No, los udon y los yakisoba no son lo mismo: las principales diferencias entre los fideos clásicos japoneses

Hay un momento en todo restaurante japonés en el que alguien mira la carta, ve “yakisoba”, ve “udon” y piensa: “Bueno, serán lo mismo, ¿no?”. No. Rotundamente no.

Ambos forman parte del universo de los fideos japoneses clásicos, ambos están hechos con trigo y ambos pueden llevar carne y verduras. Pero ahí terminan las coincidencias. Lo que cambia es la textura, la forma de cocinarlos, el tipo de salsa y hasta el ambiente en el que suelen comerse.

Vamos por partes.

Yakisoba: el rey del street food japonés

Los yakisoba son, probablemente, uno de los platos más populares del verano en Japón. Si alguna vez has visto imágenes de un matsuri —los festivales tradicionales japoneses— habrás visto también planchas humeantes y montañas de fideos salteados. Eso son yakisoba.

A pesar de lo que sugiere el nombre, no se elaboran con soba (los fideos de trigo sarraceno), sino con fideos de trigo similares a los del ramen. Se preparan en una plancha llamada teppan: primero se saltean verduras como col, zanahoria o cebolla, junto a carne de cerdo o pollo; después se añaden los fideos y, lo más importante, la salsa yakisoba, que les da ese sabor intenso, ligeramente dulce y umami que los define.

El toque final es puro espectáculo visual y aromático: aonori (polvo de alga), katsuobushi (virutas de bonito seco que “bailan” con el calor) y beni shoga, ese jengibre encurtido rojo que aporta acidez y frescura.

El resultado es un plato contundente, sabroso y pensado para comerse al aire libre, entre farolillos y ruido de festival. Es calle, es plancha, es informalidad.

Udon: los fideos gruesos del confort japonés

Los udon, en cambio, juegan en otra liga. Son los fideos más gruesos de Japón, elaborados simplemente con harina de trigo, agua y sal. Blancos, lisos y con una textura elástica y ligeramente gomosa que los hace inconfundibles.

Si los yakisoba son puro fuego, los udon son abrazo caliente.

Tradicionalmente se sirven en caldo, especialmente en preparaciones como el kake udon, donde flotan en un caldo dashi con cebolleta; o el kitsune udon, que lleva por encima aburaage (tofu frito dulce). También existen versiones salteadas como el yaki udon, pero incluso ahí la sensación es distinta: el fideo es más grueso, más protagonista, más masticable.

Otra diferencia clave es el contexto. Los udon forman parte de la cocina cotidiana japonesa. Son reconfortantes, versátiles y pueden servirse tanto calientes como fríos (como el zaru udon, que se come con salsa para mojar).

Su origen se remonta, según la tradición, al siglo VIII, cuando un monje los habría introducido desde China en la actual prefectura de Kagawa. Hoy, esa región es casi sinónimo de udon, y en ciudades como Takamatsu abundan restaurantes especializados únicamente en este tipo de fideo.

Entonces, ¿en qué se diferencian realmente?

La diferencia más evidente está en el grosor: los udon son gruesos y elásticos; los yakisoba, más finos y pensados para absorber salsa. Pero hay más.

Los yakisoba siempre se saltean y dependen de su salsa característica para existir. Los udon, en cambio, brillan especialmente en caldo y tienen una identidad mucho más amplia dentro de la gastronomía japonesa.

Uno nace en la plancha humeante de un puesto callejero. El otro en un cuenco profundo de sopa caliente.

Ambos son fideos clásicos japoneses. Ambos son deliciosos. Pero confundirlos es como decir que una hamburguesa y un cocido son lo mismo porque ambos llevan carne.

No lo son. Y Japón, en esto, es exquisitamente preciso.