Festival de Venecia
May el-Toukhy gana el León de Oro con ‘Woman Unknown’, un incómodo retrato a las mujeres que mantenían relaciones con los nazis
Cuando el director artístico del Festival de Venecia, Alberto Barbera, anunció las películas que competían en esta edición, sonaron muchas alarmas. Entre los 20 títulos anunciados solo uno estaba dirigido por una mujer. Finalmente, y tras la entrada a última hora de Naza, codirigida por Yuval Abraham y Rachel Szor, fueron dos. Aun así, una cifra terrorífica que mostraba la enorme brecha de género y el problema de desigualdad en la industria del cine. Parece que el jurado haya querido tirar de las orejas a Barbera y a la Mostra eligiendo con su León de Oro a Woman Unknown, de May el-Toukhy, la única película dirigida en solitario por una mujer de todas las que conformaban la Sección Oficial. Es la octava mujer en lograrlo.
El jurado, presidido por Maggie Gyllenhaal, sorprendió con su elección. La crítica daba por hecho que el mayor reconocimiento de la Mostra iría para Naza, el demoledor documental sobre el genocidio en Gaza o, en su defecto, a Possible Love, la película más redonda de la competición, un drama sobre la lucha de clases y el cine como vampiro del coreano Lee Chang-Dong. Al final el consenso se decantó por el drama histórico de El-Toukhy, que también estaba entre las favoritas.
Woman Unknown es un retrato incómodo, poderoso y a contracorriente de las mujeres que mantuvieron relaciones sentimentales y sexuales con los nazis en sus países invadidos. Igual que hiciera en Reina de Corazones, su anterior filme, la directora elige una protagonista que se equivoca, que pone en jaque las creencias del espectador y con el que hace repensar la mirada histórica sobre estas mujeres, que fueron vejadas en la vía pública y marcadas de por vida por actos que, en muchas ocasiones, eran de pura supervivencia.
El-Toukhy no juzga a su personaje. No da coartadas morales al espectador. La protagonista es una de esas mujeres, una que intenta esconder lo que hizo para sobrevivir en la posguerra, cuando Dinamarca ha sido liberada. Con este León de Oro la directora se consagra en el panorama del cine de autor europeo y el jurado intenta reparar ese “problema sistémico”, como lo definió Maggie Gyllenhaal en la rueda de prensa del primer día. Un problema que, aseguró también como cineasta, hace que las mujeres tengan “mucho más difícil conseguir financiación para sus películas”. De hecho, la cineasta danesa le agradeció a Gyllenhaal esas palabras. Gracias por alzar la voz y visibilizar la falta de igualdad de oportunidades para las cineastas en nuestra industria. Es una posición muy solitaria desde la que hablar, y muchos te aplaudimos por hacerlo“, dijo con el León de Oro en la mano
Su reivindicación del filme danés fue contundente, ya que también premiaron con la Copa Volpi a la Mejor interpretación femenina a su protagonista, Mathilde Arcel, que ofrece una composición sobresaliente. Para que una película logre no solo el León de Oro, sino un premio de interpretación, debe haber un consenso unánime del jurado. Por ello no es normal que ocurra e indica que, sin duda, Woman Unknown ha sido la película favorita.
Gaza en segundo plano
Irónicamente, Venecia ha vuelto a vivir lo ocurrido el año pasado, cuando La voz de Hind llegó al final como la gran favorita y acabó viendo cómo Jim Jarmusch lograba el premio por Father Mother Sister Brother. Esta vez se trataba de Naza, el demoledor documental sobre el genocidio en Gaza en el que 24 miembros del ejército y la inteligencia israelí reconocen los crímenes cometidos, que dejó desolada a la crítica. Todo indicaba que este año Venecia miraría de frente a Palestina, pero el jurado presidido por Maggie Gyllenhaal pensó diferente que la crítica y acabó entregándole un premio menor, una condescendiente mención especial del jurado que sabe a poco por el trabajo austero sobre la banalidad del mal creado por Yuval Abraham y Rachel Szor, dos de los cineastas que ganaron el Oscar por No other land.
Toda la sala Grande del Lido se puso en pie al escuchar su nombre, dejando claro que Naza es la película que ha marcado este certamen. Abraham recordó que el genocidio sigue en marcha, que los crímenes siguen ocurriendo y dedicó su premio a los periodistas palestinos que han contado desde dentro lo que estaba pasando realmente.
“Sus voces fueron silenciadas y negadas. Negar un crimen es lo que permite que este persista. Por eso es realmente importante para nosotros que los israelíes vean esta película. Es nuestro país el que está cometiendo estos crímenes. Que la vean los europeos, especialmente aquí en Italia, porque su gobierno y el gobierno alemán están bloqueando la presión sobre Israel que podría poner fin a esto; y que la vean los estadounidenses, porque ese país está financiando gran parte de la matanza.
La otra gran favorita, Possible Love, que llegaba junto a Naza como las dos grandes películas del certamen, se quedó con el Gran Premio del Jurado (el León de Plata). Una finísima radiografía de la lucha de clases y la vampirización del cine que supone el primer trabajo de su director, Lee Chang-Dong, en ocho años. El otro León de Plata, el que reconoce la mejor dirección fue para Ilya Khrzhanovsky, por la descomunal, por tamaño y ambición, Dau. El cineasta ruso revienta las convenciones del biopic para contar, en un trabajo realizado durante años, el trabajo del científico Lev Landáu para terminar ofreciendo un retrato del totalitarismo que resuena en nuestros días.
El cineasta francés Stephan Brizé se hizo con el galardón al Mejor guion (escrito junto a Coralie Amédéo y Olivier Gorce) por Un Bon petit soldad, una divertida mirada a una directora de recursos humanos que tiene que lidiar con una conducta de acoso laboral en un departamento. Brizé, experto en cine político y social, apunta esta vez a la mala leche y la ironía para retratar esos ambientes de una compañía que quiere ser moderna pero sigue perpetuando las mismas conductas de acoso laboral. “La historia nos enseña que la carrera por el beneficio genera sufrimiento y que, cuando la economía produce sufrimiento, el fascismo siempre surge como un buitre, presentándose como la ilusión de una reparación. Las mismas causas siempre producen los mismos efectos; lo que ocurrió ayer se repite hoy, pero hoy ya no se puede decir que no se sabía”, lanzó Brizé desde el escenario en un discurso que entronca con su filme.
En el palmarés (en el que estaban todas las películas que lo merecían) se confirmó, también, que el Festival de Venecia no necesita de Hollywood para lograr una edición más que notable en cuanto a calidad. Los mejores títulos llegaron del cine de autor, y solo uno, Wilde Horse Nine, contaba entre las favoritas al palmarés. La sátira de Martín McDonagh sobre dos de los agentes de la CIA que preparan el golpe de Estado contra Allende en Chile conquistó a todos, pero estaba claro que si había algún premio que merecía era el de mejor actor para un John Malkovich descomunal. Así fue, y Malkovich se llevó una Copa Volpi que solidifica sus opciones de cara a los próximos Oscar, donde suena como uno de los favoritos. El actor, que no pudo volver a Venecia a recogerlo, mandó un vídeo agradeciendo al festival la acogida a la película.
Fue la única mención para el cine de EEUU, que ha decidido reforzar festivales más amables como Telluride o Toronto en detrimento de Venecia, que aunque vio cómo la cantidad de estrellas disminuía en cantidad, la calidad de sus filmes aumentaba apostando por autores en vez de por rostros famosos.