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Ni el colegio ni la biblioteca, los nuevos lectores se forman en las redes: “Sin TikTok no estaría aquí”

Francisco Gámiz

Madrid —
8 de junio de 2026 21:58 h

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Acaba de llegar al Parque del Retiro, mira la fila gigante de personas que tiene delante y se resigna a ponerse al final. Sabe que es muy probable que se vaya sin la firma de su escritora favorita porque el tiempo es limitado y las colas se cortan de golpe, pero aun así está dispuesta a esperar durante horas para intentarlo. Steisy Milei León, de 14 años, se mantiene en su sitio impulsada únicamente por su admiración hacia Inma Rubiales y la “esperanza de poder conocerla” en la Feria del Libro de Madrid. Se trata de una autora que ha congregado alrededor de 300 personas en el que supone un fenómeno de masas que no se organiza a través de los medios tradicionales ni en bibliotecas, sino en los móviles de los adolescentes.

A pesar de que Milei León viene de vivir una experiencia similar haciendo cola para Myriam M. Lejardi, otra escritora a la que conoció mediante redes sociales y de la que se ha quedado sin firma después de tres horas esperando, el interés por desvirtualizarlas vence a la desilusión e incluso se ha presentado sola. “Cuando esperas y no consigues verlas se hace complicado”, confiesa a elDiario.es, pero merece la pena “por los nervios que hay por ver cómo son y hablar con ellas sobre sus libros”. Para saciar esta incertidumbre hay que transportarse al principio de la fila —centenares de lectores de distancia con respecto al puesto que ocupa Milei León—, donde hay quien lleva ya más de cinco horas soportando las altas temperaturas de junio.

A falta de diez minutos para que empiece la firma, las primeras fans que serán las afortunadas en ver a Inma Rubiales miran el reloj impacientes. Lo hacen de pie, tras haber pasado sentadas todo el día en un rincón del Paseo de los Coches y haber recogido sus cosas. Para entretenerse habían montado sobre el asfalto un campamento improvisado en el que extienden sus mantas, sacan barajas de cartas, se ponen a leer sus novelas o hasta comparten entre ellas sus citas favoritas y las subrayan. No importa que la capital esté colapsada por cortes de tráfico ni que a pocos kilómetros coincidan la visita del Papa y los conciertos de Bad Bunny, pues aquí lo único que guarda relevancia son los libros y todas las conversaciones giran en torno a estos.

Para ellas, Inma Rubiales es una amiga. Así se lo transmite también la escritora cuando lo primero que hace al llegar al Retiro es pasarse a saludarlas, saltándose cualquier tipo de protocolo. La autora se acerca a las lectoras que se encuentran al inicio de la fila, las abraza y les pide que busquen los tramos de sombra para protegerse del calor. Además, las anima a alzar sus ejemplares para un vídeo que publicará en su perfil de Instagram y TikTok. Daniela Barrio, una fan de 15 años que ha viajado desde Parla para estar en la Feria, es el ejemplo perfecto del éxito de esta táctica. Su pasión por los libros no nació en el colegio, sino navegando por su aplicación favorita: “Sin TikTok no estaría aquí”.

La lectora, que se aficionó a las historias de Rubiales el año pasado, explica que ver el contenido que suben otras personas de su edad a Internet es lo que la empuja a consumir literatura. “Me salen vídeos de TikTok de gente leyendo o recomendando libros, y entonces voy a comprarlos”, señala la joven. Pese al tiempo que pasa pegada a la pantalla buscando estas novedades, su familia ha terminado por comprender que hay un beneficio cultural detrás de ese uso del teléfono: “Mis padres me dicen que paso mucho rato en el móvil, que es verdad, y a veces dicen que estoy perdiendo el tiempo, pero normalmente saben que no estoy haciendo el tonto”.

Sin embargo, los vídeos que se viralizan en TikTok e Instagram no solo son de recomendaciones, pues los jóvenes se graban en casa reaccionando a pasajes de la novela, comentando sus impresiones, teorizando sobre las próximas entregas u ordenando las estanterías. Se trata de un mundo tan amplio dentro de estas aplicaciones que tienen sus propios nombres: BookTok y Bookstagram (quienes publican este contenido se llaman booktokers o bookstagrammers en vez de tiktokers o instagrammers). Pero el impacto va mucho más allá de comprar o leer una novela; su verdadero poder está en la capacidad de unir a adolescentes de distintas partes del mundo que no se conocen.

Irene Reyes, de 17 años, está haciendo cola acompañada de tres chicas a las que nunca antes había visto en persona. “Las conocí de TikTok porque nos seguimos, tenemos contenido similar”, señala a este periódico. “Al principio da un poquito de vergüenza, porque al final las conoces a través de una pantalla, pero son muy buenas experiencias”, afirma la lectora, que añade que llevan mensajeándose por Internet varios meses. No es la única que ha vivido esto, pues Milei León también tiene un grupo en WhatsApp con gente con la que empezó a escribirse a través de las redes sociales. “Hablamos sobre libros, sobre Inma... es muy bonito conectar con personas que te entienden”, detalla.

Por su parte, Icíar Pulido, de 17 años, argumenta que estas comunidades le sirven para romper el hielo y conectar con otras personas de forma más inmediata. “A mí me salen cuentas de chicas que hacen reseñas de un libro o que debaten sobre spoilers”, cuenta. Cuando llega a la Feria y se encuentra con fans que ven los mismos vídeos, entablar conversación surge de manera natural: “Al principio estás nerviosa, pero como leen los libros de la misma autora que tú, pues comentas todo y se forma un vínculo. Alguna amiga sí que he hecho así”. La interacción, como indica Daniela Barrio, sigue en Internet: “Acabamos de conseguir contactos de gente que no conocíamos de nada. Nos hemos puesto a hacernos fotos entre nosotras y luego nos hemos seguido en Instagram”.

Al otro lado del fenómeno

Inma Rubiales se encuentra al otro lado de este gran fenómeno literario y conoce muy bien los mecanismos que mueven a su comunidad porque, además de escribir historias de éxito, ha estudiado la carrera de Publicidad. Nacida en 2002, ha crecido con las redes sociales, por lo que para ella tienen la misma importancia que le dan sus lectores. A día de hoy acumula 250.000 seguidores solo en Instagram. “Me sigue suponiendo un choque cuando 60.000 personas le dan like a un post. ¡Eso es como un campo de fútbol!”, declara a este periódico. “Luego, cuando esa gente viene a una firma, te das cuenta de que todo es real, que esa gente que me escribe a través de Instagram tiene cara, boca, ojos y nariz y han venido desde donde sea”, agrega.

Su forma de entender la literatura no es un caso aislado, sino que forma parte de una nueva generación de jóvenes escritoras españolas que hacen piña, se apoyan en las redes y celebran su triunfo. En este grupo de autoras se encuentran nombres como Emma Gil, que con solo 17 años compagina sus estudios con la publicación de sus novelas románticas, o Cherry Chic, que arrastra a miles de seguidoras fieles gracias a su naturalidad en Internet. Todas ellas han construido un vínculo basado en la confianza absoluta, hasta el punto de que los anuncios oficiales de las instituciones pasan a un segundo plano.

Una editorial no puede conseguir que un libro sea un fenómeno de TikTok, es algo totalmente espontáneo

“Hay veces que, cuando voy a hacer una firma en alguna ciudad, el Ayuntamiento se adelanta y anuncia la firma antes de que la anuncie yo. Las chicas cogen, me envían captura de pantalla de la publicación y me preguntan si es verdad. Es como: 'Dímelo tú, que eres en quien realmente confío'”, explica Inma Rubiales. Esta revolución ha cambiado por completo las dinámicas de la industria literaria, con mayor peso por parte de las jóvenes lectoras. “Ahora mismo entras en la Casa del Libro y en la puerta tienes una estantería que se llama 'Fenómenos de TikTok'. Son libros que se han hecho famosos gracias a las chavalas”, cuenta. “Una editorial no puede conseguir que un libro sea un fenómeno de TikTok, es algo totalmente espontáneo”, añade la autora.

Asimismo, Inma Rubiales defiende el uso de las nuevas tecnologías para promover el hábito lector, incluso si a las generaciones más adultas les cuesta comprenderlo. “Me da cierta impotencia cuando me dicen que los jóvenes no leen por culpa del móvil”, dice la escritora, aludiendo a que son el segmento de la población que más lee, según los informes. “De hecho, utilizan el móvil para fomentar la lectura. Coge las redes sociales, métete en Bookstagram y verás millones de publicaciones de chicas que hacen reseñas y suben frases de libros. Esas plataformas, tanto BookTok como Bookstagram, están revolucionando el mercado editorial”, afirma.

Como sabe quién es el público al que se dirige —el romantasy, el género del que escribe, tiene un porcentaje abrumadoramente mayoritario de lectoras menores de 16 años—, Rubiales asume su responsabilidad y apuesta por abordar en sus textos temas como la salud mental o las relaciones sanas. “No escribo para enseñar a nadie, pero es cierto que es un público muy influenciable y uno siempre tiene la presión de hacer las cosas bien y transmitir los mensajes de manera correcta”, apunta la autora, que en su última obra, Un amigo gratis, aborda el bullying. “Mi madre, que es psicóloga, lo estuvo leyendo capítulo a capítulo para ir valorando si se estaba tratando bien”, explica. “También he hablado sobre adicciones y he acudido a la Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de Almendralejo, de mi pueblo, para hablar con el presidente y que me echara un cable”, comenta.

Su mayor esfuerzo se concentra en los modelos afectivos que traslada a las adolescentes a través de sus historias románticas, intentando evitar que se normalicen conductas peligrosas o tóxicas dentro del noviazgo. Y parece que funciona. Icíar Pulido reconoce que “son historias que ayudan a que veas la realidad y las cosas que están mal”. “A una amiga mía le ha pasado. Ha leído un libro suyo y gracias a esa historia ha podido salir de la situación”, celebra la joven. Steisy Milei León está de acuerdo: “Es muy importante poder definir qué es una relación sana porque así te ayuda a no pasar por eso”. Y, mientras tanto, ambas seguirán dejándose apasionar por la lectura gracias al algoritmo.