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Vivir bajo un techo tras más de dos años en tiendas de campaña en Gaza: “Hemos pasado del infierno al paraíso”

Desde hace algo más de una semana, Mohammed Al Hindi respira algo más tranquilo. Un grupo de diez personas se ha comprometido a aportar en torno a 40 euros mensuales para que su familia en Gaza pueda dejar atrás la tienda de campaña en la que vivía y acceda a una vivienda. Lo harán en el marco de 'Un techo para Gaza', un proyecto de la organización Hope Palestina que busca aminorar los peligrosos y dañinos estragos que el invierno está causando en la población, víctima del genocidio y que, además, no tiene espacios seguros en los campos de desplazados.

Tanto Mohammed, programador de profesión, como sus tres hijos de 10 y 5 años y 10 meses, además de su mujer Diana, de 31 años, pueden cerrar hoy los ojos sin miedo a que los elementos se lleven por delante lo poco que todavía les queda, tras dos años de asedio por parte de Israel y numerosos desplazamientos forzados.

“Los fuertes vientos han arrancado cientos de tiendas de campaña y las lluvias han inundado miles de ellas. Las que quedan están desgastadas, no son aptas para la vida humana y no durarán mucho más”, explica Al Hindi a elDiario.es. “Durante el último temporal, hace dos semanas, estuve despierto toda la noche comprobando constantemente la temperatura de mis hijos por miedo a que se congelaran o se ahogaran bajo la lluvia torrencial”.

Gaza ha sido completamente destruida, lo necesita todo. No nos dejen solos. Cualquier pequeño gesto marca una gran diferencia

La preocupación le hizo contactar con Amaya Ferrer, fundadora de Hope Palestina. Esta activista andorrana logró que una decena de personas se solidarizaran con la familia. “Lo que mejor describe lo que supone para nosotros cambiar una tienda de campaña por una casa es pasar del infierno al paraíso”, ilustra este gazatí de 40 años. “Vivir en una casa significa sentir comodidad, seguridad y estabilidad psicológica. La tienda es tan pequeña que parece una celda de prisión”, añade.

Su casa ha sido una de las decenas de miles que han terminado totalmente destruidas por los ataques del ejército de Israel. A partir del 14 de octubre de 2023, una semana después del comienzo de la brutal ofensiva de Israel, la familia se vio en la necesidad de desplazarse al sur de la Franja de Gaza. “Vivimos en tiendas de campaña en Mawasi-Jan Yunis, luego nos trasladamos a Rafah y seguimos viviendo en tiendas de campaña; después, a otra en Deir al Balah. Nos hemos mudado decenas de veces por todo el sur de Gaza”, apunta.

El invierno como “arma de guerra”

Ferrer vio cómo los campos de desplazados palestinos se inundaban con extrema facilidad con la llegada de las lluvias. También lo fuerte que golpeaban las tiendas de campaña las tormentas y vendavales, y el frío e insalubridad que provocaban, haciendo proliferar las enfermedades. “El invierno se ha convertido en un arma de guerra en Gaza”, asegura la activista. Fue entonces cuando algunos gazatíes le dijeron que tenían la posibilidad de alquilar una habitación o una vivienda para vivir con sus familias.

“Para ellos es muy difícil trabajar todavía, así que vimos que les debíamos ayudar a conseguir una casa”, agrega. En apenas unos días, Ferrer consiguió que diez personas se comprometieran a ayudar económicamente a la familia Al Hindi de manera continuada para sufragarle un techo y unas paredes en las que poder empezar a rehacer su vida. Según dice el propio gazatí, los alquileres de las viviendas están entre 300 y 1.000 euros al mes. En su caso, paga 400 euros.

La especulación debido a la escasez de locales y edificios habitables también ha causado estragos severos. “Y eso que, obviamente, todas son casas en mal estado. Ahí sí que no les podemos ayudar mucho. Son ellos los que tienen que moverse por el terreno y ver las posibilidades, para luego nosotros ayudarles a sufragar el alquiler”, desarrolla Ferrer.

Se creó una comunidad en la que los activistas conocieron en profundidad a Al Hindi, su mujer y sus hijos. “Cualquier persona, si lo desea, puede hablar con la persona que recibe su ayuda económica y le enseñan la casa y cómo es su día a día. Así se establece un vínculo más allá de dar algo de dinero y olvidarse de a qué y dónde va a parar”, explica la impulsora del proyecto.

Un vínculo más allá del dinero

Hope Palestina da hoy apoyo a 27 familias de Gaza gracias a la solidaridad de unos 80 voluntarios de diversos países. “Ahora necesitamos que mucha más gente entienda que el invierno puede ser mortífero en Gaza dadas las condiciones en las que están obligados a vivir, con aseos compartidos por decenas de personas, sin higiene y rodeados de enfermedades descontroladas”, sostiene Ferrer.

Chris Stewart, de 74 años, es una de estas diez personas que, a partir de este enero, paga el alquiler a Al Hindi. Vecino de La Alpujarra, inglés y residente en España desde hace 37 años, explica: “Mi mujer, Annie Exton, y yo llevamos más de 50 años involucrados con el movimiento propalestina. Con este proyecto tenemos la posibilidad de hacer algo concreto, ver cómo nuestro dinero facilita una casa a las personas más necesitadas”.

También recalca que el poder crear un vínculo con la persona que recibe la ayuda es un aliciente a la hora de decantarse por apoyar el proyecto. “Es algo egoísta, pero nos ayuda a [sobrellevar] nuestra frustración por no poder hacer mucho más para mejorar la situación”, dice. Por otra parte, incide en la necesidad de no dejar de hablar de Palestina, más ahora que el foco mediático ha virado hacia otras latitudes, sobre todo tras el pretendido plan de paz impulsado por Donald Trump, lo que este inglés denomina como “trampa de paz”.

Ni él ni su mujer se sorprenden de que el conflicto continúe enquistado mientras los palestinos perecen a causa de los ataques israelíes o la miseria que provoca el bloqueo sobre Gaza. Desde la entrada en vigor del alto el fuego impuesto por Trump el pasado octubre, más de 450 gazatíes han sido asesinados en la Franja. Además de los que han fallecido por los efectos del mal tiempo, desde bebés que han muerto de hipotermia hasta personas que han perdido la vida por el colapso de edificios bombardeados que el viento y las lluvias han terminado de derrumbar.

Un pequeño gesto

Mohammed Al Hindi se muestra contento y se sabe afortunado en medio de las condiciones tan sumamente difíciles en las que vive la población gazatí. “Es una iniciativa que cientos de organizaciones internacionales no han logrado implementar”, reconoce. “Permite que las familias pasen de vivir en condiciones inhumanas a llevar una vida digna, como el resto de la humanidad”.

Ahora, destaca, los niños pequeños estarán protegidos de la muerte por el frío extremo y de las enfermedades. “Gaza ha sido completamente destruida, lo necesita todo. No nos dejen solos. Cualquier pequeño gesto marca una gran diferencia para Gaza y su gente”, concluye.