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El Nuevo Testamento, según Donald Trump: los “crímenes contra la realidad” que confunden Tarantino con la Biblia

5 de mayo de 2026 21:33 h

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La realidad vuelve a estar de luto. Hace un par de semanas, en uno de sus fervientes discursos en el Pentágono, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth —una mezcla grotesca entre Ken y Action Man— citó un pasaje de la Biblia que forma parte de nuestra memoria colectiva. Me refiero al famoso versículo del Libro de Ezequiel que empieza así: “El camino del hombre recto está por todos lados rodeado por las injusticias de los egoístas y la tiranía de los hombres malos”.

Lo que no recordaban Hegseth y su gabinete de comunicación es que el mítico versículo 25:17 no forma parte de la Biblia King James, sino del Nuevo Testamento de Quentin Tarantino, pronunciado por Jules Winnfield (a.k.a. Samuel L. Jackson) en una escena inolvidable de Pulp Fiction. La respuesta de la ciudadanía a la metedura de pata del secretario de Defensa no se hizo esperar, y al cabo de pocas horas una avalancha de parodias inundaba las redes. Paralelamente, Sean Parnell, jefe de prensa del Pentágono, contraatacó la escalada de memes con la siguiente afirmación: “Cualquiera que diga que el secretario citó mal la Biblia difunde noticias falsas y desconoce la realidad”.

Con el ascenso de Trump a la Casa Blanca, la realidad política estadounidense —y por ende, la global— se ha convertido en un material de una plasticidad delirante. Trump y sus asesores escriben el guion de la política actual a base de plot twists que parecen imaginados por un discípulo perverso de Tarantino. Sin embargo, conociendo la trayectoria de Trump, esta creciente hollywoodización de la política no debería sorprendernos. Tengamos en cuenta que, mucho antes de ser presidente, Trump ya era un personaje de ficción. ¿Quién no recuerda su cameo en Solo en casa 2, o su mención profética como futuro presidente de Estados Unidos en un episodio de Los Simpson del año 2000? Por cierto, en Los Simpson, con su clarividencia habitual, ya advertían de que Trump dejaría un país política y financieramente devastado.

Convertidos en unos siniestros gurús del manifesting, Trump y sus acólitos han decidido construir una realidad paralela donde todo lo que dicen deviene inmediatamente una verdad irrefutable más allá de las bases del sentido común. Se trata de una operación epistemológica idéntica a la de los terraplanistas: cualquier dato científico que se aporta en su contra es refutado con un evento alternativo que la historia oficial se ha dedicado a ocultar a los ciudadanos. Un modus operandi que el Gobierno de Trump puso en marcha desde los inicios de su mandato político, con la famosa respuesta de la consejera Kellyanne Conway a las acusaciones del periodista Chuck Todd. Cuando en 2017 el reportero de Meet the Press preguntó a la consejera de Presidencia por qué Sean Spicer, el secretario de Prensa de la Casa Blanca, había mentido sobre el número de asistentes a la ceremonia inaugural, Conway respondió que el Gobierno basaba sus informaciones en “hechos alternativos”.

Precisamente, hace unos días, en una intervención en la primera Comisión para los Crímenes Contra la Realidad (C.C.C.R.), organizada por TBA21-Academy en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, la filósofa Máriam Martínez-Bascuñán resumía el estado de la cuestión de manera brillante: “No estamos ante un caso de información insuficiente o ambigua. Estamos ante algo más inquietante: la refactualización de un evento hipervisible. No es mentira que convence; es performance que constituye”.

Ya hace tiempo que nos hemos acostumbrado al discurso delusional del Gobierno estadounidense. Como si fueran personajes de un relato de ciencia ficción, los miembros del gabinete de Trump se creen capaces de trasladarse a otras dimensiones en busca de verdades alternativas que encajen mejor con sus planes políticos. Ante este panorama, uno no puede dejar de sorprenderse con las coincidencias entre las estrategias de ficción radical del Gobierno de Trump y una práctica tan reciente y fascinante como el reality shifting.

El reality shifting es una tendencia digital que se originó durante la pandemia y que, poco a poco, se ha ido extendiendo por redes y foros como TikTok, Reddit e Instagram. A través de técnicas cercanas a la meditación o la autosugestión, sus practicantes consideran que pueden evadirse a universos paralelos y desarrollar vidas alternativas en otros mundos. Los shifters —como se llaman a sí mismos— se dedican a subir vídeos en primera persona donde explican sus vivencias, comparten dudas y métodos y teatralizan algunas de las conversaciones que han mantenido con personajes de ficción como Draco Malfoy o la melancólica Bella Swan, protagonista de la saga Crepúsculo. Buena parte de estos shifters fundamentan sus creencias en la teoría cuántica del multiverso, es decir, en la posibilidad de que existan múltiples universos paralelos. Para ellos, la existencia de estos universos es tan real como la Torre Eiffel o los gatos persas.

Según la mayoría de estos cosmonautas dimensionales, la posibilidad de desplazar tu conciencia a un universo paralelo es totalmente factible, y no son pocos los que dicen haberlo experimentado. “Puedes trasladarte a la realidad que quieras, tanto en 2D como en 3D”, asegura una shifter en uno de los foros de Reddit dedicados al tema, que cuenta con más de cuarenta mil usuarios. “Esto pasa por varias razones, ya sea debido a la teoría del multiverso o a causa de la transliminalidad. Da igual en cuál de las dos opciones creas: viajar a otro mundo es posible”.

Los shifters se dedican a subir vídeos en primera persona donde explican sus vivencias, comparten dudas y métodos y teatralizan algunas de las conversaciones que han mantenido con personajes de ficción como Draco Malfoy o la melancólica Bella Swan

En la cultura del shifting, para referirse a las distintas realidades cuánticas a través de las cuales se viaja se utilizan dos términos: Realidad Actual —en otras palabras, la vida cotidiana— y Realidad Deseada, que es el mundo al que se evaden, o intentan evadirse, los sujetos practicantes. En la mayoría de vídeos y debates se refieren a ellas popularmente con las siglas CR (del inglés current reality) y RD (realidad deseada).

Como en el manifesting, uno de los elementos clave del reality shifting es la escritura de listas de deseos. Lo primero que debe hacer el futuro viajero de dimensiones es redactar un guion minucioso de cómo será su vida en la realidad alternativa que quiere visitar. En este guion, el aspirante a shifter debe indicar qué aspecto le gustaría tener, su edad, vestimenta, nombre, sexo, clase social, nacionalidad, incluso su nueva fecha de cumpleaños, si le apetece. En definitiva, todos aquellos detalles que permitan construir con la mayor precisión posible su nueva vida en la RD (realidad deseada). Equivale al momento previo de cualquier videojuego, cuando se elige el avatar con el que se va a jugar.

Tanto el manifesting como el reality shifting implican la creación subjetiva y unilateral de una realidad a la carta, en la que no es necesario pactar ni respetar la existencia del otro, porque, técnicamente, en estos mundos paralelos, el otro no es más que la efusión fantástica y fragmentaria de un deseo individual. Tanto la confección de estas vidas deseadas como sus giros de guion dependen única y exclusivamente del capricho del sujeto que imagina. Un despotismo de la fantasía que, desde el punto de vista narrativo y practicado en la intimidad de la habitación, puede resultar altamente sugerente y que, incluso —tal y como confiesan algunos shifters— puede suponer un trabajo interesante para la propia identidad, pero que, llevado a escena colectivamente, se transforma en la peor de las distopías.

En este nuevo escenario global, donde los hechos alternativos adquieren el mismo estatuto ontológico que las evidencias empíricas y, por tanto, transitan marcos simbólicos comunes, la libre circulación entre realidades se vuelve cada vez más pantanosa, mórbida y laberíntica.

Este artículo se ha escrito a partir del debate realizado entre la filósofa Máriam Martínez-Bascuñán, Loreto Corredoira (directora del Observatorio Complutense de la Desinformación) y el arquitecto e investigador Uriel Fogué en el contexto de la primera Comisión para los Crímenes Contra la Realidad (C.C.C.R.), organizada por TBA21-Academy (Organismo 2026) en el auditorio del Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, el 16 de abril de 2026.