Ana Curra es un ejemplo de supervivencia artística y vital, pero, sobre todo, de resistencia. Recientemente jubilada de su trabajo como profesora de piano, afirma que la música “sigue siendo su alimento”. Se refiere al rock, al punk, a todos esos estilos que la pusieron en guardia cuando era una adolescente y que la llevaron a ingresar como teclista de Alaska y los Pegamoides. Poco después pasaba a formar parte de Parálisis Permanente con el que fue también su pareja artística y sentimental, Eduardo Benavente.
Grabaron juntos un único e imperecedero álbum, El acto, que ahora revive con La última cena de Parálisis Permanente. En este disco en directo, Curra se hace acompañar por lo que ella denomina sus “13 apóstoles”, músicos procedentes de bandas nuevas como Bala, La Plata o Biznaga. La música de Parálisis mantiene viva, más de 40 años después, la influencia y el talento de Benavente, trágicamente fallecido en 1983. Mientras tanto, Curra sigue grabando nuevas canciones, conectadas a la realidad que nos rodea. La última no puede ser más explícita: Activista de la idiotez.
¿Cree que este disco corrobora la vigencia del legado artístico de Parálisis Permanente?
Sí, creo que El acto es un disco que, afortunadamente, se va actualizando solo, las nuevas generaciones lo van haciendo suyo. Yo no sé la infinidad de grupos que han podido versionar canciones de Parálisis. Esto me congratula, me enorgullece y me da mucha fuerza para seguir tocándolas. Me siento muy a gusto con estas canciones, las siento superactuales y eso es también gracias a que las nuevas generaciones las han hecho suyas. De ahí la idea del álbum, hacer una última cena, una mesa larga con una selección de grupos que de alguna manera se han visto inspirados por Parálisis.
¿Cómo eligió a los músicos que la acompañan en el disco?
A la mayoría de ellos los he ido conociendo estos últimos años. Si te fijas hay diferentes tendencias entre los grupos que he elegido y eso se asemeja un poco al cajón de sastre que significa el término post punk. Hay algunos más rock cercanos a Biznaga, o grupos como VVV / Trippin’ You o Sistema de Entretenimiento, que son más electrónicos. Cada uno discurre por su vertiente, pero todos tienen en común que son grupos más o menos jóvenes, a los que saco tres décadas, como poco, y que todos beben de unas mismas referencias y que hoy día se están batiendo el cobre e intentando salir adelante.
¿A qué cree que se debe esa conexión tan fuerte?
Son canciones muy sencillas que suenan muy bien en directo, tienen urgencia, energía. Conectan muy bien con la gente joven. Y el contenido de las letras es que no es otro que el sexo, la muerte y el amor, temas que están vigentes siempre.
¿Cómo nos íbamos a imaginar hace 40 años que viviríamos otro personaje como Hitler? Hemos asistido al exterminio de un pueblo con el apoyo de Donald Trump
La letra de una canción como Nacidos para dominar, aunque está escrita hace más de 40 años, parece que esté hablando de nuevos dictadores como Trump.
Es verdad. A veces haces las letras y no estás pensando en ningún personaje en concreto, estás pensando en el lado siniestro de la historia. Y entonces pasan los años y surge otro tirano, y una canción como esta se va actualizando por sí misma. ¿Cómo nos íbamos a imaginar hace 40 años que viviríamos otro personaje como Hitler? Hemos asistido al exterminio de un pueblo con el apoyo de Donald Trump. Es cierto que la letra de Nacidos... era un poco más abierta a interpretaciones, pero ¿quién nos iba a decir que íbamos a vivir esto? Estuve hace poco en el campo de exterminio en Polonia y la verdad es que sales absolutamente conmovida de allí y no puedes comprender. Ya había empezado el exterminio en Gaza y la guía lo comentaba. Es incomprensible que la historia se olvide con tanta facilidad tan pronto.
Antes decía que es muy complicado ahora mismo vivir de la música. Cuando en 1980 se unió a Alaska y los Pegamoides, la industria de la música española apenas estaba construida. ¿Cómo ve el panorama actual?
Para bien y para mal, yo sigo estando en el underground, y eso es algo que también tengo en común con los grupos de La última cena de Parálisis Permanente. Nunca he dado el salto y tampoco me ha importado, pero también padezco la dificultad que tienen estos tiempos para poder sobrevivir como artista. Los músicos seguimos siendo la última mierda del engranaje de la industria y lo que no se dan cuenta es que, sin los músicos no habría industria. Es cierto que en nuestra época estaba todo por hacer y ahora parece que hay una industria muchísimo más estable, pero es un coñazo, porque ahora mismo tienes que saber de todo. Antes solamente tenías que componer y subirte al escenario.
¿Cuáles son esas otras obligaciones?
Yo me hago mis discos. Tengo que pagar absolutamente todo y luego ir amortizando esos gastos a base de conciertos en salas de pequeño o medio aforo, es muy complicado. Y luego tienes que ir bien ensayadita y con la máquina bien engrasada, porque yo sigo ensayando en el local de ensayo, no ensayo por Skype, como muchos grupos que no sé cómo lo hacen porque eso es una mierda. Y quiero tener contenta a mi banda, que es lo que más me importa, porque doy valor al músico y al esfuerzo de estar en la carretera, que es muy duro. Para mí todo esto es un trabajazo inmenso, pero lo hago porque he elegido estar aquí y porque soy una empecinada y me pongo un objetivo y lo voy persiguiendo. Sigo ahí porque me pone mucho el escenario, me pone la música. Es un alimento para vivir.
Hace poco reeditaba su primer disco en solitario, Volviendo a las andadas, que salió en 1987. ¿Cómo lo ve después también de tantos años?
La verdad es que me he reconciliado con él, porque cuando lo hice la producción me parecía como demasiado limpia. Venía de Seres Vacíos y buscaba un sonido menos perfeccionista, más oscuro. Y entonces tuve esa producción que me parecía que no me representaba. Pasé mucho tiempo sin darle mucha importancia. Con algunas de esas canciones quería salir un poco del dolor, de la muerte de Eduardo. Había ahí un poco de intento de salir de esa depresión. Por eso lo reconozco como un disco bastante veraz. Hice una gira por Latinoamérica y me pedían un montón de canciones y, al irlas recuperando, me di cuenta de que me gustaban un montonazo. Y ahora las toco encantada de la vida.
Hay quien opina que en los años 80 había más libertad que ahora. ¿Qué opina usted de eso?
Es que no había redes sociales ni autocensura, ni estaba lo políticamente correcto, y eso sí que era mejor. La gente se manifestaba con mucha más naturalidad. Una de las cosas que destacaría de esos años es que era una celebración de la libertad. Eso es lo que perseguíamos un grupo de artistas, de músicos, celebrar que ya no había dictadura y que la escena bullía y la calle estaba llena de energía. Podías hacer canciones sin preocuparte de si te iban a machacar los haters por las redes. Pero claro, el concepto de libertad era el que hemos entendido siempre, salir de una dictadura y de una tiranía. Y ahora mismo ese concepto de libertad se ha prostituido y lo utilizan precisamente los grandes censores. Y ahí estamos otra vez, sufriendo la perversión del lenguaje.
Usted es considerada una pionera del feminismo en la música pop española. ¿Era consciente de que representaba ese papel en aquellos tiempos, hace más 40 años?
Me siento muy halagada cuando me mencionan esto, el haber abierto los ojos a otras posibilidades a otras personas, a otras mujeres. En España no había referentes femeninos cuando empezamos, por eso nos fijamos en Siouxsie, en Patti Smith. Fue el punk el que abrió esa puerta. Mirando atrás he de reconocer que no era demasiado consciente, pero sí que tenía muy claro que tenía que dar pasos adelante si quería ser feliz y conseguir determinadas cosas. Muchas veces en la vida actúas por pálpitos y por empecinamiento, así que, de una manera inconsciente, siempre he estado ahí, en esa lucha por buscar mi sitio. Vengo de estudiar en un colegio de monjas... tú fíjate si he tenido que escuchar yo aberraciones como que, solamente por pintarte los ojos, pues ya eras una fresca. Y veo que hoy esa lucha tiene que seguir. Porque es que no son solamente ciertos hombres, hay muchas mujeres también que abrazan esa involución. En la escena musical es brutal la cantidad de chicas que hay haciendo las cosas superbién y a mí me parece precioso. Pero no olvidemos que todo lo conseguido puede irse al garete muy rápido.
En su momento, los Pegamoides alardeaban de su rivalidad con Mecano, ya que eran dos bandas completamente opuestas tanto en sonido como en actitud. Ahora surgen versiones que apuntan a que aquello no era tan exagerado. ¿Había o no había esa rivalidad?
Era así, absolutamente. A mí me sigue pareciendo que no teníamos nada que ver con ellos a fecha de hoy. Era el típico grupo que, bueno, ni éramos amigos suyos ni teníamos nada en común. Su postura no tenía nada que ver con la nuestra. Coincidíamos en muchos conciertos y es que ni nos hablábamos. Además, a esas edades que eres tan arrogante, nos sentíamos muy por encima de ellos. No voy a negar que hay muchas canciones de Mecano que han trascendido al gran público y eso también tiene su mérito. Pero a mí siguen sin decirme nada. Mi sensibilidad no tiene nada que ver con ellos. Lo que ocurre es que ahora cualquiera se pone a hablar de aquello y esas diferencias no las captan, y mezclan el tocino con la velocidad.
El último sencillo que ha publicado con un tema nuevo se titula Activista de la idiotez, un título muy concluyente.
Es una canción absolutamente en clave punk, y cuando hablo de clave punk hablo de la rabia. Del grito, del enfado, de una ironía muy explícita, porque aquí me ha venido muy bien utilizar otra vez ese tono punk. El tema me lo han inspirado las redes, los influencers, la gente que busca likes a costa de lo que sea. Hay mucho individualismo.
¿Formará parte de su siguiente disco en estudio?
Sí. Ya tengo las canciones compuestas, pero como iba a salir el disco de La última cena... pensé que iba a ser un lío sacarlo enseguida, porque además también está la reedición de Volviendo a las andadas. Pero al menos quería que saliera esta canción. Una de las canciones se llama Aleluya fentanilo, dedicada a Trump y a su premio Nobel de la Paz. Tengo otra que se llama Es un grito y está inspirada también en toda la mugre que nos rodea. Y luego está Me renta bailar, que es como decir, “mira, ya paso de todos vosotros y ahora mismo lo único que quiero es bailar, que me da mucha vida y que es muy sano”. En el disco también quiero incluir temas recientes como Hiel y Aphrodita la monarca. Dejaré que pase un tiempo para sacar el disco, pero no mucho. No hago grandes planes con antelación. Todas estas tonterías de “ahora tienes que sacar esto así, ahora tienes que sacar lo otro…”... A mí, con que salga mi disco y cuatro como yo lo escuchen, pues de puta madre. Tampoco aspiro llegar ya a ninguna meta.