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ENTREVISTA

Lea Ypi: “No aprendemos las lecciones de la historia porque no sabemos qué preguntas hacer”

La escritora y profesora Lea Ypi

María Ramírez

Londres —
12 de marzo de 2026 22:16 h

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Lea Ypi tiene un don especial para capturar historias en una imagen. Indignidad: una vida recreada, su último libro recién publicado en español, empezó con una fotografía de sus abuelos de luna de miel en los Alpes italianos en 1941 que descubrió en Facebook –difundida por un usuario desconocido– y que quiso entender rebuscando en los archivos en Albania y Grecia. Pero la portada del libro no la ilustra esa foto, sino la imagen evocadora y misteriosa de un canario, que representa una nana y una casa llena de pájaros en la Salónica perdida de su abuela. 

Una lata de Coca-Cola utilizada como florero encapsula sueños, frustraciones y contradicciones en la portada de Libre, el libro de pseudomemorias adolescentes en la Albania comunista que en 2021 lanzó a Ypi a la fama y ha sido traducido a más de 30 idiomas. Ahora, el canario de intenso amarillo simboliza la nostalgia y la belleza en medio de un relato de guerra, espionaje, represión y también fortaleza, que es lo que Ypi acaba encontrando en la búsqueda de los rastros de su abuela Leman y su abuelo Asllan, encarcelado por el régimen del estalinista Enver Hoxha. 

Asllan y Leman Ypi, en su luna de miel en Cortina d'Ampezzo, en 1941.

Indignidad es un relato íntimo, en parte novelado, que refleja también la historia del sureste de Europa, multicultural y multilingüística, a veces olvidada. Los personajes de Ypi viven el intercambio de población entre Grecia y Turquía hace un siglo, la creación de fronteras tras el colapso del Imperio Otomano, el antisemitismo contra los sefardíes en Grecia, la utopía y la represión en Albania. 

Ypi, catedrática de Filosofía y Políticas en la London School of Economics (LSE), nunca deja de hacerse preguntas sobre los límites de la memoria y su instrumentalización. También cree que hay salvación a través del arte.

Hablamos en un café italiano cerca de su casa de Londres. Ypi pide una Coca-Cola. En una mesita, comemos focaccia y la escritora me enseña en su móvil el PDF con todas las fotos de su abuela durante la luna de miel en Cortina d'Ampezzo. Pasó años buscándolas, pero las recibió después de publicar el libro. Tienen los bordes blancos estilo puntilla de las fotos antiguas y el sello con las siglas de los archivos de Albania. Siguen siendo propiedad del Estado, que no devuelve a la familia los originales. A Ypi le fastidia que algunos de los sellos tapen la cara de su abuela.

Esta es parte de nuestra conversación, editada por extensión y claridad.

¿Los Estados, los archivos u otros todavía controlan el pasado?

Sí, desde luego. Existen estructuras políticas y económicas que controlan a la gente, como las redes sociales. Controlan la vida de las personas de muchas maneras y tienen un poder sobre ellas que el usuario no tiene. El Estado crea identidades, decide quién obtiene un pasaporte y quién no, o un certificado de nacimiento… 

Si intentas investigar el pasado, lo primero que haces en el archivo es buscar actas de nacimiento y documentos de propiedad. Por ejemplo, cuando quería averiguar cómo vivía mi abuela en Salónica, consultaba el catastro.

Y ahí es donde te das cuenta de que, en realidad, las instituciones crean la historia que quieren, basándose en los imperativos del Estado o la política del momento. Crean y ordenan los hechos como quieren, según sus propias prioridades. Su prioridad no es necesariamente la tuya. A ti te importa la humanidad de tu abuela, por ejemplo, y a ellos, no, solo les importan unos datos. 

A menudo pensamos, cuando nos relacionamos con el pasado, que si podemos encontrar la verdad, eso nos reconciliará con todas las cosas horribles que sucedieron. Y no reflexionamos suficiente sobre el hecho de que, en realidad, no encuentras la verdad, sino la visión de otra persona sobre esa vida y el mundo de alguien que se te presenta como si fuera la verdad. Pero ¿es esa realmente la verdad o hay algo más? ¿O hay otra perspectiva que está siendo completamente excluida?

Las instituciones crean la historia que quieren, basándose en los imperativos del Estado o la política del momento. Crean y ordenan los hechos como quieren, según sus propias prioridades

¿Encontró un relato en el caso de cómo tratan los archivos Grecia o Albania?

Sí, desde luego. No sólo por cómo conservan, sino también por lo que excluyen, lo que no dicen o lo que no se encuentra. Ahí es donde se observa que el relato excluye todo lo que no encaja. 

En Grecia, por ejemplo, respecto a los registros del Imperio Otomano. Al intentar recuperar la vida otomana de la ciudad, se encuentra mucha menos evidencia que si se busca sobre el Estado-nación griego, porque el esfuerzo ideológico del nacionalismo se había centrado en crear una historia del pasado de Salónica [hoy Tesalónica] que fuera nacionalista. Así que todo lo relacionado con el multiculturalismo y el cosmopolitismo era mucho más difícil de encontrar. 

Cuando investigaba la Segunda Guerra Mundial, hay un relato del Estado griego donde está la resistencia comunista, y luego está el Estado griego como un Estado ocupado, pero no se encuentra mucho sobre la complicidad de las fuerzas griegas internas. 

O, en el caso de Albania, en los archivos de los servicios secretos está el punto de vista del Estado comunista y el partido. El partido moldea todo lo que los burócratas recopilan, lo que escriben en el archivo, cómo presentan una vida, cómo interpretan la información. Siempre se basa en un principio ideológico que marca cómo la interpretan... Las fuerzas históricas estructuran vidas.

La frase de la placa en el antiguo cementerio judío de Tesalónica que usted visita es impactante: “La gente no fue suficiente, quisieron matar también la memoria”.

La misión de borrar la cultura existe precisamente para que no puedas contar con una cultura que no esté controlada por el poder y la autoridad.

La historia del cementerio judío es muy interesante porque el intento de destrucción del cementerio empezó a principios de los años 20. Siguió durante todo el período de entreguerras. Había una lucha entre la comunidad judía y las fuerzas nacionalistas griegas, cada vez más antisemitas. Luego llegaron los nazis y lo liquidaron. Si preguntas ahora, los griegos no saben nada al respecto. Dicen que fue destruido por los nazis. Pero cómo los nazis llegaron a ese punto es más útil para nosotros ahora, para comprender la relación entre el pasado y el presente, o por qué el pasado vuelve.

La misión de borrar la cultura existe precisamente para que no puedas contar con una cultura que no esté controlada por el poder y la autoridad.

El médico de la familia, judío, Elías Levy, tiene un papel importante en el libro ¿Lo descubrió al investigar?

Sí. También lo usé para reconstruir la vida cosmopolita de una ciudad que había sido completamente arrasada. Leí muchos periódicos de la época, fuentes griegas, judías, francesas, porque también había muchas publicaciones en francés en Salónica. Era una de las lenguas oficiales de la burocracia. Así que se puede ver cómo se filtra poco a poco y cómo todo está arraigado en lo griego, en la crisis financiera con el desplome de Wall Street, que es lo que intento reconstruir en el libro: cómo comienza como una crisis económica y luego se convierte en un arma de la identidad. En primer lugar, el movimiento de personas.

La “separación de las gentes”, el intercambio de población entre Grecia y Turquía, es uno de los episodios más chocantes de la historia que cuenta...

Escribí sobre esto cuando había conversaciones sobre la creación de una ciudad humanitaria en Gaza, un lugar seguro que, según Trump, sería un refugio. 

Y así es exactamente como se justificaban estos intercambios obligatorios de población, la idea de que haya lugares realmente seguros solo para quienes pertenecen, y que las personas solo pueden estar seguras si encuentran su lugar.

Incluso en el Reino Unido, hay un debate sobre quién es británico de verdad más allá del pasaporte…

Estaba leyendo que la ministra de Interior, Shabana Mahmood, impuso la norma de que los migrantes deben hablar inglés a un nivel adecuado según un examen de Estado. Pero puedes ir a Gales y conocer a mucha gente que lleva generaciones viviendo en Gran Bretaña y que solo habla galés.

¿Qué es una identidad limpia? Y, además, si hablan lo suficientemente bien como para trabajar y ser explotados, ¿por qué importa que tengan que demostrar que lo hablan para un examen que el Estado les ha impuesto para superar este tipo de obstáculo? Es una instrumentalización para enviar una señal política.

Escribe sobre la sensación de sentirse “otro” en cualquier país y también la pregunta a su abuela de “qué era” después del intercambio de población. ¿Ahora no es tan raro que todos tengamos múltiples identidades?

Lo cierto es que es muy difícil separar a la gente. Y hay cierta violencia en obligar a la gente a decir “¿quién eres?” y querer solo una respuesta. Es muy violento pedirle a alguien con múltiples identidades que elija una de ellas y que la defienda. Me siento albanesa, pero también británica, también mujer, también madre. Y siento que todas estas cosas no siempre van necesariamente juntas. También soy marxista. Tienes una identidad política, tienes un género o algún tipo de identidad social.

Las estructuras que imponen una respuesta única a la pregunta de “¿quién eres?” lo hacen porque las vidas se vuelven más fáciles de controlar, se vuelven mucho más vulnerables. Si tienen una respuesta única en lugar de una compleja, las vidas son mucho más vulnerables a la manipulación y la dominación.

Es muy violento pedirle a alguien con múltiples identidades que elija una de ellas y que la defienda

La historia del sureste de Europa tiene una identidad más europea en el sentido actual, más multicultural. Lo que cuenta de los aranceles, la guerra y la crisis económica también suena familiar. ¿Aprendió alguna lección para el presente?

Intentaba reflexionar sobre la lección, pero también depende en gran medida del tipo de preguntas que te plantees. No hay lección si no planteas la pregunta correcta. 

Hay que preguntarse en qué consiste la dignidad. ¿De qué está hecho el ser humano? Parto de una perspectiva muy universalista, muy cosmopolita, muy abierta al futuro. Luego examino el pasado y pregunto qué falta. Ahí es donde descubrí que esa perspectiva no es la de las autoridades. No es la del Estado. No es la perspectiva de las estructuras de poder porque ninguna de ellas se preocupa por el ser humano. Para mí, solo se puede ver qué falta, qué injusticias existen y cómo se reproducen. Con una explicación mucho más filosófica de la humanidad y la dignidad, la identidad es una forma de distorsión.

El debate en muchas sociedades postransición, posconflicto, sobre la injusticia histórica es que necesitamos ir a las fuentes, encontrar los hechos y descubrir la verdad. ¿Y qué es eso? Lo que falta en la perspectiva de aprender del pasado es que solo se puede encontrar la verdad si se puede confiar en el mecanismo de transmisión de la verdad. Así que, si no la encuentras, si estás en manos de estructuras de poder para reconstruir la verdad, nunca podrás hacer la pregunta correcta porque siempre harás la pregunta de ellos, no la tuya. 

Lo que falta en la perspectiva de aprender del pasado es que solo se puede encontrar la verdad si se puede confiar en el mecanismo de transmisión de la verdad

Schiller [el filósofo alemán del siglo XVIII] se preguntaba cómo evitar hacer la pregunta de otro. La única manera de hacerlo, según él, es impulsando la literatura, el arte y la imaginación.

En cierto modo, la lección que aprendí fue que la historia se repite. Y la razón por la que no aprendemos las lecciones de la historia es porque no sabemos qué preguntar. Hay que hacer un trabajo preliminar para intentar encontrar las preguntas correctas.

¿Cuál es la pregunta correcta?

Se trata de cuestionar la dignidad, ¿Qué es lo que da dignidad a la humanidad y cómo las diferentes estructuras políticas, en distintos momentos, distorsionan, pervierten, instrumentalizan y manipulan la dignidad? No creo que mi libro pretendiera ofrecer una respuesta positiva a cómo sería un sistema que realmente respetara esa dignidad. Pero sí quería cuestionar los sistemas existentes: todos violan la dignidad de una forma u otra, ya sea la vigilancia bajo el comunismo, los mercados, la crisis financiera y los efectos del capitalismo, o el Estado nacional que conduce a conflictos destructivos. 

Pero el canario también da algo de esperanza. ¿Por qué el canario en portada y no la foto de su abuela?

El libro trata sobre mi abuela, pero también sobre la vida de otra mujer y sobre lo que significa llevar una vida digna en circunstancias difíciles. Así que no quería que fuera la foto de portada, porque se habría convertido en un libro sobre mí y mi abuela.

Como digo en el libro, soy una investigadora. Lo hice como alguien que quiere reflexionar sobre el conocimiento, la historia y la memoria. Sentí que la dinámica familiar y la relación personal reducen la complejidad histórica y filosófica a las interacciones personales.

Quería que el libro funcionara con la imaginación. Y el canario está ahí por los recuerdos que ella tenía de su infancia y que no están en los archivos. Lo sé por sus historias. Y quería el elemento literario. Intento reconstruir con la literatura su mundo interior. Y ese mundo interior no está en los archivos. La literatura interviene en la historia. La política nos refleja.

Ha estado de tour en Estados Unidos, ¿hay diferencia en lo que está teniendo más resonancia allí o en Europa?

La cuestión de la migración y el desplazamiento de población resuena en todas partes. Quizás en Europa la gente tenga más en cuenta el Imperio Otomano y su posterior colapso, la guerra, y en el Reino Unido, los espías británicos y la historia de la Segunda Guerra Mundial. En Estados Unidos, y en realidad en todas partes, la cuestión de cómo sobrevivir con dignidad en tiempos extremos es probablemente lo que resuena. ¿Cómo te proteges del tipo de gobierno que no te gusta? 

¿Cómo?

No lo sé.

Pero su abuela lo consiguió...

Creo que lo logró. Lo que intento decir es que hay que resistir la sensación de colapso e inevitabilidad. Hay que recordarse constantemente que hay voluntad humana detrás de todo. Y puede que no sea suficiente. Pero creo que solo cuando te rindes a la sensación de colapso e inevitabilidad pierdes la capacidad de actuar. 

Hay que recordarse constantemente que hay voluntad humana detrás de todo... Cuando te rindes a la sensación de colapso e inevitabilidad pierdes la capacidad de actuar. 

Mi abuela no podía derrocar al régimen por sí sola. Pero al mantener el sentido de que la dignidad es algo que tenemos dentro de nosotros, siempre mantuvo un espíritu de compromiso. Estaba despierta, en lugar de rendirse. Cuando te rindes, mentalmente empiezas a hacer concesiones y a vender tu alma, y piensas: “Se acabó de todas formas. ¿Qué puedo hacer? ¿Qué puede hacer una persona?”. Ella mantuvo la idea de que la dignidad siempre está ahí. Mantuvo el espíritu de resistencia y de que se podía hacer más.

Eso va en contra de la estrategia actual rusa de promover el escepticismo, la idea de que nada importa.

Exactamente. Tienes que resistir al nihilismo sobre la insignificancia de todo. La reflexión sobre la dignidad, cómo se queda contigo y nadie te la puede quitar es lo que te ayuda a luchar.

La cuestión no es lo que recuerdas, sino cómo lo recuerdas.

Hay una frase que usted pone en boca de su abuela Leman: no se trata de culpar, sino de entender. ¿Son sus propias palabras?

Sí, aunque también es cómo ella pensaba. Tiene que ver con cómo se concibe la reconciliación con los perpetradores. Quería reflexionar en el libro sobre cómo respondemos a la injusticia histórica. Una manera fácil de responder es decir: aquí están los perpetradores, aquí están las víctimas. Hay que identificar a los perpretadores y luego necesitamos un proceso mediante el cual ellos o sus descendientes pidan perdón. Para mí, esta es una forma muy individualista de pensar sobre la culpa, el conflicto y lo que lo produce la injusticia.

Es muy importante entender por qué las personas asumieron esos roles sociales. Es decir, no quiero necesariamente saber quién hizo qué para poder culparlos. Quiero entender cómo surgió el proceso en primer lugar y por qué ciudadanos comunes no habrían llegado a ser espías en una época diferente. ¿Por qué hicieron lo que hicieron? Ese proceso es muy diferente de la culpa... Se trata de una forma de comprender las causas que va más allá de los individuos y explica el contexto. La cuestión no es lo que recuerdas, sino cómo lo recuerdas.

¿Cómo equilibra las historias cotidianas, íntimas, en el colapso de los imperios con las reflexiones filosóficas?

Cada vida, si piensas en ella, no en el momento en que la vives, sino en retrospectiva, es el resultado de alguna fuerza histórica. La forma en que nos comunicamos, o la forma en que nos reunimos aquí en este café, en este momento en particular... Si alguien viera esta reunión 40 años después la vería cómo el resultado de su tiempo. Pero no pensamos así. Solo pensamos en nosotros mismos y en nuestras relaciones inmediatas. 

Lo que intento hacer en Libre y en Indignidad, y también ahora en el próximo libro, es capturar cómo la filosofía y la política moldean nuestra vida cotidiana. Tal vez no pensamos en ello, pero es lo que mi trabajo intenta hacer: conectar la historia macro con la micro.

¿De qué trata el próximo libro?

Se titulará Equal (“igual”). Trata de igualdad y migración. Y de mi vida en Italia como estudiante, con los izquierdistas italianos.

Quiero escribir una secuela que trate sobre la libertad en las relaciones sociales, que equivale en mi opinión a la igualdad. Trata sobre integración, migración y ciudadanía. La idea de ciudadanía es lo que nos hace a todos iguales ante la ley, pero también existe la gran frontera entre quién pertenece y quién no. Eso pervierte una idea diferente de lo que podría ser la igualdad, que es más filosófica y no está ligada a la ciudadanía.

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