OBITUARIO

Muere Tomás Bárbulo, el periodista que nos contó la historia prohibida del Sáhara español

15 de julio de 2026 14:06 h

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“Ha muerto Tomás, esta noche pasada”. Este ha sido el mensaje escueto y demoledor que he recibido hace apenas un rato. Me siento a escribir estas líneas para recordarle, y pienso qué le gustaría a él leer en esta nota. Seguramente muy poco, porque era una persona reservada, con mucho afecto y muchas emociones, pero guardadas para un círculo muy reducido.

Tomás Bárbulo nació en La Coruña en 1958, hijo de un militar muy a la antigua usanza, que fue destinado a Sidi Ifni. Allí pasó su primera infancia, hasta que en 1969 la ciudad fue entregada por España a Marruecos, y pasaron entonces a El Aaiun, donde vivirían hasta la Marcha Verde, la invasión por Marruecos de la antigua colonia española durante la agonía de Franco, a principios de noviembre de 1975, que se convertiría después en la ocupación militar de ese último vestigio de colonia española.

Tomás se licenció después en Periodismo y comenzó una carrera exitosa en varias cabeceras – Expansión, La Gaceta de los Negocios, El Sol, Claro, entre otras- hasta acabar en El País, donde estuvo cerca de treinta años, dejando una gran colección de reportajes sobre muchos temas.

Pero Tomás estaba marcado sobre todo por su experiencia en África. Su libro La historia prohibida del Sáhara español, editado primero en Destino y después en Península, se considera el principal texto de referencia sobre este conflicto. Y él lo seguía viviendo en su propia carne. España estuvo apoyando la autodeterminación del Sáhara hasta 2022. Pero ese año, el gobierno de Pedro Sánchez dio un volantazo, sin discusión ni debate en el Parlamento, y pasó a apoyar la tesis de Marruecos que reclama como suyo este territorio.“España abandonó el territorio —y sus obligaciones como potencia administradora— y dejó a los saharauis a los pies de los blindados marroquíes, bajo una lluvia de napalm y fósforo blanco”, escribió en El País, en un artículo publicado en el 50 aniversario de la Marcha Verde, refiriéndose a lo sucedido años atrás. Pero ese era además su diagnóstico de lo que él calificaba como una traición de Pedro Sánchez hacia nuestra antigua colonia.

El Sáhara fue también el escenario de sus novelas La asamblea de los muertos, que ganó el premio a la mejor primera novela de la Semana Negra de Gijón, y ha sido traducida a varios idiomas y Vírgenes y Verdugos, que llevó Gerardo Herrero al cine con el título Raqa. Su última obra, Aaiun acaba de ser publicada por Archiletras libros.

Esto es lo oficial, lo que a Tomás seguramente no le incomodaría leer en esta nota. Pero él era mucho más que un periodista brillante, culto y, en ocasiones incómodo.

Era un tipo con un humor socarrón y gallego que deslizaba en sus novelas -en la última, Aaiun el protagonista es el capitán Bárbulo: jugar con la confusión y con las zonas de sombra era uno de sus pasatiempos.

Era un personaje cascarrabias a veces -no era capaz de morderse la lengua- pero enormemente tierno: adoraba a Alex y a Diego, sus hijos de los que se proclamaba tan orgulloso, y estaba siempre pendiente de lo que le pudiera suceder a su puñado de amigos cercanos, Manolo, Arsenio, Juan, Carlos.

Pero desgraciadamente Tomás era sobre todo una persona marcada por el dolor. Una jodida conformación de espalda le torturó desde su adolescencia. Esta condición que fue agravándose, tanto por el paso del tiempo, como por algunas operaciones que lejos de mejorarle le dejaron más postrado. Iba a nadar cada día, lo único que le aliviaba un poco, pero el dolor ya no le permitía más que pequeños paseos antes de tener que volver a su casa, ni pensar en un viaje y ya casi no podía ni sentarse frente al ordenador para escribir, su gran pasión.

Por eso, los que le hemos querido, tenemos hoy un sabor agridulce, el vacío inmenso que nos dejan los amigos que se van y el también enorme alivio de saber que, liberado de corsés y sufrimientos es, por fin, un espíritu libre.