Desde su ubicación al mantenimiento: consejos de seguridad para utilizar alargadores eléctricos en casa

Alargador eléctrico con varias tomas de corriente.

Edu Molina

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Los alargadores eléctricos permiten conectar aparatos cuando el enchufe más cercano queda lejos o cuando una habitación dispone de pocas tomas de corriente. Son habituales junto a escritorios, televisores y otros espacios de la vivienda donde coinciden varios dispositivos. Algunos tienen una única salida, mientras que las regletas permiten conectar varios equipos desde un mismo punto. En cualquiera de los dos casos, la seguridad depende de respetar la carga admitida y las condiciones de uso indicadas por el fabricante.

Aunque su funcionamiento es sencillo, un mal uso puede provocar problemas. Superar la carga admitida, exponerlos al agua o seguir usando un cable deteriorado puede favorecer el sobrecalentamiento y los cortocircuitos. A estos peligros se suman otros más cotidianos, como las caídas provocadas por dejar el cable atravesando una zona de paso.

Antes de conectar uno de estos accesorios, es recomendable tener en cuenta qué equipos se van a utilizar, dónde estarán colocados y durante cuánto tiempo permanecerán enchufados. También merece la pena revisar las clavijas, las tomas y el aislamiento, sobre todo si el alargador lleva años en casa o se mueve con frecuencia de una habitación a otra. Estas comprobaciones ayudan a detectar problemas antes de que aparezcan señales más evidentes de deterioro.

Comprobar la potencia máxima para evitar sobrecargas

Cada alargador admite una carga máxima que debe aparecer en las indicaciones del fabricante. Cuando dispone de varias tomas, ese límite corresponde al conjunto de los aparatos conectados y no a cada enchufe por separado. Que todavía queden huecos libres en una regleta no significa, por tanto, que puedan añadirse más equipos sin tener en cuenta su consumo.

Superar esa capacidad puede hacer que los componentes alcancen temperaturas demasiado altas, se deterioren e incluso lleguen a provocar un incendio. Para evitarlo, es preferible conectar solo los dispositivos que se necesiten y controlar la potencia total que soporta el conjunto.

Hay que prestar especial atención a determinados electrodomésticos que consumen mucha energía, sobre todo aquellos que generan calor. Su tamaño no indica necesariamente cuánto demandan. Cuando se trata de aparatos con un consumo elevado, suele ser más adecuado conectarlos directamente a una toma de pared.

No encadenar regletas ni prolongadores

Conectar una regleta a otra puede parecer una forma rápida de conseguir más enchufes, pero no aumenta la capacidad eléctrica de la toma original. Todos los aparatos continúan alimentándose desde el mismo punto y la carga termina concentrándose en una cadena de accesorios. Esto puede favorecer el sobrecalentamiento aunque aparentemente todo siga funcionando con normalidad.

La misma precaución se aplica al unir varios prolongadores para llegar hasta un punto más alejado. Además de añadir conexiones intermedias, esta práctica puede hacer más difícil controlar cuánto está soportando realmente cada parte del conjunto.

Si en una zona de la vivienda hace falta alimentar numerosos aparatos de forma habitual, encadenar adaptadores no soluciona la falta de enchufes. En esos casos puede ser más práctico reorganizar los equipos o valorar la instalación de nuevas tomas de corriente con ayuda de un profesional cualificado.

Elegir una ubicación que no dificulte el paso

La posición del cable también influye en la seguridad. Es mejor mantenerlo alejado de puertas, pasillos y otras zonas por las que se camina con frecuencia, ya que alguien podría tropezar o tirar de él accidentalmente. Esta precaución es especialmente importante en viviendas con niños o personas mayores.

Tampoco debería quedar tenso, atrapado debajo de muebles o sometido continuamente a presión. Cubrirlo con alfombras u otros objetos no es recomendable, porque puede dificultar la salida del calor y hacer más complicado detectar a simple vista cualquier deterioro.

En los alargadores enrollables, el cable debe desplegarse por completo antes de usarlo cuando así lo indique el fabricante. Mantenerlo recogido mientras soporta una carga elevada puede favorecer la acumulación de temperatura.

Mantener las conexiones alejadas de la humedad

No todos los alargadores están preparados para utilizarse en exteriores. Un modelo pensado para interiores nunca debería colocarse en jardines, terrazas u otros lugares donde pueda entrar en contacto con agua, salvo que sus características indiquen expresamente que puede emplearse en esas condiciones.

La humedad puede afectar a los componentes eléctricos y aumentar la posibilidad de que se produzca un cortocircuito. Antes de usar uno fuera de casa, es importante revisar para qué tipo de entorno está diseñado y si dispone de la protección adecuada.

Dentro de la vivienda hay que mantener la misma precaución en lugares donde puedan producirse salpicaduras. Las clavijas y conexiones deben permanecer secas y no deben manipularse con las manos mojadas. Además, el cable tiene que llegar hasta el aparato sin quedar excesivamente tenso ni forzar la clavija.

Revisar el estado y cuidar su conservación

El uso frecuente, los movimientos y los tirones pueden ir deteriorando un alargador. Por eso, antes de conectarlo merece la pena revisar el aislamiento, las clavijas y las tomas para detectar zonas peladas, piezas sueltas, deformaciones o marcas de quemaduras.

Si aparece alguno de estos desperfectos, lo más seguro es dejar de usarlo y sustituirlo. Cubrir un cable dañado con cinta o recurrir a reparaciones improvisadas no garantiza que vuelva a quedar en buenas condiciones.

Cuando no se necesite, es recomendable guardarlo en un lugar seco y protegido de temperaturas extremas. También ayuda evitar dobleces muy marcados y no desenchufarlo tirando del cable, sino sujetando la clavija. Son cuidados sencillos que permiten alargar su vida útil y, sobre todo, detectar a tiempo cuándo ha dejado de ser seguro para seguir utilizándolo.

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