IMPLICADOS

Resistir para existir: cómo hacer frente al desplome sin precedentes de la ayuda al desarrollo

Vicepresidenta de la Coordinadora de ONGD —
17 de abril de 2026 11:56 h

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La pasada semana el Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) presentó los datos sobre los fondos globales destinados a cooperación: han sufrido un desplome sin precedentes que supone un mazazo para la vida de millones de personas en situaciones extremas. En los dos últimos años, el recorte acumulado ha superado el 30%; una auténtica irresponsabilidad en un mundo atravesado por crisis gravísimas. Las consecuencias serán incalculables.

Hay momentos en los que la historia nos obliga a elegir entre dejarse arrastrar por la vorágine o hacerle frente. Este es uno de ellos. Millones de personas sufren las consecuencias de decisiones ajenas, crueles e interesadas. Y, sin embargo, no se rinden: cada día se levantan, una y otra vez, y defienden sus derechos. En Ucrania, niños y niñas van a la escuela mientras continúan las bombas; en Sudán se inventan comidas sin alimentos; en Palestina, familias enteras se cuidan en medio del genocidio, “we teach life”, repiten y repiten. La vida —terca, tenaz, poderosa— sigue abriéndose paso, recordándonos que resistir no es una elección, sino una necesidad imperiosa.

En muchos lugares del mundo, quienes nos dedicamos a la cooperación, aprendimos que resistir es existir. El último Informe del Sector de las ONG de Desarrollo demuestra que, en un contexto extremadamente complejo, las más de 600 organizaciones que forman parte de La Coordinadora han fortalecido su compromiso con la defensa de los derechos humanos, la justicia y la paz en 100 países de todo el mundo.

De 2022 a 2024, el número de personas con quienes trabajamos pasó de 47 millones a casi 58,4 y los proyectos crecieron 8,5%. Realizamos más de 4.300 iniciativas en áreas tan importantes como la asistencia humanitaria, la alimentación, la educación o la construcción de paz. Se ha aumentado un 12% el número de oficinas fuera de España porque, en tales circunstancias, es imprescindible estar allá donde la vorágine golpea más fuerte.No es fácil. El riesgo es enorme. Pero, una vez más, eludirlo no es una opción; bien lo saben las organizaciones con quienes trabajamos cuyo compromiso no para de crecer a pesar de la adversidad.

Una apuesta por la vida

Personas como la saharaui Zahra Bujari, experta agrícola, o Pastora, comadrona maya kaqchiquel de Guatemala, cuyas historias se narran en el Informe, nos marcan el camino. Como también lo hace la ciudadanía española que, una vez más, demuestra su solidaridad: el número de personas y entidades que apoyan el trabajo de las organizaciones de desarrollo aumentó hasta 2,6 millones y el voluntariado subió casi un 4% hasta 18.000 personas. Esta tendencia, además, demuestra la confianza ciudadana en el trabajo que realizamos.

El apoyo ciudadano no siempre viene acompañado de decisiones políticas que estén a la altura. Ya mencionamos al inicio el enorme recorte global de los fondos para cooperación. España, según los últimos datos del CAD, sube hasta el 0,27% de su Renta Nacional Bruta para cooperación. Aumentar los fondos en un planeta con graves crisis, es una buena noticia, aunque no es suficiente. España no llega a la media europea (0,42%) ni se encamina al 0,7% marcado por la Ley de Cooperación. Es hora de tomar decisiones firmes que ayuden a cambiar el rumbo de una historia que se muestra desgarradora. España, en coherencia con una ciudadanía solidaria y sus propios compromisos, debe marcar el camino internacional en esa dirección.

Un esfuerzo colectivo

Este informe no es solo un compendio de datos. Es la historia de casi 35 años de compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas. Es la narración de un trabajo sostenido en contextos hostiles, de alianzas con nuestras socias locales, de decisiones no siempre fáciles… Un esfuerzo colectivo que se refleja también en vidas que mejoran, contextos que avanzan en defensa de derechos humanos, sociedades que caminan hacia lugares más amables, sostenibles, pacíficos y justos.

Y así, mientras parece que el mundo se desmorona, seguimos apostándole a la vida, a los derechos y a la paz junto a más de 58 millones de personas de 100 países. No hay otro camino posible. Porque como cantaba La Negra Sosa, en palabras de Fito Páez “Hablo de cambiar esta, nuestra casa / De cambiarla, por cambiar nomás / ¿Quién dijo que todo está perdido?”