A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Japón
Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Japón juega en otra liga. Su historia culinaria, marcada por la estacionalidad, la estética y el equilibrio, explica por qué los postres de Japón no buscan el exceso, sino la armonía entre sabor, textura y forma. Aquí lo dulce se mide en sutileza y simbolismo, y estos cinco clásicos lo representan bien.
En este recorrido por la repostería japonesa asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: el mochi, el dorayaki o el daifuku, dulces que no se entienden sin su contexto cultural. Japón puede dividirse por regiones, estaciones o tradiciones, pero hay algo que lo mantiene unido: su manera de convertir el postre en un gesto casi ceremonial.
1. Mochi
El dulce japonés por excelencia. Se elabora con arroz glutinoso machacado hasta obtener una masa elástica y suave. Puede comerse solo o relleno de pasta de judía roja. Está ligado a festividades y rituales, especialmente al Año Nuevo.
2. Daifuku
Una variedad de mochi rellena, normalmente de anko, aunque existen versiones con fruta fresca. Su tamaño pequeño y su textura blanda lo convierten en uno de los dulces más populares y reconocibles del país.
3. Dorayaki
Dos bizcochos esponjosos unidos por un relleno de judía dulce. Es un postre cotidiano, muy presente en pastelerías y tiendas tradicionales, y forma parte del imaginario popular japonés.
4. Mitarashi dango
Brochetas de bolitas de arroz glutinoso cubiertas con una salsa dulce de soja. El contraste entre dulce y salado es clave en este postre, muy habitual en ferias y festivales.
5. Yokan
Un dulce compacto elaborado con judía roja, azúcar y agar-agar. Se presenta en bloques y se corta en pequeñas porciones. Es sobrio, elegante y muy ligado a la tradición del té.
Japón demuestra que el postre también puede ser silencio y pausa. Sus dulces hablan de estaciones, de gestos precisos y de una cultura donde lo dulce no se impone, se sugiere. A veces, entender un país es aceptar que el placer también puede ser mínimo.
0