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¿Qué son los marcadores del envejecimiento y cómo mejorarlos?

Darío Pescador

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¿Por qué envejecemos? Muchas veces la respuesta a esta pregunta es tautológica: envejecemos porque nuestro organismo se deteriora, y nuestro organismo se deteriora porque nos hacemos mayores. Pero envejecer es mucho más que cumplir años. Hay personas que envejecen más lentamente que otras, es decir, tardan más en mostrar signos de deterioro y sufrir las enfermedades que comúnmente aparecen con la edad. 

Poca gente querría vivir 20 años más a cambio de pasarlos enfermos, débiles y dependientes de otras personas. No se trata, por tanto, de vivir más años, sino de mantenerse sanos durante más tiempo a lo largo de la vida. Por eso, para poder prevenir o retrasar los estragos del envejecimiento es importante saber qué está ocurriendo en nuestro organismo a medida que nos hacemos mayores. 

Este es precisamente el objeto de un estudio fundamental, que publicaron en 2013 en la prestigiosa revista Cell el investigador español Carlos López-Otin y su equipo, llamado The Hallmarks of Aging (las señas de identidad del envejecimiento). Este estudio identifica y describe las principales características biológicas que subyacen en el proceso de envejecimiento en los organismos.

El equipo de investigación dirigido por López-Otin propuso que el envejecimiento se puede entender a través de nueve “sellos distintivos” o “marcas” (hallmarks), que son los siguientes:

  • Inestabilidad genómica: a lo largo del tiempo, el ADN acumula daños debido a factores internos y externos, lo que contribuye al envejecimiento.
  • Acortamiento de telómeros: los telómeros, una especie de 'tapones' que protegen los extremos de los cromosomas para evitar que se dañen las partes de la cadena que codifican información, se acortan con cada división celular; lo que lleva a la senescencia (envejecimiento) celular o muerte celular.
  • Alteraciones epigenéticas: no son cambios en los genes mismos, sino cambios en la regulación de estos mismos genes sin alterar la secuencia del ADN. Es decir, los genes pueden 'encenderse o apagarse' y esto afecta la función de las células, lo que puede contribuir al envejecimiento.
  • Pérdida de proteostasis: un deterioro de la capacidad de la célula para mantener las proteínas que fabrica correctamente plegadas y funcionales, y que disminuye con la edad.
  • Disfunción mitocondrial: las mitocondrias, que producen energía para la célula, se vuelven menos eficientes y generan más especies reactivas de oxígeno (radicales libres) con la edad.
  • Senescencia celular: las células dejan de dividirse y entran en un estado de senescencia; se convierten en células zombie, contribuyendo a la inflamación y disfunción de los tejidos.
  • Agotamiento de las células madre: las células madre son necesarias para que se regeneren los tejidos del organismo todos los días, pero con la edad tanto su número como su capacidad regenerativa disminuye, afectando la capacidad de los tejidos para repararse. Es algo que podemos ver todos los días en el espejo si tenemos arrugas.
  • Comunicación intercelular alterada: las células pierden la capacidad de comunicarse eficazmente entre sí a través de mensajeros químicos, lo que puede llevar a inflamación crónica y otros problemas.
  • Percepción alterada de nutrientes: se producen cambios en las vías de señalización relacionadas con los nutrientes, en especial la insulina, que reacciona a los azúcares y otros hidratos de carbono, y esto afecta al metabolismo y la longevidad.

El envejecimiento es un proceso muy complejo, donde intervienen estas múltiples vías que actúan tanto en solitario como entrelazándose

En una revisión del estudio de 2022, casi diez años más tarde, los científicos que se encontraron en el congreso sobre el envejecimiento en Copenhague añadieron cinco marcadores más:

  • Fallos en la autofagia: la autofagia es el proceso por el que las células del cuerpo 'sacan la basura' y expulsan las partes defectuosas o dañadas para que el sistema inmunitario se deshaga de ellas. Si este proceso falla, esa 'basura celular' produce inflamación.
  • Alteración del microbioma: en los últimos años se ha comprobado no solo lo importantes que son los microorganismos que viven con nosotros, especialmente en el intestino, sino que estas colonias de bacterias, virus y otros seres vivos cambian con la edad, y dejan de ser tan beneficiosas.
  • Alteración de las propiedades mecánicas: los tejidos conjuntivos del cuerpo, como tendones, cartílagos o la piel, dependen de una estructura de fibras de colágeno que se deteriora con la edad.
  • Desregulación del splicing: el proceso de splicing, maduración o empalme se produce cuando se 'lee' la secuencia de ADN dentro de la célula para producir ARN con el que luego se producen las proteínas que necesitamos. Los fallos en el splicing de ARN están detrás de casi todos los tipos de tumores.
  • Inflamación crónica (inflammaging): la inflamación crónica de bajo grado aumenta con la edad y está asociada con muchas enfermedades relacionadas con el envejecimiento, como enfermedades cardiovasculares, neurodegenerativas y metabólicas.

Lo más interesante del estudio y sus revisiones es que cada uno de estos sellos distintivos contribuye al envejecimiento en conexión con los demás, en una red. Esto también muestra el camino para frenar el proceso de envejecimiento y aumentar la salud y la longevidad desde distintos ángulos.

Clea Bárcena es investigadora postdoctoral Ramón y Cajal que realizó su tesis bajo la dirección de Carlos López-Otin y actualmente trabaja en el laboratorio de la Universidad de Oviedo del que surgió el estudio. “Que podamos encontrar una única tecla que nos permitiera 'detener' el envejecimiento y todas las enfermedades asociadas es totalmente utópico”, explica a elDiario.es. “El envejecimiento es un proceso muy complejo, donde intervienen estas múltiples vías que actúan tanto en solitario como entrelazándose”. 

Pero ¿hay alguno de estos doce factores que influyan más que los demás?. La doctora Bárcena indica que “hay cinco que consideramos las claves ‘primarias’. Son aquellas cuya mera presencia conlleva en sí misma un daño. Entre ellas encontramos la inestabilidad genómica (es decir, la acumulación de daño en nuestro ADN), el acortamiento de los telómeros, las alteraciones epigenéticas, la pérdida de la proteostasis (y con ella, la estabilidad y funcionalidad del conjunto de nuestras proteínas) y la desactivación de la macroautofagia”.

Aun así, esto no le resta importancia a las otras siete claves. Según explica Bárcena, estos factores se han seleccionado por tres características: todas ellas se presentan durante el proceso normal de envejecimiento, si se agravan, se acelera el envejecimiento y, por el contrario, si se mejoran, se retrasa el envejecimiento y mejora la salud.

Cambiar tu vida para mover los marcadores del envejecimiento

¿Hay algo que podamos hacer para influir en esos 12 jinetes del apocalipsis que nos hacen envejecer? El primer paso es conocerlos bien. “Profundizar en el conocimiento de cómo y por qué envejecemos, de por qué somos más susceptibles a ciertas enfermedades al envejecer, nos está permitiendo entender los mecanismos por los cuáles se desarrollan estas dolencias”, explica la doctora Bárcena. 

Pero la forma en que envejecemos y cómo nos afectan los marcadores y las enfermedades que resultan de ellos no es una lotería, sino una consecuencia de cómo hemos vivido. “Lo que vemos es que con gran frecuencia lo hacen en respuesta a las agresiones previas que ha ido recibiendo nuestro organismo. A veces por el mero hecho de vivir, y otras por cómo hemos vivido. Este conocimiento nos está permitiendo desarrollar fármacos para tratar estas enfermedades, pero, además, nos está ofreciendo la posibilidad de adaptar nuestro estilo de vida y prevenir su aparición”.

Llevar una vida sin demasiado estrés, con una alimentación saludable y sin excesos calóricos, tener una vida activa en la que realicemos ejercicio físico al menos 150 minutos por semana y que socialicemos, tiene efectos positivos en nuestro envejecimiento

Los estudios corroboran que modificar el estilo de vida puede influir positivamente en los diversos marcadores del envejecimiento, y “mover la aguja” en cada uno de ellos para estar más sanos. ¿Cómo cambiar lo que hacemos en nuestra vida cotidiana para mejorar estos marcadores? Estos son algunos de los recientes hallazgos:

  • Ejercicio físico: según un reciente estudio, el ejercicio físico mejora de una forma u otra los nueve marcadores originales del envejecimiento, además de reducir la inflamación crónica. Según los autores, el ejercicio es gratis y no necesita fármacos, y aunque no frena el proceso de envejecimiento de por sí, mitiga sus efectos y mejora la función de la mayoría de los mecanismos implicados.
  • Gestión del estrés: el estrés psicológico crónico es capaz por sí solo de desencadenar signos distintivos del envejecimiento, como la senescencia celular, la inflamación, el acortamiento de los telómeros, la producción de especies reactivas del oxígeno (oxidación), daño del ADN y los cambios epigenéticos. 
  • Dieta: los estudios indican que cambiando la dieta y restringiendo las calorías, especialmente mediante el ayuno intermitente, se influye positivamente en todos los marcadores del envejecimiento, en especial la autofagia. Otras estrategias como la dieta mediterránea y la dieta cetogénica tienen efectos similares a la restricción calórica y también tienen efectos protectores.
  • Sueño: el insomnio crónico está relacionado íntimamente con los marcadores del envejecimiento, en concreto con los daños en el ADN, el desgaste de los telómeros y los cambios epigenéticos. Todos estos factores se agravan con la pérdida de sueño de calidad y contribuyen a la obesidad y la pérdida de masa muscular y la fragilidad a medida que envejecemos.

“Las claves del envejecimiento son relativamente novedosas y aunque sí tenemos ya múltiples estudios de resultados satisfactorios hechos en modelos animales, aún se están llevando a cabo las validaciones pertinentes en seres humanos”, explica la doctora Bárcena. “Lo que sí sabemos hoy es que llevar una vida sin demasiado estrés, con una alimentación saludable y sin excesos calóricos, tener una vida activa en la que realicemos ejercicio físico al menos 150 minutos por semana y, no menos importante, que socialicemos con otros seres humanos, tiene efectos positivos en nuestro envejecimiento”, concluye.

Darío Pescador es editor y director de la revista Quo y autor del libro Tu mejor yo publicado por Oberon.