Los chistes contra Franco que usan el humor como herramienta de memoria histórica: “Fueron una venganza oculta”
“Franco visita el Principado de Andorra, el pequeño país vecino, y allí saluda a todos los ministros. Cada uno, antes de estrechar la mano del dictador español, le anuncia su cargo. 'Aquí, el ministro de Economía'. 'Aquí, el ministro de Educación'. 'Aquí, el ministro de Guerra'. Al llegar a este último, Franco no puede disimular una sonrisita. Se vuelve a su ayudante y le comenta: 'Pero ¿un país tan pequeño para qué necesita un Ministerio de Guerra?'. Su ayudante le responde: '¿Y nosotros, general, para qué necesitamos un Ministerio de Justicia?'. Así reza uno de los chistes que han inundado de carcajadas el Auditorio Pilar Bardem de Rivas.
La broma forma parte del espectáculo Chistes contra Franco, uno de los más esperados de la nueva edición del Festival de las Ideas y la Cultura, que supone un inteligentísimo homenaje a quienes se jugaron la libertad recurriendo al humor para desafiar la dictadura franquista. La propuesta corre a cargo del historietista Darío Adanti, fundador de Mongolia, el artista Eugenio Merino y la actriz Eva Redondo, que recuperan los chascarrillos populares que se contaban en la clandestinidad durante el régimen en un acto de memoria disidente.
Así dice el primero de ellos, seleccionados de entre todos los que se escucharon en España durante la dictadura franquista y la Transición: “Un gobernador civil visita un instituto de enseñanza a los dos años de terminar la guerra. Interroga a los alumnos que en el bachillerato estudian la nueva asignatura Formación del Espíritu Nacional. El gobernador civil pregunta a uno de los alumnos: '¿Quién es su padre?'. '¡Franco!', responde el chaval. '¿Y quién es su madre?'. '¡La Falange!', responde el crío. 'Bien', sonríe el gobernador. 'Y a ver, chaval, ¿qué quieres ser de mayor?'. Y el crío responde: '¡Huérfano!'”.
“El humor supuso una venganza oculta frente al poder onmipotente y una crítica radical a la figura del dictador”, se ha señalado al comienzo del evento. Después, Adanti ha ido recitando algunas de las ocurrencias más divertidas de la época, estructurándolas por temas y cronología como la vida matrimonial del dictador, su ascenso al poder o su evolución en la política, y ha aprovechado la crítica con ingenio que hacen de la figura de Franco para convertirlas en una arma de resistencia. Teniendo en cuenta que sus autores tuvieron que mantenerse anónimos y que es posible que hubiera quien fuera castigado por alguno de estos chistes, se torna todavía más relevante traerlos ahora de vuelta.
Las bromas sobre los abusos del franquismo han estado acompañadas de la intervención de Eva Redondo, que se ha encargado de contextualizarlas con documentos y textos históricos que recuerdan la violencia del régimen. “¡Justicia!”, ha gritado uno de los asistentes tras una de las explicaciones de la dramaturga. Entre ellas, la intensa propaganda del dictador dentro de su estrategia de control social y represión, ya que Franco “fue consciente del valor instrumental del sello postal como un medio en el que podían configurarse mensajes ideológicos”.
El primer sello de Correos con la cara de Franco apareció en 1939 y mandaría a hacer nuevas versiones en 1955. Su imagen contribuyó a la construcción simbólica de la autoridad e intentó legitimar así la violencia al régimen. Y, de ahí, otro de los chistes: “Marchaba Franco por una calle cuando una apisonadora lo atropelló y le pasó por encima. El asustado conductor paró la máquina y le dijo a su ayudante: 'Baja rápido y mira la calzada, que creo que hemos aplastado algo'. El otro se apea, corre hasta detrás de la máquina, mira detrás del último rodillo y regresa a su puesto tranquilo: 'No, no ha sido nada, era solo un sello'”.
Todos los chascarrillos aparecen en el libro Los chistes de Franco, editado por P. García en 1977. El volumen se describe como un recopilatorio de aquellos que fueron “populares” y, entre los que se plasman en sus páginas, algunos fueron ocasiados por la larga y dura posguerra marcada por la miseria y el hambre que vivió España. “En cierta ocasión, Franco vuela sobre España acompañado en el avión por sus familiares más directos. Sobrevuelan pueblos y aldeas. Entonces, tiene una idea: '¿Qué te parece, Carmen, si ahora mismo cojo mil pesetas y los tiro por la ventanilla? Pueden caer en un pueblo y encontrarlas alguien. Habríamos hecho felices a un español', dice a su mujer”, cuenta el chascarrillo.
El chiste sigue así: “Doña Carmen mueve la cabeza asintiendo, pero sugiere una cosa mejor: 'Oye, Paco, ¿y si en vez de tirar un billete de mil tiras dos de 500? Lo encontrarán dos personas y entonces harás felices a dos españoles'. [...] Entonces el piloto, que ha escuchado y guardado silencio, propone: 'Yo tengo una idea mejor, excelencia. ¿Por qué no se tira usted del aparato y así hace felices a todos los españoles?'”. Hasta los hay con más connotación sexual. “Franco y su mujer están acostados en la cama. El caudillo duerme a pierna suelta, pero su esposa se encuentra desvelada por el picotazo del gusanillo sexual. Doña Carmen se le acerca y le susurra: 'Anda, Paco, ¡vamos a joder!'. Y Franco salta de la cama, corre a su despacho y se pone a firmar sentencias de muerte”, narra otro.
Un viaje hasta los últimos días del dictador
El espectáculo también ha repasado la historia de la pena de muerte de España, que vivió un proceso extraordinario en la dictadura con las 50.000 ejecuciones desde el 1 de abril de 1939 hasta 1950. “Lo peculiar es que, una vez finalizada la guerra, España prolongó los signos más brutales de lo que se consideraba incivilizado. La represión franquista de posguerra siguió atormentando y destruyendo la vida de millones de ciudadanos. Franco convirtió una institución penal excepcional, la pena de muerte, en un instrumento de guerra, terror, exterminio, castigo y venganza”, lee Eva Redondo.
Asimismo, casi medio millón de exiliados abandonaron forzosamente su tierra por el avance de las tropas de Franco y los pocos que regresaron antes de la muerte del dictador se encontraron con una realidad de persecución política y marginación social. También hay chiste para esto: “Un español vuelve a España al cabo del tiempo y charla con un familiar. '¿Y por aquí cómo estáis?', pregunta. 'Bah, no nos podemos quejar', le responden. 'Ah, entonces bien, ¿no?'. 'No, no, que no nos podemos quejar'”.
Ya hacia el final del acto, se abordaron los últimos días de vida del dictador. “Franco, a punto de morir en el hospital, se le aparece San Pedro y le dice: 'Francisco, que le dejo aquí las llaves y ya sube usted cuando le venga bien'”, dice una de las bromas que recita Darío Adanti. “En sus últimos días, Franco está internado en la habitación de la residencia de La Paz. Está en coma, entubado con el respirador artificial, con el reanimador cardíaco, bolsas de plasma, tubos de anestesia... Entonces, para sorpresa de todos los presentes, Franco abre los ojos, ve tubos por todas partes y dice: 'Queda inaugurada la decimoprimera feria nacional del plástico'”, reza el siguiente chiste. Y así concluye otro: “¿Cómo llaman a la carretera de El Pardo? La feria, porque al final está el tiovivo”.