Un nutricionista aclara si beber agua con gas tiene beneficios: “Su popularidad responde a una necesidad social, pedir agua al salir no suele ser una opción”

En los últimos años, el agua con gas ha pasado de ser una bebida olvidada a convertirse en una tendencia de bienestar. Pero, entre burbujas y rodajas de limón, nos preguntamos si cuenta con beneficios reales o si su consumo habitual puede tener algún inconveniente.

“Creo que su popularidad, básicamente, responde a una necesidad social, porque cuando la gente sale fuera de casa y toma algo, pedir agua no suele ser una opción”, valora Antonio Gómez, nutricionista clínico. “El resto de ofertas, ya sean refrescos, cervezas o vinos, no son la mejor opción a nivel de salud”, analiza.

“El agua con gas mantiene esa parte de refresco, o lo puede parecer un poco, pero siendo una opción más saludable”, comenta Gómez. Por tanto, su función como alternativa a bebidas azucaradas o alcohólicas es una ventaja clara.

A nivel nutricional, el experto es claro: “No tiene nada más allá del gas. Sí que puede ser buena a nivel de hidratación, igual que el agua convencional”. No obstante, el nutricionista advierte de la importancia de revisar las etiquetas, ya que algunas versiones embotelladas pueden contener azúcares añadidos.

Con respecto a un posible efecto saciante, Gómez introduce el matiz de que, aunque el gas pueda generar sensación de plenitud, “esto no quiere decir que sea más saludable o que aporte un beneficio, porque en principio las bebidas no se utilizan para saciarnos”. Además, esa sería simplemente el efecto físico del gas acumulado.

También es frecuente ver el agua con gas recomendada para aliviar digestiones pesadas. Gómez aclara que, aunque algunas personas experimentan una percepción de alivio o “activación” del tracto digestivo, no existen evidencias de que el agua con gas mejore el proceso por sí misma, “es más bien una sensación a nivel personal que se puede notar en un momento concreto”. 

“De hecho, a nivel digestivo, son más los efectos negativos que puede generar, en cuanto a que puede generar más distensión abdominal, reflujo de acidez o puede generar ese malestar por ese acúmulo de gas, sobre todo si una persona bebe mucha agua con gas durante el día”, matiza el nutricionista, en caso de un consumo excesivo. 

“Si en un día tendríamos que beber dos o tres litros de agua y queremos cubrirlos con agua con gas, sí que puede generar malestar”, incide el experto. Por este motivo, aunque para la población general el agua con gas es una opción segura para el consumo puntual o alternativa al refresco, Gómez señala que tanto las personas con patologías digestivas crónicas, como con inflamación de la mucosa gástrica o reflujo recurrente deberían evitar el gas. 

“Como opción alternativa saludable, ya hay máquinas comerciales para hacer tu propia agua con gas en casa, y ahí sí que puedes variar mucho la composición porque tú decides cuánta cantidad de gas le pones”, explica el experto, que apunta al contenido en sodio, con el que algunas marcas enriquecen esta bebida, como otro factor a tener cuenta. “Cuando una persona tiene que tener una dieta baja en sodio a nivel clínico, el agua con gas también podría entrar en conflicto, pero habría que hacer un análisis clínico en consulta para dar una recomendación específica”, concluye Gómez.