Entrevista
Javier Bardem: “En los jóvenes hay un renacer de una masculinidad peligrosa”
Javier Bardem es capaz de transmitir la complejidad de un personaje con un ojo. Parece una boutade, pero cuando uno ve El ser querido, la película de Rodrigo Sorogoyen que acaba de llegar a las salas y él protagoniza, lo entiende. El trabajo de Bardem es tan apabullante y tan lleno de matices que hay un momento donde Sorogoyen encuadra uno de sus ojos en una escena de máxima tensión y uno puede ver todo lo que pasa por la cabeza de Esteban Martínez, ese cineasta que intenta arreglar el pasado con una hija a la que hace años que no ve y a la que ofrece un papel en su nueva película.
Pocas veces habíamos visto a un Bardem tan desnudo y sin máscara en una película. Y pocas veces uno es testigo del talento a chorro de uno de los actores más importantes del cine español. No solo por los premios —a ver cuántos intérpretes tienen dos copas Volpi de Venecia, un premio al Mejor actor en Cannes, un Oscar y seis Goyas—, sino por el compromiso que desprende cada uno de sus trabajos y que luego demuestra cuando se apagan los focos y suena la claqueta final.
Es ahí donde el actor muestra la importancia de saber usar su altavoz. Bardem siempre ha hablado claro de política. Desde aquel mítico 'No a la guerra' en 2003 hasta el genocidio en Gaza siempre se ha posicionado sin miedo a las consecuencias. Y vaya si las ha podido haber. En aquel año se jugó el inicio de una carrera en Hollywood, que a pesar de su éxito también podría estar en peligro por su defensa del pueblo palestino ante una industria que amenaza con el veto a sus personalidades más críticas, como Susan Sarandon o Mark Ruffalo. Quizás su éxito, además de esa excelencia en su trabajo, radica en haber logrado una posición que le permita hablar y ser un referente sin miedo.
Hace cinco años que no hacía una película en España, desde El buen patrón. Creo que hay una sensación de que rueda poco aquí, ¿cómo lo percibe, tiene esa sensación?
Es verdad que si lo cuantificamos, quizá haya rodado más fuera que dentro. Y al final son cinco años. Tiene que ver con las circunstancias de los proyectos que se presentan aquí. Muchas veces he comentado que no aparecen tantos proyectos como me gustaría, por las razones que sean. Sé de algunas, imagino otras… Sé que dicen que vivo fuera, que es mentira. Que soy muy caro, que es mentira. Soy caro si tienen dinero para pagar. Si hago James Bond, pues evidentemente voy a perder dinero. Si hago El ser querido, pues no voy a perder dinero. Hay otras formas de hacerlo. Cuando uno tiene una pasión por hacer un proyecto, el dinero no debe ser nunca un problema porque estás invirtiendo en tu trabajo. Al final se van dando circunstancias que hacen que trabajes más fuera. Pero es verdad que cuando trabajo en mi idioma, en España, con mis compañeros de aquí, la experiencia es otra. Es una experiencia mucho más… No sé, es diferente. El cuerpo se relaja, el cuerpo está más presente. Es mi cultura, es mi idioma, es mi comida, es mi aceite de oliva, son mis risas en el rodaje, es mi humor, es otra cosa.
Hacía tiempo que no le veía tan desnudo, sin máscara, en un papel, ¿eso le hace estar más vulnerable en la película?
Sí, la propuesta era esa también. Aparecer en este personaje sin una construcción tan externa y hacer una presentación del carácter a través de la emoción, de lo que siente y de lo que prefiere ocultar o evitar sentir. Una cosa que me gustó mucho de Rodrigo fue que yo le traje propuestas de apariencia física y él dijo que no, porque quería mostrar al público que en el cine trabaja gente normal, gente que va con un vaquero con una camiseta. Gente de diferentes géneros, diferentes tendencias políticas, diferentes sexualidades… un grupo de personas normales que hacen un trabajo concreto. Por eso no quería nada de exhibición en el director y me pareció muy valiente y muy, muy de verdad.
La película habla de la paternidad. Ha mencionado en ocasiones cómo el ser padre ha condicionado elegir a veces un proyecto u otro, ¿le ha cambiado como actor y como persona?
Yo creo que sí. La paternidad te cambia algo dentro si estás atento. De hecho, debe cambiarte algo. Es un deber que algo en uno se modifique por el hecho de ser padre o madre. Tiene que ver con la incondicionalidad y con el poner por delante los deseos de otra persona antes que los tuyos. Y eso también origina un cambio de criterio y un cambio de elección de proyectos que tiene que ver con las diferentes edades de esos niños. Haces La sirenita, haces el cocodrilo, haces cosas que valgan para que ellos entiendan qué hace su padre cuando está fuera dos semanas y no le ven. Ahí empiezan a entender y les gusta, y ahora que son más mayores lo entienden y lo respetan y se quejan menos, los pobres, de mis ausencias porque saben que estoy trabajando, que no estoy bailando con un cocodrilo, pasándomelo bien.
Su personaje es un director con una masculinidad tóxica, algo de lo que en los últimos años se ha hablado mucho. Los hombres hemos tenido que, de alguna forma, revisarnos, hacer examen. ¿Lo ha hecho?, ¿cómo ha sido ese proceso?
Sí, sin duda. Yo soy producto de eso, y también he sido origen de eso. Quiero decir, yo también he fomentado de alguna manera esa masculinidad desde mi educación, desde mi capacidad de comportarme cuando era más joven, cuando tenía menos recursos que ahora para entender situaciones que consideraba injustas y que ahora son absolutamente banderas rojas, pero que en aquel momento eran aceptadas socialmente. No hablo de temas de abuso, ni físico, ni emocional, ni sexual, evidentemente, pero sí de dar por hecho que hay un desequilibrio y que es así como la sociedad funciona. Y claro que hay que resetear todo eso, y hemos llegado a un momento en que tenemos más consciencia y la voluntad de tener que hablar de ello y denunciarlo.
La responsabilidad del hombre es apoyar a aquellas que lo denuncian. Y luego, evidentemente a nivel educacional con tus hijos, saber que es importantísimo que se cree una base de entendimiento, de empatía, de generosidad, de reconocimiento del otro y de la otra desde un lugar de igualdad para cuando crezcan. Pero estamos viendo como en esta sociedad, en la juventud, se están produciendo situaciones que uno creería que ya estaban olvidadas. Y eso es lo preocupante que se está enseñando desde los medios, desde las redes sociales y también las casas a ciertos jóvenes.
El tema de las redes sociales es muy fuerte lo que se puede consumir y ver.
Es muy fuerte. Y ahí hay también una masculinidad muy comparativa que tiene que ver con asuntos más relacionados con la fuerza, con la agresividad, con el poder, con el neoliberalismo más brutal, con esa cosa de consumir y de tener, de poseer. Y eso es peligroso.
En la película son las mujeres las que a Esteban le dicen en varios momentos “hasta aquí”, ¿son las mujeres las que nos han reeducado en este sentido en todos estos años?
Totalmente. Yo estoy aquí porque me educó una mujer, mi madre. Mi padre estaba ausente, y eso, evidentemente me ayudó a entender muchas cosas de El ser querido a un nivel más personal. Hizo lo que pudo, lo que supo en aquel momento. Y yo le perdono y le tengo muy presente y le quiero mucho. Pero la que se rompió el lomo fue mi madre, y entendí muchas cosas que tienen que ver con otro tipo de poder. El poder de la resiliencia, el poder de la constancia, el poder de la lucha, de la denuncia. También muchas cosas que tenían que ver con algo mucho más cercano a lo que se debe entender por fuerza interior en vez de la fuerza que ejerce una identidad masculina más agresiva.
Hablando de todo esto, me sorprendió mucho la que se lio por su declaración de que España es un país machista en Cannes, ¿le sorprendió?, ¿le afecta que una cosa que diga genere esa bola de nieve?
A mí me produjo curiosidad saber qué es lo que estaba produciendo rechazo a aquellos que rechazan el hecho de que consideremos que España es todavía un país machista en muchas cosas. Entonces me dio a entender que sí, que evidentemente seguimos teniendo ese problema, porque si no fuese así hubiera habido un entendimiento. Tenemos que mejorar, tenemos que indagar más en cuál es la raíz de eso a nivel educacional, de costumbres, de actitudes, de eso que se llama micromachismos o microabusos. Cuando veo que hay una rebelión tan fuerte frente a eso digo: bueno, ahí está el problema, que primero no se está aceptando.
España es un país en el que se mata a una mujer semanalmente. Eso es así, eso es un hecho, no es una opinión. No digo que sea el país más machista. Habrá países mucho más machistas o menos. Me da igual. Yo hablo de mi país. En mi país hay un problema que tiene que ver con lo que se ha originado en los años 60 y 70 desde una sociedad puramente patriarcal, donde ha habido asuntos de gran desequilibrio entre la mujer y el hombre y que ahora están dando la cara, además, en la juventud, con un nuevo renacer de esta masculinidad que estamos hablando, que es peligrosa.
Es como un concepto de patriotismo mal entendido, como si ser patriota fuera no ver lo malo de tu país en vez de criticarlo para mejorarlo.
Exactamente. Si quieres algo, hay que poner la atención ahí para mejorarlo, para saber cuál es el asunto que realmente necesita una voluntad de mejora para que la sociedad crezca y se conduzca hacia lugares mucho más creativos, mucho más constructivos, mucho más sanos. Si nos quedamos mirando el ombligo en las cuatro cosas que funcionan, que las tenemos y muchas más, y negamos las demás, nos quedamos enconados en cosas, en argumentos que son ya antiguos y que son peligrosos.
Tengo una edad en la que me da bastante igual lo que digan o no digan. La gente ya sabe quién soy, de qué palo voy y lo que voy a opinar más o menos de un tema o de otro
¿Esas cosas hacen que venga con el freno de mano puesto a una entrevista?
No. Depende mucho del entrevistador. Yo tengo una edad en la que me da bastante igual lo que digan o no digan. La gente ya sabe quién soy, de qué palo voy y lo que voy a opinar más o menos de un tema o de otro. Es verdad que si tú abres una intimidad a alguien en una entrevista y sientes que el entrevistador está tomando un camino, que está usando esa intimidad para abusar, para intimidar, para forzar, para tener un aspecto violento del entrevistado…
Se nos ve venir, vamos.
Claro, pero yo debo decir que gracias a Dios, no sé si también porque yo he cambiado en ese aspecto, no me encuentro ya ese perfil de entrevistadores. Antes creo que había más.
Ha mencionado que ahora hace lo que quiere, ¿es eso el éxito, el poder decir lo que quiere, permitirse hacer lo que desea? Pienso en los Oscar del año pasado, aparecer con la chapa del 'No a la guerra' y una mención al genocidio en Palestina es la prueba más clara de ello.
Bueno, como dices tú, quizás el mayor de los éxitos es la libertad, el sentirte con la capacidad de decisión sobre tus propios actos y tu propia voluntad, sin tener que dar explicaciones a nadie ni estar subyugado por las necesidades de tener que rendir pleitesía. Algo que pasa por muchísimas razones, y todas son entendibles. Cuando no tienes para comer, pues habrá que hacer lo que sea para dar de comer a tus hijos. No es mi caso, afortunadamente. Tengo un panorama laboral que me da una tranquilidad, y puede ser mucho menor porque hay represalias, sí, pero en la balanza eso tiene menos importancia que el hecho de poder decir algo en lo que creo firmemente y que creo además tiene una consecuencia real, produce cambio. La gente cuando lo escucha en un escaparate como ese dice joder, qué bien, se puede decir. Eso anima a que la gente tome también partido.
Sucede que cuando nos juntamos cada vez más y hacemos una denuncia pública, las sociedades se van dando cuenta de que es posible decir en voz alta aquello que se ha tenido que ocultar por miedo a la represalia, al castigo y se ve que se puede dar la vuelta a la tortilla. Y aquellos que castigan empiezan a ser expuestos. Eso es lo que está pasando. Por ejemplo, en el caso de Gaza, la narrativa que siempre ha imperado desde el Estado de Israel a través de la manipulación mediática y de la narración ha cambiado a nivel social. La gente ya sabe que esas tres o cuatro cosas que siempre sacan a colación cuando uno hace su derecho legítimo de crítica no son reales, ya no tienen la eficacia que tenían hace diez años. Y eso es porque hay gente que habla.
Sin embargo, luego está el caso de Mark Ruffalo, que abiertamente han hecho un comunicado en su contra. O sea que todavía hay fricciones.
Porque saben que funciona y porque saben que tienen una responsabilidad con AIPAC, el lobby sionista más fuerte en EEUU que controla tanto a tantos niveles, tantos medios, tanta industria y tanta política. Tienen una responsabilidad frente a esas personas que ponen tanto dinero en sus empresas, en sus proyectos y en sus medios. Pero si te das cuenta, el eco llega muy lejos y acaba muriendo en muy poco tiempo, porque ya no tiene esa relevancia, porque la gente no le da valor a eso. Eso no es real. Tú puedes criticar a EEUU y no pensar que todos los americanos son como Trump o no odiar a los americanos. Pero la política estadounidense en este momento es una política dañina, destructiva a todos los niveles, diplomático, económico y hasta vital con estas guerras.
En este año increíble, con El ser querido y El cabo del miedo, además debuta en el teatro, ¿hay nervios?
Claro, hay una inseguridad y un miedo, pero por eso me he metido. Es un proyecto muy, muy humilde, en el mejor de los sentidos. Es un lugar íntimo. Son 100 butacas. Un grupo de actores no muy numeroso. Y la intención es traer un proceso de trabajo que abogue por la intimidad, por el compartir esa experimentación y esa forma de trabajar más íntima a un público reducido y ver dónde llegamos todos. Quiero decir, no es un Teatro Español hasta la bandera, como hacía mi queridísimo y admiradísimo Juan Diego Botto en esa maravilla dirigida por Mencheta sobre Lorca. La vi tres veces y las tres veces me rompió. Eso es un teatro mayúsculo para mí.
Hay algo también de homenaje a un maestro que me imagino que también de alguna forma es volver a tus inicios.
Totalmente. Y aparte con los compañeros y compañeras con los que empecé a trabajar, a estudiar hace 25 años y con mi maestro, mentor, amigo y guía en todos los sentidos, artístico y personal, Juan Carlos Corazza. Como dices tú, es como una vuelta al inicio, al origen, y desde ahí nace el deseo de compartir con un público esta cosa de buscar a ver qué encontramos. Lo que pasa que cuando estás trabajando con Chéjov hay tantas joyitas que es muy bonito el poder compartir esos textos.