Carlos Saura: “Cada día que sale el sol pienso: estoy vivo todavía, es un milagro”

Javier Zurro

Málaga —

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Cuando se les ha preguntado a los dos últimos ganadores de la Palma de Oro en Cannes (Julia Ducournau y Bong Joon-Ho) por los directores que les han marcado en su carrera, ambos han mencionado a Carlos Saura. El director español ha logrado convertirse en un cineasta de culto fuera de España, un país que, según él, tardó en reconocer su cine. Fueron los festivales internacionales los que comenzaron a poner en el mapa una obra que radiografiaba nuestro país de forma única. El cine de Saura ha plasmado nuestra historia. De la Guerra Civil a la Democracia pasando, cómo no, por el Franquismo. Quizás por eso, por lo que han supuesto los festivales para él, siempre acude a recoger cualquier premio que le den. En esta ocasión ha tocado la Biznaga de Honor en Málaga.

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Allí ha atendido a la prensa con la misma amabilidad de siempre y con su inseparable cámara de fotos colgada con la que incluso ha hecho una foto a los periodistas que le preguntaban. De los piropos de los cineastas de fuera asegura sentirse “muy orgulloso”, pero prefiere no darle excesiva importancia a la posteridad: “Uno no debe ser muy vanidoso. Te crees muy importante y te dicen que eres un genio, pero luego das dos pasos y piensas, 'qué imbécil soy, cómo voy a ser yo un genio'. Tampoco hay que ser excesivamente humilde, que eso te destroza, hay que encontrar el término medio”.

Con 90 años sigue dirigiendo y no piensa parar. Prepara un documental sobre la historia del arte y en Málaga presenta un cortometraje que recrea Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya. En su cartera hay muchos proyectos pendientes y es consciente de que “desgraciadamente alguno no se va a hacer nunca”. “Soy mayor y ya me pilla mal”, dice con ironía y destaca dos películas que le gustaría poder hacer, la adaptación de su novela Esa luz y su eterno proyecto postergado, el de la vida de Picasso que siempre encuentra un nuevo problema. Ahora hay “un productor muy empeñado en hacerlo”, y ha reescribo el guion centrándolo en “la relación de Picasso y Dora Maar”.

Yo he vivido la brutalidad de la guerra. He visto muertos en las calles. No aprendemos nunca. Me gustaría que el ‘no a la guerra’ sea unánime

Al hablar de los proyectos que no hará parece ser consciente del tiempo. De que no es infinito. Por eso comienza a pensar en la muerte. “Estoy haciendo un documental sobre historia del arte con Arsuaga, y Juan Luis me dijo una de las cosas que más me ha tocado, y es que la muerte es un regalo envenenado del ser humano, porque o estás vivo o estás muerto, y eso me ha obligado a hacer una reflexión. Yo estoy vivo de momento. Respiro, y respirar es muy importante. Cada día que sale el sol digo, estoy vivo todavía, es un milagro”.

Su Goya 3 de mayo es un alegato antibelicista. Lo hace alguien que vivió la Guerra Civil y que sigue sorprendido porque volvamos a repetir los mismos errores. En 2022, de nuevo, una guerra, y Saura tiene claro que “el ser humano comete siempre los mismos errores”. “No aprendemos nunca, desde la prehistoria estamos siempre peleando por el terreno, por conquistar otros espacios. Desgraciadamente el diálogo no funciona siempre. Lo que me indigna es que EEUU es muy cínico, porque parece que no recuerda los bombardeos de Nagasaki”. 

“Yo he vivido la brutalidad de la guerra. Yo he vivido los bombardeos de Madrid, de Valencia y de Barcelona. He visto caerse una casa delante de mí, partida a la mitad. He visto muertos en las calles. No aprendemos nunca, Me gustaría que el 'no a la guerra' sea unánime, a cualquier guerra. Un no a al violencia, a la destrucción. Las noticias nos cuentan los muertos, pero no se hablad de los heridos, de los traumatizados. Los que, como yo, vivimos una guerra, estamos obsesionados”, zanja.

También le preocupa que España haya cambiado tanto a nivel tecnológico, pero no tanto en cuanto al a crispación. “Hay mucha agresividad. En el congreso veo una agresividad y una violencia que me molesta. Somos un país, como dijo Unamuno, cainita. Estamos siempre enfrentados. Somos envidiosos, rencorosos… y la guerra española demostró eso, el rencor que había. Espero que no se repita más, pero es posible, puede estallar. Lo de Ucrania puede estallar aquí, cuidado”, dice preocupado y subraya de nuevo que “el no a la guerra debe ser rotundo”.

Cuando se les ha preguntado a los dos últimos ganadores de la Palma de Oro en Cannes (Julia Ducournau y Bong Joon-Ho) por los directores que les han marcado en su carrera, ambos han mencionado a Carlos Saura. El director español ha logrado convertirse en un cineasta de culto fuera de España, un país que, según él, tardó en reconocer su cine. Fueron los festivales internacionales los que comenzaron a poner en el mapa una obra que radiografiaba nuestro país de forma única. El cine de Saura ha plasmado nuestra historia. De la Guerra Civil a la Democracia pasando, cómo no, por el Franquismo. Quizás por eso, por lo que han supuesto los festivales para él, siempre acude a recoger cualquier premio que le den. En esta ocasión ha tocado la Biznaga de Honor en Málaga.

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Allí ha atendido a la prensa con la misma amabilidad de siempre y con su inseparable cámara de fotos colgada con la que incluso ha hecho una foto a los periodistas que le preguntaban. De los piropos de los cineastas de fuera asegura sentirse “muy orgulloso”, pero prefiere no darle excesiva importancia a la posteridad: “Uno no debe ser muy vanidoso. Te crees muy importante y te dicen que eres un genio, pero luego das dos pasos y piensas, 'qué imbécil soy, cómo voy a ser yo un genio'. Tampoco hay que ser excesivamente humilde, que eso te destroza, hay que encontrar el término medio”.

Con 90 años sigue dirigiendo y no piensa parar. Prepara un documental sobre la historia del arte y en Málaga presenta un cortometraje que recrea Los fusilamientos del 3 de mayo de Goya. En su cartera hay muchos proyectos pendientes y es consciente de que “desgraciadamente alguno no se va a hacer nunca”. “Soy mayor y ya me pilla mal”, dice con ironía y destaca dos películas que le gustaría poder hacer, la adaptación de su novela Esa luz y su eterno proyecto postergado, el de la vida de Picasso que siempre encuentra un nuevo problema. Ahora hay “un productor muy empeñado en hacerlo”, y ha reescribo el guion centrándolo en “la relación de Picasso y Dora Maar”.

Yo he vivido la brutalidad de la guerra. He visto muertos en las calles. No aprendemos nunca. Me gustaría que el ‘no a la guerra’ sea unánime

Al hablar de los proyectos que no hará parece ser consciente del tiempo. De que no es infinito. Por eso comienza a pensar en la muerte. “Estoy haciendo un documental sobre historia del arte con Arsuaga, y Juan Luis me dijo una de las cosas que más me ha tocado, y es que la muerte es un regalo envenenado del ser humano, porque o estás vivo o estás muerto, y eso me ha obligado a hacer una reflexión. Yo estoy vivo de momento. Respiro, y respirar es muy importante. Cada día que sale el sol digo, estoy vivo todavía, es un milagro”.

Su Goya 3 de mayo es un alegato antibelicista. Lo hace alguien que vivió la Guerra Civil y que sigue sorprendido porque volvamos a repetir los mismos errores. En 2022, de nuevo, una guerra, y Saura tiene claro que “el ser humano comete siempre los mismos errores”. “No aprendemos nunca, desde la prehistoria estamos siempre peleando por el terreno, por conquistar otros espacios. Desgraciadamente el diálogo no funciona siempre. Lo que me indigna es que EEUU es muy cínico, porque parece que no recuerda los bombardeos de Nagasaki”. 

“Yo he vivido la brutalidad de la guerra. Yo he vivido los bombardeos de Madrid, de Valencia y de Barcelona. He visto caerse una casa delante de mí, partida a la mitad. He visto muertos en las calles. No aprendemos nunca, Me gustaría que el 'no a la guerra' sea unánime, a cualquier guerra. Un no a al violencia, a la destrucción. Las noticias nos cuentan los muertos, pero no se hablad de los heridos, de los traumatizados. Los que, como yo, vivimos una guerra, estamos obsesionados”, zanja.

También le preocupa que España haya cambiado tanto a nivel tecnológico, pero no tanto en cuanto al a crispación. “Hay mucha agresividad. En el congreso veo una agresividad y una violencia que me molesta. Somos un país, como dijo Unamuno, cainita. Estamos siempre enfrentados. Somos envidiosos, rencorosos… y la guerra española demostró eso, el rencor que había. Espero que no se repita más, pero es posible, puede estallar. Lo de Ucrania puede estallar aquí, cuidado”, dice preocupado y subraya de nuevo que “el no a la guerra debe ser rotundo”.

Cuando se les ha preguntado a los dos últimos ganadores de la Palma de Oro en Cannes (Julia Ducournau y Bong Joon-Ho) por los directores que les han marcado en su carrera, ambos han mencionado a Carlos Saura. El director español ha logrado convertirse en un cineasta de culto fuera de España, un país que, según él, tardó en reconocer su cine. Fueron los festivales internacionales los que comenzaron a poner en el mapa una obra que radiografiaba nuestro país de forma única. El cine de Saura ha plasmado nuestra historia. De la Guerra Civil a la Democracia pasando, cómo no, por el Franquismo. Quizás por eso, por lo que han supuesto los festivales para él, siempre acude a recoger cualquier premio que le den. En esta ocasión ha tocado la Biznaga de Honor en Málaga.

Los grandes festivales de cine suspenden en paridad, tanto en las películas a concurso como en palmarés

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Allí ha atendido a la prensa con la misma amabilidad de siempre y con su inseparable cámara de fotos colgada con la que incluso ha hecho una foto a los periodistas que le preguntaban. De los piropos de los cineastas de fuera asegura sentirse “muy orgulloso”, pero prefiere no darle excesiva importancia a la posteridad: “Uno no debe ser muy vanidoso. Te crees muy importante y te dicen que eres un genio, pero luego das dos pasos y piensas, 'qué imbécil soy, cómo voy a ser yo un genio'. Tampoco hay que ser excesivamente humilde, que eso te destroza, hay que encontrar el término medio”.