Todos los beneficios del laurel y tres recetas sorprendentes en las que es un ingrediente clave
Pocas hierbas aromáticas están tan presentes en el imaginario colectivo y en los fogones mediterráneos como el laurel. Vinculado históricamente a la victoria y a la gloria en las antiguas Grecia y Roma, este ingrediente humilde, pero poderoso ha sido durante siglos el secreto mejor guardado de guisos, estofados y caldos tradicionales. Sin embargo, su papel en la cocina va mucho más allá de aromatizar de fondo los platos de toda la vida. Gracias a su aroma penetrante y a sus notas balsámicas, el laurel está viviendo un auténtico renacimiento gastronómico, demostrando que es capaz de brillar en elaboraciones creativas e inesperadas que van desde elaborados aceites hasta sofisticados postres.
Más allá de sus virtudes culinarias, el laurel común destaca por su perfil botánico y nutricional, tal como recoge la Fundación Española de la Nutrición (FEN). Aunque en la cocina se consume en pequeñas cantidades para dar sabor, sus hojas esconden una interesante riqueza en minerales como el hierro, el calcio, el magnesio, el zinc y el potasio, además de vitaminas como la vitamina A, la riboflavina y la niacina.
No obstante, sus mayores beneficios para la salud residen en sus sustancias aromáticas y no nutritivas: las hojas de laurel contienen un aceite esencial rico en principios activos como el cineol y el eugenol, a los que tradicionalmente se les atribuyen propiedades digestivas, carminativas y antiinflamatorias, convirtiendo a esta aromática perenne en una aliada imprescindible para enriquecer la dieta y favorecer las digestiones pesadas.
Morcillo de ternera estofado con laurel y pimentón
Este plato es un clásico de la cocina tradicional donde el laurel no es un simple secundario, sino el verdadero hilo conductor del plato. Al cocinarse a fuego lento en una base de aceite, vinagre y pimentón, las hojas de laurel van liberando lentamente sus aceites esenciales (cineol y eugenol), logrando una carne melosa, tierna y con una salsa intensamente aromática. Toma nota de los siguientes ingredientes:
- Un kilo de morcillo de ternera
- Tres hojas de laurel secas
- 150 gramos de cebolla picada
- Cuatro dientes de ajo pelados
- Una cucharadita de pimentón de La Vera (dulce o agridulce)
- 125 mililitros de aceite de oliva virgen extra
- 125 mililitros de vinagre de vino blanco
- Perejil fresco picado
- Pimienta blanca molida
- Sal
Para comenzar, pica la cebolla y los dientes de ajo. En la cazuela (o en el cuerpo de la olla rápida), coloca los trozos de morcillo de ternera en crudo junto con la cebolla, los ajos, el vinagre de vino blanco, el aceite de oliva, el pimentón de La Vera y las tres hojas de laurel.
Añade una pizca de sal, pimienta blanca molida al gusto y el perejil fresco picado. Mezcla bien todos los ingredientes para que la carne quede impregnada del adobo inicial antes de encender el fuego.
Elige el método según el tiempo del que dispongas. Tapa la olla y cocina según el utensilio que utilices:
- En olla superrápida: cuece a máxima presión durante 40 minutos.
- En cazuela tradicional: cocina a fuego suave durante unas dos horas y media. Si optas por este método tradicional, remueve de vez en cuando y añade pequeños chorritos de agua si notas que el caldo se va consumiendo en exceso.
Una vez la carne esté completamente tierna y melosa, retira del fuego. Deja reposar el estofado unos minutos antes de servir para que los sabores se asienten y la salsa reduzca ligeramente.
Este tipo de guisos enriquecidos con laurel ganan muchísimo sabor si se preparan de un día para otro, permitiendo que la acidez del vinagre y las notas balsámicas de la aromática penetren profundamente en la fibra de la carne.
Alubias blancas con chorizo al estilo tradicional
Las legumbres son las mejores aliadas del laurel. En esta receta tradicional, las hojas de laurel cumplen una doble función esencial: por un lado, aportan una nota de frescura balsámica que equilibra la potencia y la grasa del chorizo; por otro, sus aceites esenciales ayudan a hacer la digestión de las alubias mucho más ligera y amable. Apunta los siguientes ingredientes para cuatro comensales:
- 400 gramos de alubia blanca seca
- 200 gramos de chorizo fresco
- Dos hojas de laurel secas
- Una cebolla
- Tres zanahorias
- Un pimiento verde
- Una rama de apio
- Dos dientes de ajo
- 10 gramos de pimentón de La Vera
- 30 mililitros de aceite de oliva virgen extra
- Sal y agua fría
Pon las alubias blancas en remojo en un bol grande con abundante agua durante al menos 8-12 horas para que se hidraten correctamente.
A la mañana siguiente, escurre las alubias y lávalas bien. Ponlas en una cacerola, cúbrelas con agua y llévalas a ebullición. Cuando rompa a hervir, ve retirando las impurezas. Pásalas por un colador, acláralas con agua limpia y vuelve a meterlas en la olla.
Añade a la cacerola las verduras (cebolla, zanahorias, pimiento, apio y ajos) previamente lavadas y troceadas. Agrega el chorizo fresco, el aceite de oliva, el pimentón de La Vera y las dos hojas de laurel. Cubre todo el conjunto con abundante agua fría y pon a calentar.
Cuando el caldo empiece a hervir a borbotones, añade medio vaso de agua fría para romper la ebullición. Repite este proceso dos veces más a lo largo de la cocción. Este choque térmico evita que la piel de la alubia se rompa o se desprenda.
Baja el fuego y deja cocer a fuego suave con la olla tapada durante aproximadamente dos horas (según la variedad de la alubia), hasta que estén tiernas y mantecosas. Añade la sal al gusto casi al final de la cocción para evitar que las pieles se endurezcan.
Pulpo al horno a la murciana
Una forma de cocinar el pulpo totalmente distinta a la tradicional cocción en cazuela. En este clásico de la gastronomía murciana, el pulpo se asa lentamente en sus propios jugos combinados con cerveza, vino (o brandy) y aromatizados con granos de pimienta y hojas de laurel. El resultado es una carne tierna por dentro, crujiente por fuera e impregnada de un sutil perfume aromático. Anota los siguientes ingredientes para seis personas:
- Un pulpo grande (previamente congelado)
- Tres hojas de laurel secas
- Ocho granos de pimienta negra entera
- 50 mililitros de vino blanco seco o brandy
- 500 mililitros de cerveza
- Un limón
Precalienta el horno a 200 °C. Coloca el pulpo descongelado en una fuente de horno de paredes altas o una bandeja de asar, disponiendo las ventosas hacia arriba. Reparte por encima las tres hojas de laurel y los granos de pimienta negra.
Riega el pulpo con el chorrito de brandy o vino blanco y añade la cerveza hasta cubrir la base (sin llegar a taparlo por completo).
Cubre bien la fuente con papel de aluminio y hornea a 200 °C durante 30 minutos para que el pulpo se cocine al vapor en sus propios jugos y los aromas del laurel.
Destapa la fuente con cuidado y riega el pulpo con su propio caldo. Vuelve a meterlo al horno durante 30 minutos más para que los tentáculos comiencen a tostarse, regándolo con la salsa cada 15 minutos.
Baja la temperatura del horno a 180 °C y asa durante otros 30 minutos hasta que al pincharlo notes que está bien tierno. Si ves que se tuesta demasiado rápido, vuelve a cubrirlo con el papel de aluminio y destápalo solo los últimos 5 minutos si buscas un acabado exterior bien crujiente.
Sirve caliente cortado en rodajas o tentáculos enteros, regado con el jugo concentrado de la bandeja y acompañado de trozos de limón recién exprimido.