador. Ya no puedo seguir publicando, como antes, aquellos contenidos en los que compartíamos una vida normal. Ya no nos atrevemos a salir con tranquilidad.
¿Cuál es su situación actual?
Z. W.: Seguimos teniendo la condición de investigados. Todas nuestras cuentas bancarias están bloqueadas, nuestros inmuebles están sujetos a restricciones y nuestros vehículos y otros bienes siguen intervenidos o destinados al uso de la Policía. Seguimos soportando una pesada carga de deudas. Además, no supimos hasta septiembre de este año que, en abril del año pasado, cuando todavía estábamos en prisión, el juzgado había dictado un auto que autorizaba la subasta de nuestros inmuebles. De no haber sido por los recursos de otros encausados, quizá los tres ya nos habríamos quedado sin hogar, durmiendo en la calle. Fuera siguen circulando muchas difamaciones y rumores sobre nosotros.
Mi esposa perdió su situación de residencia legal porque, cuando le correspondía renovarla, estaba en prisión
Procuramos evitar el contacto con otras personas chinas. Mi esposa perdió su situación de residencia legal porque, cuando le correspondía renovarla, estaba en prisión. Ahora su abogado de extranjería le dice que, debido a su registro de detención, no puede solicitar la residencia legal. Nuestros pasaportes están retenidos en el juzgado y no podemos salir de España. Mi esposa no puede volver a China a visitar a sus padres, a su abuela materna y a su abuelo paterno (todos son de edad avanzada y padecen enfermedades).
S. Y.: No sabemos cuándo terminará la causa. Hay quien dice que harán falta tres años; otros dicen que podrían ser diez. Y esas etiquetas que se han difundido permanecerán para siempre en internet y en la memoria de la gente.