A QUIEN LEA

La ventaja de ser plural

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“Germans de l’altra banda, els que ahir em venieu

com un soroll de llavis desfent-se en veus tranquil·les,

germans de l’altra banda, amics que abans ho fòreu

quan erem tots com àngels, quan veiem les estrelles

allà on Deu les deixava exactes i precises.“

Jaume Bru i Vidal, Sagunt, 1959-‘Retrobament’. 

Desde un tiempo reciente la vida pública se está polarizando en cuatro niveles que nos afectan de pleno: el más próximo, el valenciano; el soberano y autonómico del Estado Español; el determinante federal europeo (Unión Europea) y el marco mundial que nos engulle en un torbellino insalvable. La vinculación administrativa más inmediata es la municipal. La que vemos y nos afecta en el día a día. Entre los vicios españoles subsisten las Diputaciones provinciales en un afán de determinadas voluntades, para que la Transición a la democracia (1975-1982) conservara la máxima dosis de anacronismo y sinrazón, para blindar el sistema electoral, basado en provincias, que favorecía a los vestigios del antiguo Régimen franquista y centralista.

Lobbies a examen

Desde un tiempo reciente, la vida pública se está polarizando en cuatro niveles que nos afectan de pleno: el más próximo, el valenciano; el soberano y autonómico del Estado español; el determinante federal europeo (Unión Europea), y el marco mundial que nos engulle en un torbellino insalvable. La vinculación administrativa más inmediata es la municipal, la que vemos y nos afecta en el día a día.

Entre los vicios españoles subsisten las diputaciones provinciales, en un afán de determinadas voluntades, para que la Transición a la democracia (1975-1982) conservara la máxima dosis de anacronismo y sinrazón, para blindar el sistema electoral, basado en provincias, que favorecía a los vestigios del antiguo régimen franquista y centralista.

Provincias y comunidades —no las autonomías— podrían haberse ahorrado en una nomenclatura imprecisa que enmaraña la comprensión del sistema lineal que debería regir en la relación entre ciudadanos y los distintos niveles de Administración vigentes. Se perdió la oportunidad de simplificar las diferentes instancias democráticas, cuyo principal mérito es la clarificación del sistema para que la democracia se entienda y se asimile por la sociedad.

Sin embargo, nadie se siente cómodo al reconocer que la organización territorial más eficiente y humana es la comarcal, por razones económicas, sociológicas, geográficas, lingüísticas y culturales. Los legisladores tienden a simular que cambian las apariencias cuando subsisten, en esencia, las conveniencias de quienes mandan de verdad en la vida pública española: los grupos de presión e influencia.

Los lobbies que la tambaleante mayoría parlamentaria vigente insiste, después de varios intentos, en querer ordenar, controlar y regular, tal como ocurre en el marco de la Unión Europea, donde nos hemos querido situar por amplia mayoría. En la UE existe un registro de lobbies —quienes quieren influir en las decisiones de la Comisión y del Parlamento europeos— para que puedan hacerlo legalmente y con las cartas boca arriba.

En el Reino de España —anclado en prácticas oscurantistas— hay una feroz resistencia a legalizar lo que funciona subterráneamente. Los enemigos de la ley para lobbies son precisamente los grupos de presión, las patronales (Antonio Garamendi o Josep Sánchez-Llibre, de CEOE y de Foment del Treball de Catalunya), las empresas cotizadas en el IBEX 35, bancos, energéticas, la larga lista de empresas grandes y de escalón intermedio que controlan la Cámara de Comercio de España, que representa a 83 cámaras oficiales españolas y 45 híbridas reconocidas oficialmente en el extranjero (CAMACOES).

Los distintos gobiernos españoles de todo signo —PP y PSOE—, al menos desde 2010, han hecho dejación de funciones en el mundo empresarial —¿temor o miedo?— y han puesto este importantísimo resorte de entes intermedios de la sociedad en manos de los lobbies o grupos de presión económico-financieros, cuando por naturaleza y ley deberían estar al servicio de los intereses generales de la sociedad.

Una apropiación incomprensible cuando las empresas españolas, desde 2010 (fulminante decreto Zapatero), no aportan decentemente ni un céntimo a las cámaras de comercio, que son de absoluta responsabilidad del Estado (Gobierno central y autonomías).

Izquierdas o derechas, dos mentiras

Izquierdas y derechas son las vertientes ideológicas que escenifican las diferencias polarizadas en su versión ideológica. La terminología proviene de la simplificación conseguida con la lucha de clases y la posterior nomenclatura para separar el mundo entre buenos y malos, con creciente implantación de la Guerra Fría, que surgió a partir de la finalización de la Segunda Guerra Mundial en 1945.

La Unión Europea surgió y se benefició de esta clasificación con el propósito de constituir los Estados Unidos de Europa (idea del británico Winston Churchill), a imitación del «hermano yanqui», que llegó a ser el faro a imitar en todo el continente europeo. La caída del Muro de Berlín y la unificación de Alemania dieron paso al espejismo de bonanza que la maldad humana ha conseguido dinamitar.

Morir por la guerra

En noviembre de 1973, en momentos también críticos para España, el liberal catalán represaliado Ramón Trías Fargas publicó en la revista Destino el artículo «Morir por la guerra». Hacía referencia al terror ante el futuro, a los extremismos reaccionarios, a la simplificación que quieren imponer los extremos irreconciliables.

Sobre estos asuntos, hoy tan próximos, daba recetas para combatir a los extremos: a las posturas tremendistas les conviene el enfrentamiento a muerte entre los dos polos. Si no lo consiguen, están perdidos por la sencilla razón de que no cuentan con la mayoría del país.

Entre unos y otros extremismos de izquierda y derecha están los más de la sociedad, que, si consiguen no dejarse seducir, son los que pueden evitar la guerra innecesaria y negativa para la estabilidad del Estado.

Hay una barrera difícil de soslayar: quienes pueden favorecer la serenidad y el sosiego de la vida pública —políticos responsables y potentados económicos— carecen de interés en serenar los ánimos y evitar el conflicto abierto, con víctimas y daños irreparables. Persiguen la lucha cruenta entre derechas e izquierdas para administrar la derrota en su beneficio, con el enemigo anulado por años.

El silencio no es rentable

En medio están los entes intermedios de la sociedad —odiados por políticos y poderosos— y los estamentos que sufren sin ser neutrales: intelectuales, medios decentes de comunicación, periodistas, académicos, escritores, empresarios no sectarios, docentes, sanitarios, técnicos, profesiones liberales y las clases medias mayoritarias.

Gente que comprende el beneficio de la paz y los inconvenientes de la lucha de clases y sus consecuencias traumáticas en el cuerpo social. Los que valoran conceptos como el entendimiento, la libertad, la solidaridad, el sentido amable de la vida para ellos y quienes les sucedan, la prioridad de los pactos sobre la humillación de la derrota, la necesidad de políticas de Estado que comprometan a todo el arco parlamentario, el absurdo de la guerra por la guerra.

Quienes atisban la necesidad de acabar con la política del insulto para sustituirla por el discurso del convencimiento y la concesión para favorecer a la mayoría de la sociedad.

Los tiempos que estamos viviendo superan las trifulcas ideológicas para situarse en la aberración de las luchas personales y los comportamientos mafiosos entre clanes que no tienen nada que ver con los principios, las ideas y la prudente decisión de saber retirarse a tiempo.

Viejo modelo

El modelo anticuado de explotadores contra explotados no se corresponde con la sociedad que se atisba después de cincuenta años de democracia, que debería ir por otros derroteros.

La singladura internacional no es propicia ni favorece el discurso prevalente del derecho, la libertad, la ley, el respeto, la vida o el humanismo, ante todo. No podemos ignorar que vivimos en un contexto en el que el individualismo extremo, en el que la máxima de los sentimientos y la verdad pierde ante la majestad de los adelantos tecnológicos, que estamos viendo que contribuyen al deterioro de la enseñanza y los conocimientos entre los más jóvenes.

Los que, aunque lo ignoren, tienen la responsabilidad de salvar el mundo que les corresponde vivir. No solo por generosidad y altruismo, sino por conveniencia e interés propios.

Compromiso

La tarea es ardua y compromete a todas las generaciones hoy en liza.

Los mayores: dar ejemplo.

Los que se esfuerzan por interactuar y negociar: deben progresar en productividad y competitividad, sin perder de vista que procedemos de humanos y nunca se perdonará actuar sin sentimientos y sin alma.

Los jóvenes: han de prepararse para sobrevivir en un mundo conflictivo y sin fronteras. Si no lo logran, será la perdición.

Los políticos: han de serenarse y no llevar a la clase media, como escribía Trías Fargas en 1973: «a los que están entre los extremos violentos y no debe ser tratada, la clase media, como una punta de ganado que unos capataces desaprensivos tratan de encajonar en los corrales de sus ambiciones».

Estas llamadas a la concordia pueden sonar a música celestial en una pelea de facciones enfrentadas sin voluntad de pensar en las ventajas de una sociedad plural y con matices.

No todo es blanco o negro. Siempre es posible la infinita gama de colores y el claroscuro.