Eduardo Mendoza: “Yo nunca me he considerado un artista, pero sí un artesano”
Hace dos años, cuando Eduardo Mendoza presentó a los medios su novela Tres enigmas para la Organización (Seix Barral) en Barcelona, se despidió con una especie de ‘ojalá hasta pronto’: “Si dentro de un año nos encontramos aquí todos [en la presentación de un nuevo libro], yo seré el más feliz y estaré encantado de que nos volvamos a ver”. Ha pasado un poco más de tiempo, pero el deseo del escritor se cumplió y ha vuelto a reunirse con la prensa en el mismo sitio para hablar de su nuevo libro La intriga del funeral inconveniente, publicado en su editorial de siempre.
En esta ocasión, recupera a un habitual en su bibliografía: el detective sin nombre, que apareció por primera vez en El misterio de la cripta embrujada (1978). Esta fue su primera obra de la vertiente policíaca humorística, después del éxito de su debut La verdad sobre el caso Savolta (1975). Por aquel entonces aún vivía en Nueva York debido a su trabajo como intérprete y traductor en Naciones Unidas y no se dedicaba plenamente a la escritura. Se había embarcado en la narración de La ciudad de los prodigios (1986), otro de sus títulos célebres, pero no avanzaba y decidió desarrollar otra cosa para entretenerse, sin mucha más ambición. Muchos y muchas venderían su alma al diablo por tener su don para la literatura.
Aquí, el detective sin nombre se embarca en la gigantesca tarea de sacar a la luz una trama de trapicheos financieros a partir de la crónica de un funeral sin importancia aparente que lee en el periódico. Como suele suceder en estos casos, ningún implicado quiere que el delito salga a la luz, así que el investigador se ve metido en situaciones rocambolescas. El escritor se toma el humor muy en serio porque, según declaró: “hacer reír es un trabajo”. “Yo nunca me he considerado un artista, pero sí un artesano. El humor lo tengo puesto desde que nací, lo considero un trabajo, me lo tomo muy en serio”, sostuvo.
También explica que para que este tipo de tramas descabelladas funcionen es necesaria la complicidad del lector, que tiene que aceptar el juego desde el principio. Después, el escritor tiene que intentar “no descarrilar”. “Hay muchas cosas que si las analizas no funcionan de ninguna manera y sobre todo no tienen ninguna razón de ser porque los personajes son tontos”, desarrolla. Y pone otros ejemplos en los que es necesario el pacto entre autor y lector como Blancanieves y los siete enanitos o Drácula: “Si crees que está ahí, entonces es estupendo; ahora, si piensas que Drácula no existe, la novela ya no te gusta. Hay que establecer esta nada fácil complicidad con el lector”.
Mendoza ha traído de vuelta a dicho personaje porque se lo pasa bien y porque es su alter ego. “Es un poco como yo, pero mucho más listo y más atrevido y con más éxito con las mujeres. Más o menos me siento identificado con él y es como si a través de él pudiera vivir, cosa que no he hecho en ninguna novela”, explicó. Él no ha participado del género de “la novela del yo”, del relato personal, pero sí se siente reflejado en ese detective disparatado que no tiene que ver ni con su vida ni con la de nadie. “Siento que estoy contando mi propia vida, pero no la mía, sino la del niño que fui y que se divertía jugando con soldaditos en el suelo de casa”, confesó.
La perspectiva exterior
La novela ha tardado dos años en llegar, pero es que en 2025 estuvo ocupado en cosas importantes como recibir el Premio Princesa de Asturias de las Letras. Viajó hasta Oviedo, escuchó las gaitas a la entrada del hotel Reconquista donde se alojan los galardonados, se reunió con una parte de su legión de admiradores que consiguió entrada y dio un discurso de agradecimiento por el premio que mezcló dosis calibradas de su característico sentido del humor, de denuncia por cómo está el mundo y de una gratitud que incluyó a sus seguidores: “Si alguna felicidad he dado a mis lectores, ellos me la han devuelto con creces con su lealtad, su complicidad y su cariño”, expresó.
Por supuesto, con una carrera tan dilatada en la literatura, no es el primero que recibe. Entre otros, en 2010 le otorgaron el Planeta (cuando aún no estaba dotado con un millón de euros); en 2013, el Premio Nacional de Cultura de Cataluña y en 2016, el Cervantes. Aún le quedan unos cuantos de los más importantes por ganar como el Premio Nacional de las Letras o el Nobel, por qué no.
Siento que estoy contando mi propia vida, pero no la mía, sino la del niño que fui y que se divertía jugando con soldaditos en el suelo de casa
Asimismo, también acudió a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que rindió homenaje a Barcelona. No podía faltar, porque pocos escritores han hecho a la ciudad tan partícipe de sus libros. De hecho, Javier Pérez Andújar afirma que: “Si Barcelona fuera una persona, se llamaría Eduardo Mendoza. Y si Eduardo Mendoza fuese una ciudad, se llamaría Barcelona”. Esta urbe es un personaje más de sus escritos, porque sus características influyen directamente en las peripecias de sus protagonistas.
Sin embargo, aunque en La intriga del funeral inconveniente se reflejan los problemas que incordian (e incluso expulsan) a los vecinos, como el exceso de turismo o la gentrificación, estos viajes y sus contactos en el extranjero le han hecho tomar perspectiva con respecto a la ciudad. “La imagen que da Barcelona hacia afuera es inmejorable. A mí me sorprendía, pero luego vi que los problemas que tiene son los mismos que el resto de grandes ciudades del mundo y no tenemos otros”, explicó. Para él, la capital catalana es una mezcla perfecta de “ciudad civilizada y ordenada” pero también “canalla y tercermundista”. “Tiene buen clima, se come bien, la gente es amable comparativamente y los servicios funcionan bien”, apunta y cree que, con el tiempo, “ha mejorado”.
Pero sorprendentemente, ha cargado contra una de las fiestas más apreciadas por la población catalana y más fructífera para el sector: el 23 de abril, el día de Sant Jordi en Cataluña y el Día Internacional del Libro en el resto del mundo. “Es el Día del libro, siempre se había llamado así. Y un día San Jordi se metió ahí, pero no pinta nada”, afirmó con vehemencia y socarronería, “San Jordi era un maltratador de animales que seguramente no sabía leer, no tiene nada que ver con los libros. No es el patrono de los escritores, no es nada. Ha aprovechado la fecha y se ha metido ahí, pero hay que decir el Día del libro”.
San Jordi era un maltratador de animales que seguramente no sabía leer, no tiene nada que ver con los libros. No es el patrono de los escritores, no es nada. Hay que decir el Día del libro
Mendoza aseguró en 2021 que había terminado con su carrera pero en solo cinco años después ha publicado dos novelas más, así que ya no se atreve a decir nada acerca del tema. Expuso que escribe todos los días porque “el día tiene muchas horas” y no tiene otro trabajo que hacer, pero no puede decir que tenga en marcha una novela nueva. “Ahora mismo no estoy haciendo nada en concreto. Y si veo que alguna funciona, pues seguirá su camino”.
Responde que no le inspiran para nada los personajes poderosos de la actualidad: “No entiendo cómo funcionan, habría que ser Shakespeare para escribir sobre ellos. No sé qué mecanismo puede llevar a una persona a decir: ‘destruiré una civilización’”. Aunque considera que nos encontramos en un momento particularmente malo, no cree que haya más peligro del que ha habido siempre, sino que la gente que ostenta el poder “no inspira mucha confianza”. El escritor recordó que durante la Guerra Fría vivían con el pensamiento de que en cualquier momento caería la bomba atómica, por ejemplo. “El género humano está mal diseñado, qué le vamos a hacer. Funciona como funciona. Hay que ver lo bueno, no lo malo”.