Pastel inteligente o tarta mágica: por qué se llama así a uno de los postres más fáciles de preparar

Sin rellenos ni técnicas complicadas, sin montajes y sin truco a simple vista. Así es el pastel inteligente o tarta mágica, que conquista por su sabor pero también por su efecto sorpresa. Con pocos pasos e ingredientes, y solo con un tipo de masa, al pasar por el horno se divide en tres capas que podemos diferenciar perfectamente: una base más densa tipo pudin, un relleno suave y cremoso que podemos comparar con un flan o unas natillas y un bizcocho muy ligero.

Y precisamente en esa magia es donde reside su principal atractivo: en ver cómo de ingredientes tan básicos como la leche, la harina, los huevos, la mantequilla y el azúcar, y en solo una cocción, se puede crear este postre casi imposible. Toda una fascinación de la repostería casera. Humilde, sencillo y económico pero no por eso menos sorprendente.

Su origen podría estar ligado al sur de Francia o algunos países centroeuropeos, como Rumanía. Aunque en su forma actual no tenemos que buscar unas raíces muy antiguas, la tarta mágica pertenece más bien a la repostería moderna. Su antecedente más antiguo podría ser el millasson francés, un postre del suroeste del país galo, que también se estratificaba en capas al hornearlo y cuya invención reivindicó la familia Suberbielle en Montréjeau en 1871. En Rumanía, un siglo después, se popularizó un postre muy similar, la Prajitura Desteapta, que se hizo viral en Francia en 2013 como gâteau magique, protagonizando muchas entradas de blogs de repostería y cocina. Un año más tarde, la bloguera y divulgadora Christelle Huet-Gomez publicó un libro sobre esta receta, que recuerda a un flan muy firme o una cuajada suave.

La receta, paso a paso

Este postre de sabor avainillado, y tres texturas en un mismo bocado (de bizcocho, crema y flan), no es una receta compleja pero sí que puede resultar algo delicada. A pesar de que no requiere técnicas muy avanzadas ni ingredientes especiales, si queremos que el resultado sea el deseado sí que hay que respetar algunos puntos clave. No hay que ser, por tanto, un repostero muy experimentado para preparar una tarta mágica pero es recomendable seguir las instrucciones paso por paso para no estropear el equilibrio de las capas. Toma nota de los ingredientes que necesitaremos para hacer la magia (calculados para seis raciones):

  • Cuatro huevos grandes (mejor ecológicos, de gallinas camperas): separaremos las yemas de las claras
  • 150 gramos de azúcar
  • Una cucharada sopera de agua
  • 125 gramos de mantequilla, derretida
  • 115 gramos de harina de trigo
  • Medio litro de leche tibia
  • Una cucharada de postre de esencia de vainilla
  • Una pizca de sal
  • Azúcar glasé para espolvorear por encima
  • Un molde cuadrado (de unos 20 cm) o redondo, del mismo tamaño

Con los ingredientes preparados, ya podemos empezar con la receta. El secreto para que salga perfecta va a estar en el orden que sigamos. Iremos paso a paso y pondremos especial atención a la hora de mezclar los ingredientes. Anota bien las instrucciones para sorprender a familiares y amigos. Esta tarta es muy buena opción para endulzar una merienda o soplar las velas del próximo cumpleaños:

  1. Preparar el molde: este será nuestro primer paso. Lo engrasamos con un poco de mantequilla y lo forramos con papel de horno. Ten en cuenta que se trata de una tarta muy líquida y al ayudarnos con el papel nos resultará más sencillo desmoldarla. Mientras, empezamos a calentar el horno a 150 o 160 °C. La temperatura debe ser suave para que se formen correctamente las capas.
  2. Separar los huevos: vamos a cascar los huevos y a separar las yemas de las claras, que colocaremos en dos recipientes distintos. Las yemas le van a aportar a la tarta la estructura y la cremosidad, mientras que la capa esponjosa de arriba la conseguiremos con las claras montadas. Esta es una de las claves de la tarta mágica.
  3. Montar las claras: en el bol donde tienes las claras añade una pizca de sal y empieza a batir hasta que veas que empiezan a salir picos. Gracias al aire que incorporan las claras montadas, se formará durante el horneado la parte superior abizcochada. Deben estar montadas, pero que los picos sean suaves y no queden ni duros ni rígidos.
  4. Batir las yemas: las batiremos junto con el azúcar y la cucharada sopera de agua. La mezcla, que tiene que quedar cremosa y espesa, aportará a la tarta la textura ligera de la masa.
  5. Incorporar la mantequilla: seguidamente derretimos la mantequilla, dejemos que se temple y la adicionamos a la mezcla anterior de las yemas e integramos bien. En este paso también es importante que la mantequilla no esté muy caliente porque esto también podría producir alteraciones en el resultado.
  6. Incorporar la harina: vamos a añadir la harina al bol con las yemas y los demás ingredientes que ya hemos mezclado. Para ello, vamos a tamizarla y la vamos a integrar poco a poco y mezclando bien para evitar que se formen grumos.
  7. Añadir la leche y la vainilla: para añadir la leche, primero la vamos a calentar. Queremos que quede tibia, no excesivamente caliente. La mezclamos con la vainilla y la vamos incorporando, removiendo, a la mezcla de las yemas. La leche tibia va a ser fundamental para que la masa quede lo suficientemente fluida y homogénea.
  8. Ahora, las claras montadas: por último, añadimos las claras montadas. No lo hacemos de golpe, sino en dos o tres veces y mezclando bien con una espátula. No te preocupes si ves que quedan “nubes” o “picos” flotando en el bol, es normal. Con esos “picos” se formará luego en el horno el bizcocho.
  9. Del bol al molde: con todo ya bien integrado, pasamos la mezcla a nuestro molde y lo introducimos en el horno.
  10. Hornear, enfriar y reposar: el horneado, a 150 o 160 °C, será de entre 45 y 60 minutos. Ve controlando el proceso. Para saber que está listo tienes que ver la superficie del bizcocho ligeramente dorada. Al mover el molde no es extraño que se vea temblar el centro, la textura queda tipo flan y no llega a cuajar del todo. Pasado ese tiempo, sacamos la tarta del horno y la dejamos enfriar dentro del molde. Cuando se hayan asentado todas las capas, podemos proceder a desmoldar. Por último, espolvoreamos azúcar glasé y cortamos en porciones.