Así afectará a la economía española el ataque a Irán: subida de la energía, más inflación y ojo al euríbor
Las filas en las gasolineras de este lunes ya han demostrado que, ante la crisis en Oriente Medio que estalló este fin de semana, el recuerdo de la invasión de Ucrania por parte de Rusia está muy presente todavía en las cabezas de los consumidores. El avance de los precios del petróleo, que ha arrancado la semana con el barril de Brent –de referencia en Europa– disparándose más de un 9%, ya se está trasladando a los surtidores y promete alimentar la inflación y presionar al Banco Central Europeo (BCE) a retomar el endurecimiento de los tipos de interés.
Algunos distribuidores ya habían encarecido el litro de gasolina cinco céntimos este lunes, pero los efectos se agravarán si el conflicto se enquista. “A menos que Estados Unidos deje de bombardear Irán hoy y que esto haya sido simplemente un conflicto de fin de semana, el impacto será más intenso cuanto más tiempo dure”, apunta el profesor de Economía Aplicada de la Universidad Pablo de Olavide e investigador de EsadeEcPol, Manuel Hidalgo, en conversación telefónica. Pero hay una certeza: “Vayamos preparando el bolsillo porque nos va a salir más caro llenar el depósito del coche”.
“Si hay una escalada bélica, la subida será más prolongada. Sin embargo, si el conflicto se contiene, se puede esperar una corrección parcial de precios en semanas. Hay que tener en cuenta que los mercados energéticos hoy reaccionan más rápido, pero también corrigen antes si el peor escenario no se materializa”, responde José Manuel Corrales, profesor de Economía y Empresa de la Universidad Europea, a través de correo electrónico.
La clave del devenir del conflicto está en el Estrecho de Ormuz, apunta la socia directora de Análisis Económico y de Mercados de Afi, María Romero, el lugar donde “se enciende la cerilla”. Por allí circula una cuarta parte del tráfico mundial de materias primas energéticas. Solamente las dudas sobre si este corredor entre Irán y Emiratos Árabes permanecerá abierto en las próximas horas ya están dejando sentir su efecto. “Los costes de los fletes de crudo y refino ya están reaccionando al alza. Se encarecen el continente y el contenido”, asegura.
Como ya ocurrió con el corte del gas ruso hace cuatro años, el encarecimiento de la energía puede traducirse en un incremento de los precios de la cesta de la compra que descuadre las cuentas de los hogares justo cuando estaban empezando a recuperar poder adquisitivo. Si bien en los últimos meses la inflación, medida a través del Índice de Precios al Consumo, se ha moderado hasta el 2,3%, la tasa subyacente –que es considerada la ‘núcleo’ del tejido productivo por los expertos, al excluir los precios volátiles de la energía y los alimentos frescos– se situó en el 2,7% en febrero, el dato más elevado desde agosto de 2024. Una inflación muy ‘pegajosa’ que podría ser todavía más persistente.
Además, por Ormuz circulan otro tipo de mercancías, como fertilizantes o productos químicos, que afectan a otros tipos de industrias. Una disrupción en estas cadenas de suministros, además de la subida del precio energético, encarece la producción y puede “calar” hacia el resto de componentes de la cesta de la compra, advierte Romero.
A ello se suma que “no es realista” redirigir el tráfico de mercancías de la ruta de Ormuz, señala Corrales. “No existen alternativas con capacidad equivalente y los oleoductos disponibles solo pueden absorber una fracción limitada del volumen actual”, apunta. Un cierre del Estrecho tendría efecto inmediato: “Un fuerte repunte de los precios energéticos, nuevas presiones inflacionarias a escala global y un elevado riesgo de recesión en las economías más dependientes de las importaciones”.
Además del petróleo, la cotización del gas natural también se ha disparado este lunes. En parte, por la propia producción en la zona, señala Hidalgo, y también por el ‘efecto sustitución’. “Cuando tu sustituto, como es el petróleo, sube de precio, el tuyo también sube porque la demanda se dirige a ti”, explica el profesor Hidalgo. Y ahora mismo, con el sistema eléctrico reforzado por las centrales de ciclo combinado, que queman gas, eso se traducirá en un incremento previsible de la factura de la luz.
Con estos mimbres, todos los ojos se dirigen al Banco Central Europeo (BCE), quien tiene encomendado el control de la inflación a través de los tipos de interés. Una subida brusca de la inflación podría obligar al supervisor, con sede en Frankfurt, a subir el precio del dinero. Hasta hace solo unos días los mercados descontaban una política monetaria estable hasta, como pronto, finales del año próximo.
“Esta es una piedra en el camino del BCE, que tendrá que ver hasta qué punto el nivel de inflación en el que estaba instalado se va de redil. Si pesan más las presiones inflacionistas que el deterioro macroeconómico, el BCE probablemente mantenga los tipos o adelante las subidas”, abunda Romero.
“Sería muy precipitado por parte del BCE pensar en una subida de tipos, porque todavía no sabemos cuál va a ser el impacto del conflicto”, considera Hidalgo, que recuerda que la inflación de la eurozona ya se encontraba por debajo del listón del 2% que tiene fijado el supervisor. Eso da margen para amortiguar posibles incrementos de la subida de precios.
Pero una potencial aceleración de los precios sí presionará al alza un indicador clave para el día a día de los españoles: el euríbor, la referencia de miles de hipotecas que podrían experimentar un incremento notable en su próxima revisión. Menor, eso sí, que la experimentada tras la pandemia, cuando el BCE pasó de una política de tipos ‘cero’ a la mayor subida en décadas. “Aunque ahora hay riesgos que apuntan en la dirección de subir los tipos, esto no sería inmediato, como tampoco la subida del euríbor”, dice la experta de Afi.
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha asegurado que el Gobierno está haciendo “un seguimiento y una monitorización continua” para reaccionar ante posibles efectos negativos. “Ya lo hicimos con el escudo antiinflación por la invasión de Ucrania, pero ahora estamos todavía en una fase inicial. Vamos a ver cuál es la extensión de este shock”, dijo desde Bruselas.
En el siguiente gráfico se ve la evolución del Ibex, el principal índice de la bolsa española, desde el comienzo del año y la caída vivida este lunes.
El ataque golpea al turismo y a las aerolíneas
El ataque de Israel y EEUU a Irán ya ha tenido un efecto directo en el turismo. No solo por el cese de vuelos, con el cierre del espacio aéreo, también por el impacto que ha tenido en los viajeros que ya estaban en la zona –viajando a ella o a punto de hacerlo– y por cómo ha afectado a las compañías aéreas con vuelos a destinos de Bahrein, Irán, Irak, Israel, Jordania, Kuwait, Líbano, Omán, Qatar, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí.
A lo largo del pasado fin de semana, se sucedieron los ataques a aeropuertos de Abu Dabi, Dubái Kuwait, lo que se suma a ese cese de las operaciones aéreas en la zona, aunque Emiratos ha comenzado a abrir ventanas de vuelo a partir de última hora del lunes, en un aeropuerto como el de Dubái que roza los 95 millones de pasajeros al año.
“Las restricciones en el espacio aéreo están impactando especialmente en las compañías que operan a través de los grandes hubs de la región, como Qatar, Dubái y Abu Dabi, que concentran una parte muy relevante del tráfico aéreo hacia Oriente Medio, Asia y Oceanía. Estas aerolíneas se encuentran entre las más perjudicadas debido al cierre temporal de rutas y a la reconfiguración constante de sus operativas”, explican desde la Confederación Española de Agencias de Viajes (CEAV), que han acelerado los contactos con sus clientes, para tratar de buscar alternativas. “La afectación no se limita a los destinos del Golfo Pérsico, sino que repercute también en múltiples itinerarios internacionales que utilizan estos aeropuertos como puntos estratégicos de conexión”.
De momento, la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) ha prolongado hasta el 6 de marzo su recomendación a las aerolíneas de no operar en la zona ante el “alto riesgo” para la aviación civil. Una recomendación que están cumpliendo las principales empresas del sector, como Iberia o Air Europa. En este último caso, ha ampliado al 9 de marzo la cancelación de sus vuelos a Tel Aviv. De ahí que la derivada, ante el cese de operaciones, es el desplome en bolsa. En el caso de IAG, la matriz de British Airways, Vueling e Iberia, su caída alcanzó el lunes el 4,72%. Mientras, otra cotizada, Air France KLM, se hundió un 9,4%, y la alemana Lufthansa se dejó un 5,2%.
El campo monitoriza la situación y pide tranquilidad
Los nubarrones sobre cómo va a afectar la situación bélica a los precios y si conllevará más tensiones también han llegado al sector primario. Miguel Padilla, secretario general de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) destaca que “el bloqueo del estrecho de Ormuz es una situación que seguimos con atención” porque “por ese paso circula el 20% del petróleo mundial y una parte muy relevante del gas natural licuado que consume Europa, incluida España. Si el bloqueo se prolonga, el impacto en los costes agrarios es inevitable: el gasóleo agrícola, los fertilizantes nitrogenados y la energía eléctrica para el riego son los inputs más expuestos, y los tres tienen una dependencia directa o indirecta de los precios del crudo y del gas. No estamos ante una alarma inmediata, pero sí ante un riesgo real que hay que monitorizar con seriedad”.
Y si se prolonga, recuerda que “el campo español lleva años trabajando con márgenes muy estrechos y cualquier incremento sostenido en los costes de producción tiene consecuencias reales sobre la viabilidad de las explotaciones”, por lo que Padilla reclama que tanto el “Gobierno como las instituciones europeas estén atentos y preparados para reaccionar si la escalada de precios se confirma. Los agricultores y ganaderos no pueden asumir solos el coste de crisis que se originan a miles de kilómetros de sus campos”.
Mientras, José Manuel Roche, secretario de Relaciones Internacionales de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) hace un llamamiento a la “tranquilidad”, porque, de momento no hay motivos, por ejemplo, para que se tensionen el gasóleo agrícola. “Cualquier conflicto y la inestabilidad que generan afectan al sector agrario, porque se produce un movimiento especulativo que muchas veces no está justificado. Somos uno de los sectores donde este tipo de situaciones genera un impacto cuando no tendría que generarlo”. En el caso de algunas materias primas, como los cereales, Roche asume que puede haber repuntes. Por ejemplo, en Chicago, los futuros del precio del maíz han subido en las últimas horas cerca de un 4,75%. “Siempre hay un efecto rebote que no está justificado. Los mercados de cereales van al alza por una posible situación de desabastecimiento que, ahora mismo, no está sobre la mesa”.